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PIER PAOLO PASOLINI: “APPUNTI PER UN FILM SULL'INDIA”

 

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Un occidentale che va in India ha tutto, ma non dà niente. L'India, invece, non ha nulla, in realtà dà tutto

 

Siendo tan sólo unas breves anotaciones fílmicas para un proyecto de mayor envergadura, una modesta probatura cámara en mano, sin embargo los Appunti per un Film sull’ India albergan toda la mirada y la doctrina ideológica defendida por Pier Paolo Pasolini (sin duda, uno de los personajes más relevantes de la cultura europea de la segunda mitad del siglo XX) por aquellos tiempos. Presentado en el Festival de Cine de Venecia de 1968, este documental espontáneo viaja a las barriadas más pobres de la India (sobre todo, ubicadas en la ciudad de Bombay), a los suburbios populares, a los barrios periféricos de obreros que rodean los incipientes centros industriales, pero también a los monumentos palaciegos de la antigua aristrocracia india o a los centros privilegiados donde se asienta la nueva burguesía. Desde un enfoque descriptivo y en ocasiones, puramente antropológico, Pasolini vuelve a insistir aquí, como así lo había dejado patente en Teorema, en reflejar y reflexionar sobre los perniciosos efectos del desarrollismo occidental, pero esta vez no en la Italia de postguerra sino en una India que apenas se ha liberado de los grilletes impuestos por el colonialismo inglés. Con todo, este documental supone una recomposición poética, orientada a la elaboración de una película posterior, del compendio de impresiones puestas negro sobre blanco en una anterior obra, L’odore dell’ India (publicado póstumamente en 1990) con ocasión del viaje al subcontinente indio que realizó junto con Alberto Moravia y Elsa Morante en 1961. Subyace también en ello una necesidad, la de poder aprehender y captar sin cortapisas la realidad desnuda y cruda de las sociedades del tercer mundo, algo que sólo es posible si se lleva a cabo con eficacia un viraje que vaya de la palabra a la imagen cinematográfica, la verdadera “lengua escrita de la realidad”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

L'idea di questi Appunti per un poema del Terzo Mondo, mi è venuta girando in India un documentario che aveva come soggetto i sopralluoghi per un film di questa storia. Girando in India, mi sono infatti accorto dell'enorme vastità degli argomenti possibili per un film sul Terzo Mondo: l'India da una parte non mi si è presentata come un paese “tipico” del Terzo Mondo (infatti vi mancano alcune situazioni sostanziali: per esempio un'opposizione politica veramente forte e soprattutto originale, e la non-violenza di Gandhi non ha ancora subito l'evoluzione che tende a rovesciarla, verso forme di contestazione violenta); dall'altra parte, gli altri problemi comuni con tutto il Terzo Mondo, hanno in India proporzioni così vaste e inafferrabili, che “ridurle” alla durata di un film normale, sembrerebbe impresa molto difficile. Ridurrei dunque il film indiano ai temi fondamentali della Religione e della Fame (cioè tornerei allo schema iniziale della storia), trascurando gli altri, ma drammatizzando fino alla massima tensione quei due temi fondamentali. Infatti, riducendo il film a un episodio, sarei costretto a concentrare tutto sulle quattro morti: il padre che si dà in pasto alle tigri, e la moglie e i tre figli che muoiono a uno a uno di fame (Pier Paolo Pasolini: Nota al film sull'India. Appunti per un Poema sul Terzo Mondo).

 

 

Se me ocurrió la idea de estas notas para un poema del Tercer Mundo con el objeto de  filmar un documental en la India mientras exploraba la posibilidad de hacer una película. En cuanto a la India, he hecho notar la enorme amplitud de posibles temas para una película sobre el tercer mundo: la India, por un lado, no se me ha mostrado como un país "típico" del Tercer Mundo (de hecho, le faltan algunos aspectos importantes: por ejemplo, una muy fuerte y genuina oposición política y la no violencia de Gandhi todavía no ha experimentado una evolución que tienda a derrocar las formas violentas de protesta); por otra parte, los problemas comunes con todos los otros Del Tercer Mundo, teniendo  proporciones tan vastas e inalcanzables en la India, que "reducirlo" a la duración de una película normal parecía una tarea muy difícil. Así que la película se iba a centrar en los temas básicos de la religión india y el hambre (es decir, volver al esquema inicial de la historia), descuidando los otros temas, para dramatizar esas dos cuestiones clave hasta una tensión máxima. De hecho, al reducir la película a un episodio, habría que centrarse en tan sólo cuatro muertes, el padre que se da como alimento a los tigres, y su esposa y sus tres hijos que mueren de hambre, uno por uno (Pier Paolo Pasolini: Nota al film sull'India. Appunti per un Poema sul Terzo Mondo).

