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LA REPRESENTACIÓN DEL CUERPO HUMANO EN LA MEDICINA CHINA MEDIEVAL
Carlos H. Sierra
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| Aquellos que conocen el cielo, la tierra y a las personas son llamados literatos. Aquellos que conocen el cielo, la tierra, pero no a las personas son llamados artesanos. Los médicos, a pesar de que son conocidos como artesanos, en realidad su ocupación es la de ser literato. |
(Capítulo publicado en el libro monográfico editado por EuskadiAsia: Habitar la Terra Incognita. Experiencias, Miradas, Pensamientos sobre Extremo-Oriente, pp. 133-147)
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1. Introducción
Cuando reparamos de soslayo en las imágenes del cuerpo humano que ilustran los manuscritos médicos de la China medieval, en la mayoría de los casos trazados con una simplicidad impactante, rayana en la más extrema espontaneidad, uno no deja de tener la extraña impresión de que, en su cegadora iluminancia se oculta algo, algún mensaje sibilino y soterrado que pugna por sobresalir. No nos llevemos, pues, a engaño, puesto que la imagen aglutina, como si de una envoltura simbólica se tratara, el horizonte axial de los esquemas epistémicos, morales y normativos de una época concreta, dejando entrever, para aquel que domina la enrevesada gramática con la que se codifican las maniobras figurativas del médico-artista, no sólo las condiciones de visibilidad, sino también los etéreos parámetros culturales de lo que puede ser pensable en un momento determinado. Podemos ser todavía más precisos. Situados ya en el convulso y agitado periodo Song (宋朝, 960-1279), no cabe la menor duda de que los relativamente profusos diagramas y representaciones del cuerpo humano que refuerzan los textos de fisionomía, ciertas obras de técnicas diagnósticas o algunos tratados de correspondencias patológicas constituyen, a ciencia cierta, una esplendente síntesis hermenéutica de las muchas y variadas corrientes doctrinales que conformaban, por aquel entonces, la praxis médica china. Digámoslo claramente. Lo singular de este momento histórico no es la existencia misma de cartografías somáticas, ya que, aunque no se han podido mantener conservados hasta nuestros días, se tiene constatación de ejemplos pictográficos mucho más antiguos en el tiempo, sino de un sorprendente e inusitado incremento de su presencia en este tipo concreto de obras. Pero eso no es todo. Queda añadir que la riqueza expresiva de las representaciones Song no se restringe a los sentidos subyacentes y marcos formales o estilísticos de su propia contemporaneidad. Nada de eso. Cada emborronada imagen que aflora en los rollos desescombrados por el curioso investigador nos da pistas, a través de ciertos vestigios iconológicos que se han conservado en una cadena temporal ininterrumpida, de los estratos evolutivos más arcaicos contenidos en el acervo médico chino y que se remontan, por poner algún ejemplo, al decisivo hito histórico de la unificación durante el periodo Han (漢, 202 a. C-220 d. C.) o, por qué no decirlo, a las todavía muy desconocidas raíces chamánicas del periodo Shang (商, 1600-1046 a. C.). Sea como fuere, una cosa es cierta. Nos hallamos ante un desafío de comprensión del trasfondo de sentido que nos arrastra a una desubicación cognitiva elemental, en la medida en que este viaje que emprendemos a las lejanas tierras del País del centro nos devuelve una mirada extraña, ajena en gran medida a los modos de percepción visual cultivados por la medicina occidental a lo largo de su historia. |
2. El régimen escópico de la medicina china medieval
Resulta harto complicado llevar a cabo una clasificación coherente y ordenada de las representaciones del cuerpo humano halladas en los textos adscritos al periodo Song. El material figurativo con el que se cuenta y que se limita, por un lado, a los diagramas de los contados manuscritos originales almacenados en archivos o bibliotecas médicas chinas y, por otro, a las deslumbrantes ilustraciones descubiertas en 1900 en una sala amurallada del templo cavernícola de Dunhuang (1), en la provincia de Gansu (en el oeste de China), nos habla de un universo médico heteróclito difícilmente reducible a un criterio taxonómico homogeneizador ya que, en este caso concreto, nos habremos de enfrentar a metodologías de diagnóstico y tratamientos diferentes y, hasta cierto punto, opuestas. Con todo, ello no es óbice para que podamos ofrecer al lector unos cuantos comentarios orientativos sobre el régimen escópico de la medicina medieval china. Vayamos por partes.
