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LA REPRESENTACIÓN DEL CUERPO HUMANO EN LA MEDICINA CHINA MEDIEVAL

 

Carlos H. Sierra
Keele University

 

carloshugo@euskadiasia.com

 

 

Aquellos que conocen el cielo, la tierra y a las personas son llamados literatos. Aquellos que conocen el cielo, la tierra, pero no a las personas son llamados artesanos. Los médicos, a pesar de que son conocidos como artesanos, en realidad su ocupación es la de ser literato.

 


Huangdi zhenjiu jia yi jing

(Capítulo publicado en el libro monográfico editado por EuskadiAsia: Habitar la Terra Incognita. Experiencias, Miradas, Pensamientos sobre Extremo-Oriente, pp. 133-147)

 

 

1. Introducción

 

Cuando reparamos de soslayo en las imágenes del cuerpo humano que ilustran los manuscritos médicos de la China medieval, en la mayoría de los casos trazados con una simplicidad impactante, rayana en la más extrema espontaneidad, uno no deja de tener la extraña impresión de que, en su cegadora iluminancia se oculta algo, algún mensaje sibilino y soterrado que pugna por sobresalir. No nos llevemos, pues, a engaño, puesto que la imagen aglutina, como si de una envoltura simbólica se tratara, el horizonte axial de los esquemas epistémicos, morales y normativos de una época concreta, dejando entrever, para aquel que domina la enrevesada gramática con la que se codifican las maniobras figurativas del médico-artista, no sólo las condiciones de visibilidad, sino también los etéreos parámetros culturales de lo que puede ser pensable en un momento determinado. Podemos ser todavía más precisos. Situados ya en el convulso y agitado periodo Song (宋朝, 960-1279), no cabe la menor duda de que los relativamente profusos diagramas y representaciones del cuerpo humano que refuerzan los textos de fisionomía, ciertas obras de técnicas diagnósticas o algunos tratados de correspondencias patológicas constituyen, a ciencia cierta, una esplendente síntesis hermenéutica de las muchas y variadas corrientes doctrinales que conformaban, por aquel entonces, la praxis médica china. Digámoslo claramente. Lo singular de este momento histórico no es la existencia misma de cartografías somáticas, ya que, aunque no se han podido mantener conservados hasta nuestros días, se tiene constatación de ejemplos pictográficos mucho más antiguos en el tiempo, sino de un sorprendente e inusitado incremento de su presencia en este tipo concreto de obras. Pero eso no es todo. Queda añadir que la riqueza expresiva de las representaciones Song no se restringe a los sentidos subyacentes y marcos formales o estilísticos de su propia contemporaneidad. Nada de eso. Cada emborronada imagen que aflora en los rollos desescombrados por el curioso investigador nos da pistas, a través de ciertos vestigios iconológicos que se han conservado en una cadena temporal ininterrumpida, de los estratos evolutivos más arcaicos contenidos en el acervo médico chino y que se remontan, por poner algún ejemplo, al decisivo hito histórico de la unificación durante el periodo Han (漢, 202 a. C-220 d. C.) o, por qué no decirlo, a las todavía muy desconocidas raíces chamánicas del periodo Shang (商, 1600-1046 a. C.). Sea como fuere, una cosa es cierta. Nos hallamos ante un desafío de comprensión del trasfondo de sentido que nos arrastra a una desubicación cognitiva elemental, en la medida en que este viaje que emprendemos a las lejanas tierras del País del centro nos devuelve una mirada extraña, ajena en gran medida a los modos de percepción visual cultivados por la medicina occidental a lo largo de su historia.

 

 

2. El régimen escópico de la medicina china medieval

 

Resulta harto complicado llevar a cabo una clasificación coherente y ordenada de las representaciones del cuerpo humano halladas en los textos adscritos al periodo Song. El material figurativo con el que se cuenta y que se limita, por un lado, a los diagramas de los contados manuscritos originales almacenados en archivos o bibliotecas médicas chinas y, por otro, a las deslumbrantes ilustraciones descubiertas en 1900 en una sala amurallada del templo cavernícola de Dunhuang (1), en la provincia de Gansu (en el oeste de China), nos habla de un universo médico heteróclito difícilmente reducible a un criterio taxonómico homogeneizador ya que, en este caso concreto, nos habremos de enfrentar a metodologías de diagnóstico y tratamientos diferentes y, hasta cierto punto, opuestas. Con todo, ello no es óbice para que podamos ofrecer al lector unos cuantos comentarios orientativos sobre el régimen escópico de la medicina medieval china. Vayamos por partes.

