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La obra de Danian Hu representa, sin lugar a dudas, una contribución emblemática en el campo de estudios dedicados a la historia de la ciencia en lo que se refiere a los países del extremo oriente. La escandalosa escasez de bibliografía existente al respecto y la percepción, muy extendida en los círculos académicos occidentales, de que éste no es sino una problemática periférica en comparación con los trascendentes núcleos temáticos que incumben a la ciencia, hacen todavía más excepcional este trabajo. El autor maneja, además, el motivo de lo acontecido en torno a la visita de Einstein a China en 1922 como un eje referencial para hacer un recorrido, a modo de contexto histórico, por los hechos que impulsaron la asimilación por parte de China de la ciencia occidental. Para ello, no duda en remontarse al siglo XVII y señalar el papel esencial de Matteo Ricci y Xu Guangqi. La monumental dimensión de sus contribuciones (traducción de los Elementos de Geometría de Euclides (los cinco primeros libros), los instrumentos ópticos (ying wucai boli shi) y los relojes mecánicos obsequiados en 1601 al emperador Wanli) sirvieron para dar un impulso al desarrollo de la astronomía y de la mecánica occidental en China. Por un lado, ponen las condiciones para sea muy tempranamente conocido el telescopio (a través de los escritos del padre P. Emmanuel Diaz en 1615 y, sobre todo, del Yuanjing shuo de Johann Adam Schall en 1626). Este hecho no sólo incide en la utilización, por parte de astrónomos chinos, del instrumento óptico para la observación de un eclipse solar en 1631 sino que reforzará el prestigio de los jesuitas de cara a reformar el calendario tradicional chino y compilar el Chongzhen Lishu (calendario eterno del emperador Chongzhen). Por otro lado, pone los primeros cimientos para la consolidación de la mecánica occidental en China, empresa que, por lo demás, será continuada por la extraordinaria labor de Johann Terrentius y Wang Zhen. Es cierto que esta tendencia se ve cortada en seco como consecuencia de la “controversia de los ritos” y el edicto de expulsión del emperador Kangxi. No obstante, el trabajo de extensión de la ciencia occidental que en el pasado llevaron a cabo los jesuitas es desempeñada a mediados del siglo XIX, bajo el auspicio de los humillantes tratados con la corte Qing tras la primera guerra del opio, por los misioneros protestantes. En esta fase cabe destacar la presencia de la London Mission Press (LMP), en torno a la cual publicaron (en materias tan distintas como matemáticas, biología o física) autores tan significativos como Alexander Wylie, Joseph Edkins, Alexander Williamson, Wang Tao, Zhang Fuxi. A partir de 1860, al margen de la labor editora de los misioneros protestantes, el propio gobierno chino comenzó a tomar la iniciativa, teniendo en cuenta las consecuencias desastrosas que provocaba en el país la supremacía tecnológica occidental. De este modo, se estableció en Beijing la Tong Wen Guan (TWG, una nueva escuela gubernamental) a la vez que disponía la organización de la Oficina de Traducción en el arsenal Jiangnan. Esta última institución publicó hasta el inicio del s. XX, gracias al trabajo de Xu Shou, Xu Jianyin y John Fryer, numerosas traducciones científicas (desde 1868 hasta 1913 elaboró cerca de 178 trabajos de traducción). Entrados ya en el siglo XX, la oficina cierra en 1913, entre otras razones, porque el modelo de traducción (transmisión oral a los colaboradores chinos que registraban la información) era a todas luces obsoleto. Sin embargo, alimentó, junto con la TWG, una atmósfera favorable a la reforma educativa de china, por medio del establecimiento de otras escuelas para la enseñanza de lenguas extranjeras y tecnología militar e industrial, y el envío de estudiantes chinos al extranjero (principalmente, EEUU, Europa y Japón). Ya en 1904, el gobierno imperial chino promulgó el primer sistema educacional moderno (Gui mao xue shi) que se mantuvo efectivo hasta 1911, lo que produjo la abolición, en 1905, del milenario sistema confuciano de examen. “In general, the introduction of Western physics before 1910 was sporadic and incomplete. None of the major works by Copernicus, Galileo, Newton, and Maxwell were ever translated into Chinese. There was no systematic teaching or research in classical physics in China. Consequently, despite the discrete introductions of the subject in previous centuries, the conceptual system of classical physics never became a significant component in Chinese thought before the introduction of the theory of relativity. This absence of a tradition of research and education in classical physics would have significant consequences in China’s reception of relativity” (p.46).