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Fig. 3. Jiu jing (anónimo): puntos de moxibustión. |
| Siendo así, el cuerpo, bajo la mirada médica, se encuentra atravesado por una estructura laberíntica de canales que se extiende por las extremidades, llega a la cabeza y se conecta con las vísceras internas, entendidas, a partir de ahora, como sistemas de funciones específicas que controlan los procesos vitales. Que quede claro. No hay aquí reminiscencia alguna de un supuesto enfoque anatómico, al modo occidental, sino un principio fundamentalmente burocrático y estatalista a la hora de comprender la discreta actividad somática. En resumidas cuentas, un organismo total no deja de ser una unión de diferentes regiones, en las cuales existe un gobernador (zhu) que ejerce sus funciones desde el palacio (fu) y reina sobre sus subordinados (suo zhu). Ahora bien, para que la cohesión territorial fuera completa, resultaba imprescindible estandarizar los sistemas de masa, peso, caminos y formas de escritura, posibilitando un espacio sin aduanas para la libre circulación comercial. Esta transformación extra-medicinal impuso a los médicos un nuevo punto de vista, centrado en la viabilidad de un sistema circulatorio dentro del cuerpo. Como consecuencia, se definió y se localizó perceptivamente una materia que fluía (el qi, fino vapor material, vapor de arroz) por el interior de la estructura acanalada de conductos. Nada que ver con Galeno y sus sucesores medievales. Los médicos chinos, en realidad, proyectaban la imagen política de un sistema de circulación de bienes y servicios sobre la topografía del flujo de sangre y qi que irrigaba hasta el último recoveco del organismo humano. |
Volvamos nuevamente al universo médico del periodo Song, puesto que la expansión sin precedentes de este tipo de ilustraciones gráficas (tu) en el Medievo chino tiene que ver con la profunda transformación en la terapia médica propiciada desde las más altas instancias imperiales. Es sabido, por un lado, que la mayor presencia de los diagramas figurativos del cuerpo humanos atiende a una revalorización del estatus de la praxis médica en el mundo chino (presentándose como elección viable y digna para los hijos de las élites o de los funcionarios-eruditos). Pero también tiene que ver con la necesidad de formular teóricamente síntesis armónicas que aglutinasen las diferentes doctrinas médicas existentes en aquel momento y, sobre todo, con la posibilidad de reforzar, en términos de mayor eficacia y rapidez, el arduo proceso de transmisión de conocimientos médicos. Muchas son las razones, en verdad, que explicarían este giro radical en la función estratégica de la medicina china. Pero, de entre ellas, me gustaría poner de relevancia la nueva "frontera epidemiológica", de acuerdo con el concepto elaborado por A. Goldschmidt, que tiene lugar tras el inmenso éxodo poblacional que, a principios del segundo milenio, sacude los cimientos internos del imperio. Con el desplazamiento de la creciente densidad demográfica desde el norte (el territorio donde tradicionalmente se asentaba la civilización china) hasta el sur, termina asentándose el centro de gravedad civilizatorio en las riberas del río Yangtse (en especial, en la región de Jiangnan), donde no sólo se dan las condiciones para el surgimiento de una actividad comercial a gran escala, o de una clase funcionarial que hace declinar a la, en otro tiempo, omnipotente jerarquía aristocrática, sino que también es territorio propicio para la aparición y expansión de devastadores contagios epidémicos. En concreto, hemos de prestar atención a la explosión infecciosa acaecida en los 15 años que van del año 1045 al 1060 ya que provoca una resuelta reacción reformista del gobierno imperial que hará cambiar de manera irreversible el escenario médico:
Durante la dinastía Song, los hombres (sabios o funcionarios) percibían que el cuidado del pueblo constituía la esencia de la satisfacción de sus deudas. Los oficiales establecieron la farmacia imperial para proveer de medicinas a los pobres. Por esta razón, muchos literati también adquirieron interés en leer y escribir libros de medicina. Por ejemplo, entre los trabajos médicos escritos por eruditos de este periodo están “Las Fórmulas Benéficas” de Su y Shen y el “Formulario Original” de Xu Shuwei (10). En el fondo de estas iniciativas, descansa el problema, todavía no resuelto, de armar un corpus teórico-práctico que conciliase las teorías patogénicas centradas en los factores externos (el viento, el calor, la humedad y, sobre todo en este periodo, el frío, cuyos desordenes abarcaban un amplio espectro de síntomas que iban del frío común a las fiebres tifoideas), la terapia proto-parasitología encuadrada en la literatura farmacológica y la propia medicina de las correspondencias sistemáticas. Lejos de ser exclusivamente un asunto médico que atendía a la urgente necesidad de paliar, en la medida de lo posible, los desastrosos efectos de las recurrentes epidemias que asolaban a la población, la compleja empresa de síntesis que arraiga en el seno de la comunidad médica Song se convierte, además, en una cuestión de cohesión territorial, en la medida en que, según Hans Agren, existía una desunión a nivel gnoseológico entre la tradición médica cultivada en la región del Río Amarillo (黃河), esto es, en el norte (dominada por la teoría del yin / yang) y la que