 

Fig. 1. Daoyin tu (導引圖): Ilustración de los métodos de conducción del qi

 

En primer lugar, es importante precisar que durante el periodo Song se han dejado atrás, en términos generales y sobre todo, en los círculos más elitistas cercanos al poder, las ancestrales creencias sobre un origen extracorpóreo del desorden que pudiera afectar a la salud y longevidad humanas y se consolida, por el contrario, una irreversible preocupación por el estado somático del individuo. Es decir, la patología corporal no es un reflejo de las desarmonías del entorno instigadas por algunos ancestros enfurecidos o espíritus malignos, sino que es sede de intervención prioritaria en la reconstitución de los encajes fisiológicos que se vinculan con el cosmos circundante. No es casual que sea en esta época cuando se retome con fruición, después de diez siglos de aparente desinterés (aunque se sabe, por referencias indirectas encontradas en los catálogos bibliográficos, que esta clase particular de imágenes continuaron produciéndose durante este primer milenio de nuestra era) la añeja tradición pictográfica centrada en los movimientos gimnásticos (daoyin 導引), cuya primera y más antigua prueba material fue el famoso rollo de seda perteneciente al periodo Han, meticulosamente doblado y depositado en uno de los compartimentos de una caja lacada que fue descubierta, allá por los años setenta, en la tumba de Mawangdui (馬王堆) (2). Es cierto que el Daoyin tu / Daoyin Xingqi (導引圖 / 導引行氣 guía para la conducción o movilización del qi), con sus 44 figuras masculinas y femeninas adoptando, de modo semejante a las primitivas danzas chamánicas, todo tipo de poses físicas codificadas y ritualizadas a partir de la mímesis animal (esto es, las fuerzas transformativas y creativas de la naturaleza que habitan en los órganos) poco tiene que ver con el movimiento más contenido y esquemático reflejado en la ilustración Song sobre el método del octavo brocado (llamado baduan jin -八段錦氣功- e incluido en la compilación taoísta Xiuzhen shishu -修真十書-). Pero la intención, a tenor de todos los indicios, parece ser esencialmente la misma. Se busca proveer al lector una guía de movimientos para tratar enfermedades particulares o para promover la longevidad. A diferencia de la imagen elaborada en el periodo Han, en la que aparecen movimientos terapéuticos de gran dinamicidad, en el diagrama del octavo brocado hallamos una secuencia postural más estática, aunque también más sofisticada y elaborada, en la que cada ejercicio es prescrito de modo específico para enfermedades concretas. Tal vez es el enfoque práctico de esta iconografía corporal la clave de su importante aceptación durante la época Song, momento decisivo que constituyó, a fin de cuentas, el punto de inicio para su intensa difusión, entrados ya en el periodo Ming (明, 1368-1644), al ser encuadrada dentro de la cada vez más extendida literatura yangsheng (陽紳) y, por tanto, asociada a las técnicas de cultivo interior para lograr la ansiada longevidad física. Por muchas modificaciones que haya podido experimentar, este aspecto terapéutico de la tradición representacional gimnástica ha perdurado en el tiempo y se ha visto reforzado con creces según transcurrían los siglos, hasta el punto de que se ha integrado sin problema alguno en el repertorio físico de las artes marciales de la corriente budista shaolin (少林派), en el Taijiquan (太極拳), en el qigong (氣功) o en el kung fu (功夫).

 