 

 La India post-colonial ofrece así un espacio desconocido pero hasta ahora desvinculado de las tremendas contradicciones que asolan a la sociedad occidental. Se trata de un territorio que ejemplifica las ansias liberatorias de Pasolini, pero que también anticipa un futuro sombrío, atravesado por los poderosos reclamos de un modelo occidental que sucumbe ante un hedonismo neolaico desprendido de cualquier valor humanista. De esta manera, el acercamiento etnográfico-experimental de Pasolini constituye una práctica híbrida y herética que no sólo convulsiona las directrices formales del objetivismo positivista, sino que también abre una fisura existencial entre la crepuscular cultura europea (que extiende su sombre sobre el resto del planeta) y aquellos confines en donde todavía se pueden encontrar un substrato moral que exalte y de cobijo a lo humano. Y es que Pasolini descubre en India, rodeado de multitudes pobres y sencillas, una propiedad pre-histórica que afecta a la naturaleza humana y a su interacción con los demás seres vivos. La conciencia religiosa de los indios, frente al huero ritualismo católico, supone una vía de superación moral que les impulsa a desarrollar una caracterología risueña y dulce, un modo de desenvolverse por el mundo esencialmente bueno. Es por ello que el director italiano no trata de esconder o difuminar bajo un manto de opacidad los rasgos más íntimos e intrasferibles de los hombres y mujeres a los que “asalta” con su cámara. No hay una pretensión subyacente de sugerir la inclusión del ciudadano indio en las caóticas turbas que se conforman con la masa. A través de imágenes mudas, expresivas en el silencio del primer plano (que se acerca a la hondura de los ojos de sus desconocidos protagonistas) y a través de los comentarios del propio Pasolini, se les rescata del anonimato y quedan reincorprados a la individualidad arrebatada. Ahora bien, este nuevo sujeto no se escinde ontológicamente de la realidad que lo circunda y envuelve (algo insólito para la cosmovisión religiosa india) sino que, bajo la mirada de Pasolini, se convierte en una voluntad resistente frente a la avasalladora influencia del capitalismo occidental. Ciertamente, esta significativa confluencia entre la moral dominante y las particularidades de la escatología religiosa india queda resumida en la idea del sacrificio compasivo, motivo poético destacado en la famosa leyenda del tigre famélico y que da que pensar reiteradamente a Pasolini, al punto de arrastrarlo hasta los confines del subcontinente.

 

 

Esta leyenda, que puede encuadrarse en los relatos jataka (centrados en describir las vidas anteriores, jāti, de Buda) nos habla del paseo, un hermoso día de verano, del príncipe Mahasattva (una encarnación anterior de Gautama), junto con sus dos hermanos, por la selva que rodeaba el palacio. Allí encontró una tigresa cansada y famélica que había dado a luz muy recientemente a siete cachorros. Como no podía encontrar carne ni sangre caliente para alimentarlos estaban sumamente hambrientos, por lo que se estaba preparando para comer a sus propias crías. Sin titubear, el príncipe entregó su cuerpo para alimentar a las fieras. Y es que el futuro Buda generó una gran compasión y vio que comerse a sus crías era muy malo para la tigresa y que era mucho mejor que él, él mismo, se ofreciera antes de que se perpetrase semejante acción. Mahasattva pensó: “Ha llegado el momento de sacrificarme. Durante mucho tiempo  he servido a este pútrido cuerpo y le he dado lecho y ropas, comida y bebida y lo he trasnsportado de un lado a otro… ¡Es mucho mejor abandonar este cuerpo desagradecido por decisión propia y en el momento oportuno! No puede subsistir para siempre, porque es como la orina, que necesita salir. Hoy lo utilizaré para una acción sublime y así me servirá como un barco que me ayudará a atravesar el océano del nacimiento y la muerte”. De esta forma, se dirigió a su familia y les dijo que tenía algo que hacer y que se podían marchar. Cuando se hubieron ido, se quitó la ropa y se echó delante de la tigresa para que ésta le devorara, pero la fiera estaba tan débil que no podía ni levantarse. Entonces, cogió unas hojas esmeraldas muy duras y afiladas de bambú y con ellas se cortó varios trozos de su propia carne para dárselos a la tigresa. Después de haber comido unos cuantos trozos de su carne, la tigresa y sus cachorros lo acabaron de devorar, y lograron salvarse. La familia del príncipe, que en realidad estaba esperándole a poca distancia, empezó a preocuparse, así que todos volvieron al lugar donde le habían dejado y sólo encontraron sus huesos delante de la tigresa. Con gran tristeza los recogieron, se los llevaron, y levantaron una estupa dentro del cual los colocaron.

 

 

Pasya samsara-nairgunya mrgyesa svasutanapi /
Langhitasneha maryada bhoktum anvicchati ksudha //18//

(¡He aquí el camino del mundo!:
La tigresa transgrede todos los límites de afecto
Y lanza una mirada de deseo de devorar [a sus propios bebés]
Para apaciguar su hambre).