se hizo fuerte en la región del Yangtse (長江), esto es, en el sur (dominada por la teoría en torno a los desórdenes del frío o Shang han). De esta manera, los médicos tuvieron que revisar no sólo su práctica clínica, ante la constatación de su ineficacia frente a la dañina mortandad infecciosa, sino que readaptaron a fondo sus principios doctrinales, haciendo uso de sistemas metodológicos híbridos, a fin de ajustarse tanto a las enseñanzas contenidas en los textos médicos clásicos como a los esquemas conceptuales que guían el suministro estable de drogas terapéuticas. Las enfermedades no necesariamente logran matar a la gente; sin embargo, actualmente, hay muchos casos de personas muertas por medicinas. Los médicos de la generación actual no estudian en toda su completitud las características básicas del calentamiento o del enfriamiento en las drogas o sus efectos lentos en oposición a los rápidos. Ellos incrementan o reducen una medicina específica en una prescripción utilizando un razonamiento indisciplinado. Hacen uso de un conocimiento indisciplinado para tratar los desórdenes. Si no están afortunados, sus pacientes están en un grave peligro. En otras ocasiones, tienen éxito en su tratamiento(11). |
Fig. 5. Hua Shou: Shisi jing fahui (Rutas de los catorce meridianos y sus funciones, s. XIII) |
Dicho esto, tampoco conviene perder la perspectiva. Las probaturas de síntesis entre las dos tradiciones de sabidurías de curación que atraviesan la historia médica china se encuentran en sus comienzos y no poseen un correlato iconológico tan extendido como el que se deriva de la teoría sistemática de correspondencias, y en especial, los modelos corporales en los que se cartografía la red de meridianos propios de la acupuntura. Habíamos mencionado más arriba la presencia en los manuales médicos de ilustraciones elementales consistentes en cuerpos esbozados señalando las punturaciones en las que se debe insertar la aguja. Ahora nos ocupamos de otro tipo de imágenes muy antiguas que pueden considerarse, a ciencia cierta, el corolario lógico de las anteriores, en la medida en que se traza pictóricamente la superficie corpórea como territorio especular de una red de canales. Aquí el cuerpo, aún cuando sugiere cierta evidencia volumétrica, carece en su interior de órganos y proyecta en la semidesnudez, de lo que, en apariencia, podrían ser monjes o tal vez sabios, una impronta de vitalidad intrínseca nacida del dinamismo del flujo de qi (氣). Desde esa perspectiva, cada figura es dibujada en una postura designada para mostrar, con fines pedagógicos, el curso del canal con la máxima claridad. Como ocurre en otros muchos ejemplos, no se conservan diagramas previos a la época Song pese a que los catálogos nos indican que poseen un origen más antiguo (que puede identificarse en el periodo Liang, Sui y Tang). |
Ahora bien, conviene advertir, para que el lector no se lleve una impresión errónea, que la mirada del médico de la China medieval no se resigna a pulular por la superficie del cuerpo. Su curiosidad le lleva también a explorar las estancias internas del organismo humano. El resultado, con independencia de la planimetría estética que caracteriza a las ilustraciones médicas chinas, es una representación prototípica de “paisajes interiores” (W. Michel) en los que se muestran lateralmente (puesto que las visiones frontales de este tipo son escasas) los nueve órganos internos (alusión a lo que en China es denominado el sistema Zang-fu 臟腑). Es cierto que en estas imágenes de las vísceras no hallamos, como puede ser en el caso de Occidente, cuerpos inertes expuestos a la maestría operativa del cirujano en la mesa de disección, pero tampoco neguemos lo obvio. El ojo del médico chino, desde hace algún tiempo además, se había habituado ya a las observaciones anatómicas. Mucho se ha dicho respecto a la carencia de conocimientos anatómicos de los médicos chinos. La verdad es que son muy escasas las referencias que se tienen constancia sobre disecciones practicadas antes de arribar al Medievo. De hecho, el más temprano examen anatómico que ha quedado registrado en la historiografía convencional china se remonta a la efímera dinastía Xin (新朝), antes de la restauración del periodo Han, y del que, a su vez, se hacen eco determinados tratados médicos clave como el Ling Shu 靈樞 o el Jing Shui 水經 y diferentes secciones del Huang Di Nei Jing 黃帝內經 (Gu du, LS 14; Mo du, LS 17; Chang Wei, LS 31). Se trata, en concreto, de la ejecución y posterior disección a cargo de habilidosos y diestros carniceros de un tal Sun Qing, condenado a muerte por el usurpador Wang Mang. No obstante, el incremento de ilustraciones sobre la organicidad intracorpórea que dan contenido a los manuscritos médicos del periodo Song (por ejemplo, Imágenes de las cinco vísceras de Ou Xifan -Ou Xifan wuzang tu-; Tratado sobre la visión interna del cuerpo de acuerdo con el Intendente Zhu -Zhu tidian neijing lun-, etc.) permite inferir un significativo cambio en torno a la práctica disectiva como vía de conocimiento del cuerpo humano. Así, en el año 1041 se sabe que el comisario imperial, Du Qi, logra capturar a 56 rebeldes encabezados por Ou Xifan, a los que ejecuta de inmediato y son diseccionados ante una comisión de artistas. Este suceso no es una excepción. También se llevan a cabo otras series de disecciones en Chongning o en Sizhou bajo similares circunstancias.