Ahora bien, la preeminencia del adiestramiento y cultivo del cuerpo como método de obtención de la salud no impide que la condición corpórea sea concebida también como una base de la antigua indagación adivinatoria, en un acto sistematizado de gran complejidad que se confunde con la diagnosis y prognosis médicas. No hay más que remitirse, una vez más, a los doce manuscritos fisionómicos descubiertos en Dunhuang para encontrar evidencias (constatables especialmente en el manuscrito P. 3390) (3) de que el arte de la adivinación, lejos de mitigarse con el tiempo, se transforma en una disciplina arraigada a los procedimientos de análisis fisionómico del cuerpo humano, y especialmente de la cara (xiangshu). Hay una explicación fundamentada para explicar este hecho. El cuerpo, como cualquier fenómeno que discurre en el cosmos chino, no se encuentra exento de ser identificado dentro de la laberíntica red de categorías clasificatorias que regulan la previsión de todo acontecimiento. Se podrían poner muchos ejemplos al respecto. Es sabido que la división en nueve partes de la cara correspondía, a través de fórmulas asociativas emblemáticas, a las nueve regiones de China, a los 12 brazos terrestres, a los 12 meses del año. Es más, de acuerdo con Wang Chong, en la dinastía Han la cara estaba dividida en unas 70 áreas (reconocibles con el nombre de las partes de la cara o de edificios domésticos, burocráticos y administrativos) que servían de referencia topológica para observar las características de la complexión física de cada persona-paciente. Este número se incrementa en la dinastía Tang (唐朝, 608-907), y de nuevo en la Song, cuando se establecen 120 áreas en base a una cuadrícula basada en 13 franjas. En su sentido inverso, las líneas de correspondencia (basadas en las antiguas asociaciones establecidas por el Lingshu -靈樞經-) (4) se internan en la profundidad del cuerpo humano hasta llegar a los órganos internos. Así, el corazón se localiza en la parte superior de la frente; los riñones en la parte inferior de la barbilla; el hígado a la izquierda del pómulo; los pulmones en la parte derecha del pómulo y el bazo en el centro de la nariz. Este enfoque reticular de la cartografía facial, de una sistematicidad rigurosísima, venía a concitar una interpretación ambigua en el significado asignado a la observación de la complexión fisionómica, lo cual impedía la emergencia de cualquier tipo de demarcación entre los ejercicios ritualizados de la técnica adivinatoria y los procedimientos de la técnica diagnóstica y / o prognóstica que, al fin y a la postre, se mantendrá como uno de los cuatro métodos de diagnóstico en la práctica moderna de la Medicina Tradicional China (observación visual -wang-, escuchar y probar –wen-, preguntar –wen-, tomar el pulso –qie-). Sin embargo, los criterios exegéticos acerca de la condición corporal no se circunscribían en exclusiva a este esquema ordenador que abstrae e idealiza las conexiones espaciales del macro y del microcosmos. La aplicación médica del arte adivinatorio se dirigía a lo que de singular ostentaba cada paciente, a los rasgos distintivos e individuales del cuerpo y la personalidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fig. 2. Gujin tushu jicheng: Diagrama en el que se reflejan los 120 sectores de la cara en 13 líneas verticales.

 

En ese sentido, la cara era simultáneamente un microcosmos del universo y un lugar donde las emanaciones coloreadas “colores del qi” (qise) y los colores de los “vasos sanguíneos” (maise) eran un reflejo de cada condición interna individual, de la salud o la riqueza. No hay que olvidar que los colores básicos (azul-verde, rojo, amarillo, blanco y negro), y sus innumerables cualidades (matiz, profundidad, brillantez, intensidad…), constituían un rasgo sintomático que integraba la cadena de correspondencias de los famosos cinco agentes. En ese sentido, el color normal indicando la buena salud o mala salud o, incluso, ciertas circunstancias auspiciosas o perniciosas aparece en concordancia con el color esperado para cada estación, pero también con los órganos internos, con los orificios, las direcciones terrestres, confeccionando así una maraña emblemático-simbólica interminable: azul-verde (qing) para la primavera (chun, e incide en el hígado, tendones y ojos), el rojo (chi) para el verano (xia, e incide en el corazón, los vasos sanguíneos y la lengua), el amarillo (huang) para la estación central que prolonga el verano (chang xia, e incide en el bazo, la carne y la boca), el blanco (bai) para el otoño (qiu, e incide en los pulmones, piel y nariz) y el negro (hei) para el invierno (dong, e inciden en los riñones, huesos y oídos). Aunque, una vez más, no existen fuentes escritas que den luz sobre el modo en que se realizaba el examen fisionómico pormenorizado con anterioridad a la dinastía Song (ya que los manuscritos de Dunhuang proveen información únicamente sobre las técnicas desarrolladas a partir del periodo Tang), hay evidencias que nos permiten inferir el inmenso poder del cromatismo manifiesto en la faz, incluso para lanzar predicciones en torno a la muerte o no del paciente. Para alcanzar tal grado de exactitud la mirada médica no se fijaría, según sostiene S. Kuriyama, en el color visual de la piel (se) del paciente como un hecho que posee una significación en sí mismo, sino como un medio de inscripción a través del cual la suma de las condiciones vitales deja una huella indeleble en la efigie (5). No parece extraño, pues, que este estilo de escrutación somática sustentada esencialmente en la observación “iluminada” (ming), desembocara en un re-alzamiento de la función epidérmica (6). No cabe, de ahora en adelante, considerar la piel como una barrera que escinde el interior del exterior, el yo frente al otro, sino, más bien, como un lugar de encuentro. De esta manera, y paulatinamente, la medicina china erige un monumental sistema de correlación más allá de los cinco agentes, en la que las áreas de la piel se hacían corresponder con partes del cuerpo y con elementos del mundo externo e interno.