 

 

 

Este sacrificio compasivo, que posee una aleccionadora finalidad soteriológica, es manejado por Pasolini como tropo básico del documental y como referencia propia del imaginario indio para testar el alcance moral de las diferentes gentes y clases sociales que pueblan el continente. En cualquier caso, como demuestra certeramente la exploración emprendida por el director italiano, este ideal de conducta no supone ya una barrera que impermeabilice de los efectos funestos del modelo occidental. Frente a una perspectiva elegiaca de la personalidad india, presente, sin duda, en la investigación antropológica de Pasolini, se opone ya un creciente pesimismo por el destino de la India como paradigma tercermundista expuesto a las “asépticas” lógicas deshumanizadoras de la revolución industrial y del rampante consumismo que viene de Occidente. Toda la confianza puesta en el lumpen proletariado / sotto proletariado, en tanto que último colectivo que podría oponer resistencia a la cultura genocida del consumo (y que en India se materializa también en el campesinado y en los colectivos empobrecidos que se hacinan dentro de las bulliciosas ciudades del continente) se va disipando con rapidez. El neocapitalismo, al traer consigo una encomienda homogeneizadora, hace desaparecer todo rasgo de genuina particularidad cultural en cualquier sociedad donde se asienta. En este sentido, tampoco en los estratos más humildes de India es posible preservar la pureza arcana de la humanidad, la diversidad y la riqueza cultural de un mundo que se transforma en algo my distinto de lo que fue en un pasado. Hay en la fina observación llevada a cabo por Pasolini, en definitiva, un sentimiento de melancólica tristeza al comprobar, mediante su registro antropológico de vivencias, ecos y actitudes, que la metamorfosis capitalista dilapida las bases de autenticidad cultural presentes a nivel planetario.

 

 

 

Sin embargo, hay una última enseñanza que persiste en India por encima de todo y a la que Pasolini otorga, no sólo una incontestable veracidad, sino también un halo de sutil belleza que posibilita cierta comunión cuasi metafísica con el prójimo. Más allá de las enormes desigualdades que fomenta el sistema capitalista y las inalterables jerarquías que organizan la despiadada taxonomía de lo social, existe un hecho incontrovertible. La muerte nos iguala a todos y nos hace retornar a la densa y procelosa indiferenciación.

 

"A lo lejos brillan unos fuegos, sobre otra dársena similar a la que acabamos de dejar, a la que ahora llegamos, costeando un trozo de orilla negra y escarpada repleta de embarcaciones. Llegamos junto a unos fuegos. Son las piras de los muertos. Hay tres, dos en lo alto, como en la cima de una escalinata, y una más abajo, a pocos metros de la superficie del agua (...) Vemos, alrededor de las piras, muchos indios acurrucados, con sus habituales harapos. Ninguno llora, ninguno está triste, ninguno se ocupa de atizar el fuego: todos parecen aguardar tran sólo que la hoguera se apague, sin impaciencia, sin el menor sentimiento de dolor, pena o curiosidad. Caminamos entre ellos, que siempre tan tranquilos, amables e indiferentes, nos dejan pasar, hasta llegar junto al fuego. No se distingue nada, solo leña ordenada y bien atada, en cuyo centro está aprisionado el muerto: pero todo está ardiendo y los miembros no se distinguen de los pequeños troncos. No hay ningún olor, salvo el delicado olor del fuego.
Dado que el aire está frío, instintivamente Moravia y yo nos acercamos a las hogueras, y, al acercarnos, pronto nos damos cuenta de que experimentamos la placentera sensación de estar junto al fuego, en invierno, con los miembros ateridos, gozando de estar allí, junto a un grupo de amigos ocasionales, sobre cuyos rostros, sobre cuyos harapos, la llama colorea plácidamente su laborioso agonizar. Así, reconfortados en la tibieza, observamos más de cerca a esos pobres muertos que arden sin molestar a nadie. Nunca, en ningún sitio, en ninguna hora, en ningún acto, hemos experimentado un sentimiento tan profundo de comunión, de tranquilidad y casi de júbilo a lo largo de toda nuestra estadía en la India."

 

Dirección: Pier Paolo Pasolini
Fotografía: Pier Paolo Pasolini
Comentarios: Pier Paolo Pasolini
Escrita por Pier Paolo Pasolini en colaboración con Sergio Citti
Montaje: Jenner Menghi (Rai italiana Televisión)
Productor Delegado: Gianni Barcelloni
Año: 1968
Duración: 34 minutos.

BIBLIOGRAFÍA

Caminati, L. Orientalismo eretico. Pier Paolo Pasolini e il cinema del Terzo Mondo. Milano: Mondadori Bruno, 2007.

Orientalismo eretico. Pier Paolo Pasolini e il cinema del Terzo Mondo. Milano: Mondadori Bruno, 2007.

Orientalismo eretico. Pier Paolo Pasolini e il cinema del Terzo Mondo. Milano: Mondadori Bruno, 2007.

Caminati, L. Orientalismo eretico. Pier Paolo Pasolini e il cinema del Terzo Mondo. Milano: Mondadori Bruno, 2007.

Biondi, T., Lo sguardo antropologico di P.P. Pasolini, La rivista del documentario - Anno 1 n. 4 luglio 2006.

 

 

 

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