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Fig. 6. Yang jie: Cun Zhen tu (Atlas anatómico de la verdad, s. XII). |
Fig.7. Neijing tu (內經圖): Diagrama del Paisaje Interior. |
No quiero terminar sin hacer una breve mención a las que, posiblemente, sean las topografías más enigmáticas en el compendio taxonómico chino sobre el cuerpo. Ya no hablamos del cuerpo físico como una realidad originaria, sino como un armazón derivado, una especie de duplicado del cuerpo interior. Al albur de ciertas prácticas curativas periféricas asociadas a la alquimia taoísta, la cavidad orgánica engendra un espacio sagrado y numinoso poblado de laberintos, espíritus y majestuosos edificios. Surge un recargado escenario simbólico donde los procesos de la fisiología humana equivalen a mutaciones alquímicas sometidas al control de la inducción meditativa. Como tal, la realidad somática se envuelve en un marasmo de metáforas imaginales que, por constituir un punto intermedio entre la tierra y el cielo, invitan a visualizar su estructura como un universo de grutas-cielo, cuevas-útero o montañas-entraña. El cuerpo se desembarazado de sus máscaras más superficiales para pasar a convertirse en una expresión emblemática de primer nivel desde la que se advierten los confines más lejanos de la racionalidad médica china. En este sentido, los diagramas conocidos como Neijing tu 內經圖 o el Xiuzhen tu 修真圖 (variante del anterior), extensamente estudiados por C. Despeux, representan un ideal iconológico (sobre todo, a partir de la dinastía Tang y Song) que contribuye a impulsar un proceso de concienciación ritual, mediante el autocontrol, de la fisiología interna, además de estrechar lazos simbólicos con el proceso de evolución cósmica.
Conclusión
Todas estas imágenes médicas del cuerpo no agotan, ni mucho menos, la inmensa perspectiva médica china y apenas hemos salido de los círculos cortesanos de las élites eruditas para abordar las plurales tradiciones médicas que existen en la vida cotidiana de la China Medieval. En el fondo, uno se podría perder entre las incontables imágenes más o menos realistas, elípticas o decididamente simbólicas que nutren el imaginario médico chino. Y es que la misteriosa presencia de la vida se resguarda sutilmente en el trasfondo de una semiosis polívoca y dúctil que modula, en la percepción, en el discurso y en la práctica, la experiencia médica de lo patológico. El médico chino, de este modo, se entregaba a la fascinante tarea de sistematizar el dinámico e inconstante discurrir del mundo, hasta en sus más secretos estratos invisibles, con una mirada poliédrica, aunque sin la profundidad de campo precisa para disipar la nebulosa indeterminación de la materia carnal. Lejos de las gloriosas visualizaciones de la razón médica occidental, estos fueron los enigmáticos y, en ocasiones, desconcertantes derroteros por los que, desde hace aproximadamente dos milenios, ha discurrido la fértil medicina china.
BIBLIOGRAFÍA
Canon de Medicina Interna del Emperador Amarillo. Líng Shū (Eje Espiritual). Madrid: JG Ediciones, 2002 |
NOTAS
(1)Para un análisis de los trabajos médicos existentes en Dunhuang resulta imprescindible consultar el trabajo de Shumin, W., ‘A General Survey of Medical Works contained in Dunhuang Medical Manuscripts’, en L, Vivienne & Cullen, C. Medieval Chinese Medicine: The Dunhuang Medical Manuscripts. Needham Research Institute Series. London & New York: Routledge, 2005, pp. 45-58. (volver).
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