 

Conviene no pasar por alto este criterio analógico-relacional que guía la mirada del médico chino ya que las cartografías y fronteras somáticas que se alzan en la elaboración del diagnóstico visual contribuyen, con el paso del tiempo, a la formación  del sistema de puntos de acupuntura. Y, a decir verdad, no faltan en el periodo Song representaciones de este tipo (7). Se trata de imágenes de torsos humanos sencillos, de un esquematismo muy depurado, en la que se muestran, por medio de círculos blancos o negros, ciertas localizaciones particulares de los puntos de acupuntura y moxibustión. La funcionalidad instrumental de estas representaciones está fuera de toda duda ya que servían como un soporte de reconocimiento visual y una herramienta básica para la transmisión personal del conocimiento teórico y del entrenamiento práctico recibido de un maestro en medicina. No había gran originalidad en las enseñanzas que subyacen en estos diagramas. A lo sumo, ejemplificaban una variante actualizada de un determinado acervo sapiencial que remite a un momento histórico trascendente dentro de la tradición médica china, donde lo incierto se torna previsible y sistemático. Nos trasladan, en definitiva, al periodo Han, fase decisiva en la que se produce la unificación del imperio y éste se organiza en un estado centralizado (221 A. C.). Todo pasa, entonces, por hacer perdurable esta frágil estabilidad política. Y para ello, se considera que el incipiente poder imperial ha de reflejar el orden cósmico, resonar con los ritmos elementales y silenciosos de la naturaleza, a fin de que la autoridad del emperador ajuste su actividad en correspondencia con las evoluciones celestes, como si fuera un pivote suprahumano que armonizase los asuntos de sus subordinados con el orden moral del universo. Ante todo, no debe haber disidencias, en tanto que todo acontecimiento, y también lo que ocurre en el organismo, responde a un orden natural prefijado por la teoría del yin-yang y las cinco fases (wu xing 五行). Quien desee, pues, calibrar en toda su magnitud el modo de conceptualizar el cuerpo durante el periodo Han no puede obviar la potencia explicativa de esta novedosa teoría política. De hecho, cosmos, cuerpo y estado se imbrican en una red analógica de semejanzas e identificaciones para dar lugar a una realidad común e indistinta (8).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fig. 3. Jiu jing (anónimo): puntos de moxibustión.

Siendo así, el cuerpo, bajo la mirada médica, se encuentra atravesado por una estructura laberíntica de canales que se extiende por las extremidades, llega a la cabeza y se conecta con las vísceras internas, entendidas, a partir de ahora, como sistemas de funciones específicas que controlan los procesos vitales. Que quede claro. No hay aquí reminiscencia alguna de un supuesto enfoque anatómico, al modo occidental, sino un principio fundamentalmente burocrático y estatalista a la hora de comprender la discreta actividad somática. En resumidas cuentas, un organismo total no deja de ser una unión de diferentes regiones, en las cuales existe un gobernador (zhu) que ejerce sus funciones desde el palacio (fu) y reina sobre sus subordinados (suo zhu). Ahora bien, para que la cohesión territorial fuera completa, resultaba imprescindible estandarizar los sistemas de masa, peso, caminos y formas de escritura, posibilitando un espacio sin aduanas para la libre circulación comercial. Esta transformación extra-medicinal impuso a los médicos un nuevo punto de vista, centrado en la viabilidad de un sistema circulatorio dentro del cuerpo. Como consecuencia, se definió y se localizó perceptivamente una materia que fluía (el qi, fino vapor material, vapor de arroz) por el interior de la estructura acanalada de conductos. Nada que ver con Galeno y sus sucesores medievales. Los médicos chinos, en realidad, proyectaban la imagen política de un sistema de circulación de bienes y servicios sobre la topografía del flujo de sangre y qi que irrigaba hasta el último recoveco del organismo humano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Volvamos nuevamente al universo médico del periodo Song, puesto que la expansión sin precedentes de este tipo de ilustraciones gráficas (tu) en el Medievo chino tiene que ver con la profunda transformación en la terapia médica propiciada desde las más altas instancias imperiales. Es sabido, por un lado, que la mayor presencia de los diagramas figurativos del cuerpo humanos atiende a una revalorización del estatus de la praxis médica en el mundo chino (presentándose como elección viable y digna para los hijos de las élites o de los funcionarios-eruditos). Pero también tiene que ver con la necesidad de formular teóricamente síntesis armónicas que aglutinasen las diferentes doctrinas médicas existentes en aquel momento y, sobre todo, con la posibilidad de reforzar, en términos de mayor eficacia y rapidez, el arduo proceso de transmisión de conocimientos médicos. Muchas son las razones, en verdad, que explicarían este giro radical en la función estratégica de la medicina china. Pero, de entre ellas, me gustaría poner de relevancia la nueva "frontera epidemiológica", de acuerdo con el concepto elaborado por A. Goldschmidt, que tiene lugar tras el inmenso éxodo poblacional que, a principios del segundo milenio, sacude los cimientos internos del imperio. Con el desplazamiento de la creciente densidad demográfica desde el norte (el territorio donde tradicionalmente se asentaba la civilización china) hasta el sur, termina asentándose el centro de gravedad civilizatorio en las riberas del río Yangtse (en especial, en la región de Jiangnan), donde no sólo se dan las condiciones para el surgimiento de una actividad comercial a gran escala, o de una clase funcionarial que hace declinar a la, en otro tiempo, omnipotente jerarquía aristocrática,  sino que también es territorio propicio para la aparición y expansión de devastadores contagios epidémicos. En concreto, hemos de prestar atención a la explosión  infecciosa acaecida en los 15 años que van del año 1045 al 1060 ya que provoca una resuelta reacción reformista del gobierno imperial que hará cambiar de manera irreversible el escenario médico:
Por un lado, se establece una Oficina (a la que se incorporan dos médicos de la academia Hanlin -Hanlin yi quan- y, más tarde, otros tres bajo el control directo del gobierno imperial) cuyo propósito es el de revisar y publicar el mayor número posible de antiguos cánones médicos que, en el relativamente breve espacio de tiempo de una década, fueron progresivamente incorporados al currículum médico oficial. Entre 1057 y 1069, la Oficina para la Revisión de Textos Médicos (Jiaozheng yishu ju) llegó a imprimir diez trabajos, de los cuales nueve eran revisiones de viejos tratados, mientras que sólo uno, la Materia Médica Ilustrada, era una compilación innovadora basada en un informe de fármacos para su uso clínico.
Por otro lado, se establece, por primera vez en 1076, un dispensario imperial destinado a mantener un suministro estable y constante de preparados farmacéuticos. Y ya en el año 1078 se publica una selección de recetas generales a partir de las numerosas prescripciones de recetas del Ministerio Imperial de Medicina (Taiyiju fang) que se pone a la venta en dicho establecimiento. En los 25 años siguientes se abren únicamente siete farmacias (dos de las cuales estaban encargadas de preparar medicamentos y las otras cinco a distribuirlos), todas ellas ubicadas en la capital Kaifeng. Tendrá que transcurrir una década más para que se puedan encontrar este tipo de farmacias estatales en las demás provincias chinas (9).

 

 

Fig. 4. Zhang Zeduan (1085-1145): “El Festival Qingming junto al río”, ( comercios y farmacias).

 

 

Durante la dinastía Song, los hombres (sabios o funcionarios) percibían que el cuidado del pueblo constituía la esencia de la satisfacción de sus deudas. Los oficiales establecieron la farmacia imperial para proveer de medicinas a los pobres. Por esta razón, muchos literati también adquirieron interés en leer y escribir libros de medicina. Por ejemplo, entre los trabajos médicos escritos por eruditos de este periodo están “Las Fórmulas Benéficas” de Su y Shen y el “Formulario Original” de Xu Shuwei (10). En el fondo de estas iniciativas, descansa el problema, todavía no resuelto, de armar un corpus teórico-práctico que conciliase las teorías patogénicas centradas en  los factores externos (el viento, el calor, la humedad y, sobre todo en este periodo, el frío, cuyos desordenes abarcaban un amplio espectro de síntomas que iban del frío común a las fiebres tifoideas), la terapia proto-parasitología encuadrada en la literatura farmacológica y la propia medicina de las correspondencias sistemáticas. Lejos de ser exclusivamente un asunto médico que atendía a la urgente necesidad de paliar, en la medida de lo posible, los desastrosos efectos de las recurrentes epidemias que asolaban a la población, la compleja empresa de síntesis que arraiga en el seno de la comunidad médica Song se convierte, además, en una cuestión de cohesión territorial, en la medida en que, según Hans Agren, existía una desunión a nivel gnoseológico entre la tradición médica cultivada en la región del Río Amarillo (黃河), esto es, en el norte (dominada por la teoría del yin / yang) y la que se hizo fuerte en la región del Yangtse (長江), esto es, en el sur (dominada por la teoría en torno a los desórdenes del frío o Shang han). De esta manera, los médicos tuvieron que revisar no sólo su práctica clínica, ante la constatación de su ineficacia frente a la dañina mortandad infecciosa, sino que readaptaron a fondo sus principios doctrinales, haciendo uso de sistemas metodológicos híbridos, a fin de ajustarse tanto a las enseñanzas contenidas en los textos médicos clásicos como a los esquemas conceptuales que guían el  suministro estable de drogas terapéuticas.

Las enfermedades no necesariamente logran matar a la gente; sin embargo, actualmente, hay muchos casos de personas muertas por medicinas. Los médicos de la generación actual no estudian en toda su completitud las características básicas del calentamiento o del enfriamiento en las drogas o sus efectos lentos en oposición a los rápidos. Ellos incrementan o reducen una medicina específica en una prescripción utilizando un razonamiento indisciplinado. Hacen uso de un conocimiento indisciplinado para tratar los  desórdenes. Si no están afortunados, sus pacientes están en un grave peligro. En otras ocasiones, tienen éxito en su tratamiento(11).

 

 

 

Fig. 5. Hua Shou:

Shisi jing fahui

(Rutas de los catorce meridianos y sus funciones, s. XIII)

 

Dicho esto, tampoco conviene perder la perspectiva. Las probaturas de síntesis entre las dos tradiciones de sabidurías de curación que atraviesan la historia médica china se encuentran en sus comienzos y no poseen un correlato iconológico tan extendido como el que se deriva de la teoría sistemática de correspondencias, y en especial, los modelos corporales en los que se cartografía la red de meridianos propios de la acupuntura. Habíamos mencionado más arriba la presencia en los manuales médicos de ilustraciones elementales consistentes en cuerpos esbozados señalando las punturaciones en las que se debe insertar la aguja. Ahora nos ocupamos de otro tipo de imágenes muy antiguas que pueden considerarse, a ciencia cierta, el corolario lógico de las anteriores, en la medida en que se traza pictóricamente la superficie corpórea como territorio especular de una red de canales. Aquí el cuerpo, aún cuando sugiere cierta evidencia volumétrica, carece en su interior de órganos y proyecta en la semidesnudez, de lo que, en apariencia, podrían ser monjes o tal vez sabios, una impronta de vitalidad intrínseca nacida del dinamismo del flujo de qi (氣). Desde esa perspectiva, cada figura es dibujada en una postura designada para mostrar, con fines pedagógicos, el curso del canal con la máxima claridad. Como ocurre en otros muchos ejemplos, no se conservan diagramas previos a la época Song pese a que los catálogos nos indican que poseen un origen más antiguo (que puede identificarse en el periodo Liang, Sui y Tang).  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ahora bien, conviene advertir, para que el lector no se lleve una impresión errónea, que la mirada del médico de la China medieval no se resigna a pulular por la superficie del cuerpo. Su curiosidad le lleva también a explorar las estancias internas del organismo humano. El resultado, con independencia de la planimetría estética que caracteriza a las ilustraciones médicas chinas, es una representación prototípica de “paisajes interiores” (W. Michel) en los que se muestran lateralmente (puesto que las visiones frontales de este tipo son escasas) los nueve órganos internos (alusión a lo que en China es denominado el sistema Zang-fu 臟腑). Es cierto que en estas imágenes de las vísceras no hallamos, como puede ser en el caso de Occidente, cuerpos inertes expuestos a la maestría operativa del cirujano en la mesa de disección, pero tampoco neguemos lo obvio. El ojo del médico chino, desde hace algún tiempo además, se había habituado ya a las observaciones anatómicas. Mucho se ha dicho respecto a la carencia de conocimientos anatómicos de los médicos chinos. La verdad es que son muy escasas las referencias que se tienen constancia sobre disecciones practicadas antes de arribar al Medievo. De hecho, el más temprano examen anatómico que ha quedado registrado en la historiografía convencional china se remonta a la efímera dinastía Xin (新朝), antes de la restauración del periodo Han, y del que, a su vez, se hacen eco determinados tratados médicos clave como el Ling Shu 靈樞 o el Jing Shui 水經 y diferentes secciones del Huang Di Nei Jing 黃帝內經 (Gu du, LS 14; Mo du, LS 17; Chang Wei, LS 31). Se trata, en concreto, de la ejecución y posterior disección a cargo de habilidosos y diestros carniceros de un tal Sun Qing, condenado a muerte por el usurpador Wang Mang. No obstante, el incremento de ilustraciones sobre la organicidad intracorpórea que dan contenido a los manuscritos médicos del periodo Song (por ejemplo, Imágenes de las cinco vísceras de Ou Xifan -Ou Xifan wuzang tu-; Tratado sobre la visión interna del cuerpo de acuerdo con el Intendente Zhu -Zhu tidian neijing lun-, etc.) permite inferir un significativo cambio en torno a la práctica disectiva como vía de conocimiento del cuerpo humano. Así, en el año 1041 se sabe que el comisario imperial, Du Qi, logra capturar a 56 rebeldes encabezados por Ou Xifan, a los que ejecuta de inmediato y son diseccionados ante una comisión de artistas. Este suceso no es una excepción. También se llevan a cabo otras series de disecciones en Chongning o en Sizhou bajo similares circunstancias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fig. 6. Yang jie: Cun Zhen tu (Atlas anatómico de la verdad, s. XII).

Fig.7. Neijing tu (內經圖): Diagrama del Paisaje Interior.

 

 

No quiero terminar sin hacer una breve mención a las que, posiblemente, sean las topografías más enigmáticas en el compendio taxonómico chino sobre el cuerpo. Ya no hablamos del cuerpo físico como una realidad originaria, sino como un armazón derivado, una especie de duplicado del cuerpo interior. Al albur de ciertas prácticas curativas periféricas asociadas a la alquimia taoísta, la cavidad orgánica engendra un espacio sagrado y numinoso poblado de laberintos, espíritus y majestuosos edificios. Surge un recargado escenario simbólico donde los procesos de la fisiología humana equivalen a mutaciones alquímicas sometidas al control de la inducción meditativa. Como tal, la realidad somática se envuelve en un marasmo de metáforas imaginales que, por constituir un punto intermedio entre la tierra y el cielo, invitan a visualizar su estructura como un universo de grutas-cielo, cuevas-útero o montañas-entraña. El cuerpo se desembarazado de sus máscaras más superficiales para pasar a convertirse en una expresión emblemática de primer nivel desde la que se advierten los confines más lejanos de la racionalidad médica china. En este sentido, los diagramas conocidos como Neijing tu 內經圖 o el Xiuzhen tu 修真圖 (variante del anterior), extensamente estudiados por C. Despeux, representan un ideal iconológico (sobre todo, a partir de la dinastía Tang y Song) que contribuye a impulsar un proceso de concienciación ritual, mediante el autocontrol, de la fisiología interna, además de estrechar lazos simbólicos con el proceso de evolución cósmica.

 

Conclusión

 

Todas estas imágenes médicas del cuerpo no agotan, ni mucho menos, la inmensa perspectiva médica china y apenas hemos salido de los círculos cortesanos de las élites eruditas para abordar las plurales tradiciones médicas que existen en la vida cotidiana de la China Medieval. En el fondo, uno se podría perder entre las incontables imágenes más o menos realistas, elípticas o decididamente simbólicas que nutren el imaginario médico chino. Y es que la misteriosa presencia de la vida se resguarda sutilmente en el trasfondo de una semiosis polívoca y dúctil que modula, en la percepción, en el discurso y en la práctica, la experiencia médica de lo patológico. El médico chino, de este modo,  se entregaba a la fascinante tarea de sistematizar el dinámico e inconstante discurrir del mundo, hasta en sus más secretos estratos invisibles, con una mirada poliédrica, aunque sin la profundidad de campo precisa para disipar la nebulosa indeterminación de la materia carnal. Lejos de las gloriosas visualizaciones de la razón médica occidental, estos fueron los enigmáticos y, en ocasiones, desconcertantes derroteros por los que, desde hace aproximadamente dos milenios, ha discurrido la fértil medicina china.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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Shumin, W. & Barrett, P., ‘Profile of a daoyin Tradition: the “five animal mimes”, Asian Medicine, Tradition and Modernity, vol. 2, 2, 2006, pp. 225-253.
Sivin, N., ’Science and Medicine in Imperial China. The State of the Field’, The Journal of Asian Studies, vol. 47, nº 1, 1988, pp. 41-90.
Sivin, N., ‘State, Cosmos, and Body in the Last Three Centuries B. C.’, Harvard Journal of Asiatic Studies, vol. 55, nº 1, 1995, pp. 5-37.
Zheng, J., ‘The Vogue for “Medicine As Food” in the Song Period (960-1279 CE)’, Asian Medicine, Tradition and Modernity, vol. 2, 1, 2006, pp. 38-58.

 

NOTAS

 

(1)Para un análisis de los trabajos médicos existentes en Dunhuang resulta imprescindible consultar el trabajo de Shumin, W., ‘A General Survey of Medical Works contained in Dunhuang Medical Manuscripts’, en L, Vivienne & Cullen, C. Medieval Chinese Medicine: The Dunhuang Medical Manuscripts. Needham Research Institute Series. London & New York: Routledge, 2005, pp. 45-58. (volver).


(2)Se trata de un yacimiento arqueológico escavado entre 1972 y 1974 en Wulibei (五里牌), cerca de Changsha, en la provincia de Hunan. Allí se descubrieron tres tumbas de la época de los Han Occidentales, cubiertas de carbón y arcilla blanca, en las que, además de objetos de madera lacada se pudieron rescatar numerosos rollos manuscritos (boshu 帛書)(volver).


(3)“Estos doce manuscritos se pueden clasificar en cuatro categorías: cuatro versiones de un texto sobre fisionomía (Xiangshu) en 36 capítulos atribuidos a Xu Fu de la dinastía Han; un texto sobre fisionomía general en fragmentos muy dañados; un texto sobre adivinación a través de las marcas sobre el cuerpo (P. 3492 V) y dos series de ilustraciones, un texto ilustrado datado de mitad del siglo X”. Véase al respecto, Despeux, C. ‘From prognosis to diagnosis of illness in Tang China: comparison of the Dunhuang manuscript P. 3390 and medical sources’, en L, Vivienne & Cullen, C. Medieval Chinese Medicine: The Dunhuang Medical Manuscripts. Needham Research Institte Series. London & New York: Routledge, 2005, p. 176(volver).


(4)“El Emperador Amarillo dijo: ‘La frente está asociada con las enfermedades en la cabeza y la cara; la zona en medio de las cejas está asociada con las enfermedades de la garganta; la zona entre las cejas está asociada con las enfermedades del pulmón; la zona entre los ojos con las enfermedades del corazón; la zona en medio de los ojos en el hueso nasal con las enfermedades del hígado; la parte izquierda de esta zona está asociada con las enfermedades de la vesícula biliar; la zona debajo del hueso nasal a la punta de la nariz está asociada con las enfermedades del bazo; ligeramente a ambos lados de la punta de la nariz está asociada con las enfermedades del estómago…”.
Canon de Medicina Interna del Emperador Amarillo. Líng Shū (Eje Espiritual). Madrid: JG Ediciones, 2002, p. 242 (volver).


(5)“Los médicos valoran el se porque éste indica los cambios más exiguos. La física y la fisionomía cambian a lo largo de los meses y los años; en el momento en que una enfermedad las modifica, es señal de que ya había estado operando durante algún tiempo. Mucho antes de que una enfermedad llegue a demacrar y a desfigurar, aparece en fugaces e inefables cambios en el semblante. El médico que observa y conoce, que verdaderamente ve el se, percibe las realidades que permanecen invisibles para el resto hasta mucho después”. Kuriyama, S. La Expresividad del Cuerpo y la Divergencia de la Medicina Griega y China. Madrid: Siruela, 2005, p. 186 (volver).


(6)“La solución de los médicos chinos consistía en observar la superficie. Para el ojo anatómico, la piel representa una pantalla oclusiva que bloquea la penetración en las formas subyacentes, y un cuerpo sin formas no es más que algo que carece de información, oscuramente inescrutable. Pero, en China, la piel se afianza como el lugar de las revelaciones privilegiadas ya que es ahí, en la superficie, donde los médicos contemplan el color (se) de una persona (como en la expresión wuse, los cinco colores)”. Kuriyama, S. La Expresividad del Cuerpo y la Divergencia de la Medicina Griega y China. Madrid: Siruela, 2005, p. 172 (volver).


(7)Las imágenes más tempranas que sobreviven son los manuscritos médicos Tang redescubiertos en Dunhuang. Algo que continúan en el periodo Song, Ming y Qing (volver).


(8)“En el siglo III a. C., una vez que el proceso de invención se puso en marcha, los intelectuales se vincularon a la estructura de los cielos y la tierra, a la del cuerpo humano y a la del estado. Esto no tenía precedentes en China, pero ahora los vínculos se hicieron sistemáticos y estrechos. En todos los casos sus creadores estaban preocupados con la autoridad política y su ejercicio efectivo. Como resultado, el macrocosmos y microcosmos se convirtió en un colector único, un conjunto de sistemas mutuamente resonantes del que el emperador era el mediador indispensable” [traducción del autor]. Sivin, N., ‘State, Cosmos, and Body in the Last Three Centuries B. C.’, Harvard Journal of Asiatic Studies, vol. 55, nº 1, 1995, p. 7 (volver).


(9)“La fielmente documentada disposición de estas farmacias no se diferencia en nada de la disposición de las farmacias chinas que todavía se podían encontrar hasta finales del S. XX, donde una ola de modernización acabó con esta tradición. El cliente entraba en un establecimiento abierto a la calle, donde había un mostrador detrás del cual estaba el farmacéutico. A espaldas del farmacéutico se hallaba el armario empotrado, en el que había una gran número de cajones y varias estanterías llenas de recipientes de diferentes tamaños en los cuales estaban colocados centenares de medicamentos preparados” (volver).


Unschuld, P. U. La Sabiduría de la Curación China. Barcelona: La Liebre de Marzo, 2004, p. 85 (volver).


(10)Song yiqian yiji kao, recogido en Okanishi T. Studies of Medical Books through the Song Period. Taibei: Ku t’ing Book House (4 vols), 1969 [traducción del autor] (volver).


(11)Song yiqian yiji kao, recogido en Okanishi T. Studies of Medical Books through the Song Period. Taibei: Ku t’ing Book House (4 vols), 1969, p. 1235 [traducción del autor] (volver).

 

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