Una vez presentado, a modo de introito indispensable, la etapas históricas que jalonan la recepción de la ciencia occidental en China, el autor presta atención en el resto del libro a la figura de A. Einstein y su Teoría de la Relatividad. A la hora de considerar el reconocimiento de la teoría de la relatividad en China es necesario llamar la atención sobre ciertos factores sociopolíticos y la labor de ciertas personas, en cuyo culmen habría que situar las complejas gestiones que rodearon la finalmente fallida visita de A. Einstein a Beijing en 1922 (Capt. 2 China Embraces the Theory of Relativity). En primer lugar, resulta inevitable traer aquí a colación la contribución al conocimiento en China de la teoría de la relatividad de aquellos estudiantes chinos formados en Japón desde 1907 (Ayao Kuwaki y, sobre todo, el físico teórico Ishiwara Jun). Por otra parte, Xu Chongqing (en aquel momento estudiante de la Universidad Imperial de Tokio) publica un ensayo en la revista Xueyi (septiembre de 1917) en torno a las implicaciones filosóficas de la teoría de la relatividad, en lo que es considerado el primer texto aparecido sobre la materia. Muy pronto habría de llegar la primera conferencia pública, (3 de noviembre de 1917), celebrada en la National Wuchang Higher Normal School (WHN) e impartida por Li Fangbai (profesor de física de la misma institución). La conferencia, esta vez de naturaleza más técnica, sería publicada seis meses más tarde en la revista de la Sociedad de Física y Matemáticas de la institución. First, Li’s speech was specifically prepared to introduce “non-newtonian dynamics” which was essentially about Einstein’s theory of relativity. Xu’s essay brought up the principle of relativity only as one of his minor arguments in a philosophical debate. Second, li addressed an audience in central China, while Xu’s essay in Xueyi was first published in Japan. Third, most members of Li’s audience were would-be middle-school teachers (p. 58).
Al hilo de ello, convendría recordar que estas aportaciones cobran vital importancia en el contexto del complejo fenómeno social denominado “movimiento del cuatro de mayo” que tuvo lugar de 1917 a 1921. Esta corriente, que tuvo en la clase estudiantil a uno de sus más grandes dinamizadores, preconizaba la necesidad de una vasta modernización y una serie de reformas en todos los terrenos de la vida china por medio de la introducción y aplicación de las ideas occidentales. No parece extraño entonces que los planteamientos de Einstein, perturbadores para las bases de la física clásica, fueran contemplados con buenos ojos por los intelectuales chinos, que lanzaban equivalencias entre la transformación conceptual que acompañaba a la relatividad y el programa revolucionario propagado por el comunismo chino, al margen de los anatemas lanzados por el marxismo soviético (que consideraba la teoría de Einstein como un producto reaccionario de la burguesía). Con todo, y a pesar del empuje de este espíritu occcidentalizante que se propala por los espacios académicos chinos, será la estancia de B. Russell en China (octubre de 1920-julio de 1921) lo que hará plantearse seriamente a la Universidad de Beijing invitar a Einstein a viajar a China. No sólo introdujo detalles sobre la teoría especial y general de la relatividad (la ley de separación, el experimento Michelson-Morley, las transformaciones de Lorentz en la teoría especial) sino que contribuyó sobremanera en la extensión de la figura de Einstein en el público intelectual chino. De esta manera, Cai Yuanpei (presidente de la Universidad de Beijing) envió su primera invitación a A. Einstein, ante las informaciones que revelaban la intención de éste de abandonar Alemania y viajar al extremo oriente. Será, sin embargo, en marzo de 1922, ante la invitación de gobierno japonés para impartir una serie de conferencias por el país, cuando Einstein acepta acudir a China durante dos semanas. Los acontecimientos posteriores, después de una primera visita a Shanghai (1 de noviembre de 1922) como escala previa a su estancia en Japón, desembocará en una sorprendente cancelación que llenó de pesar a los organizadores chinos. A pesar de ello, no se vio mitigado en modo alguno el creciente interés de la teoría de la relatividad en China. It seems that Beijing University had never established a direct and prompt communication with Einstein ever since it reached the agreement in July about Einstein’s visit. The university also did not send its representative to meet Einstein in Shanghai in November. All these happened while the country and the national university were experiencing widely reported financial crises, which were officially invited and sponsored by the government. (…) The continual lack of communication since then seemed to have turned the concerns into misunderstandings and eventually led to Einstein’s decision to cancel the planned trip to Beijing (p. 76).
Pero, más allá de la figura rectora de Einstein, existe un esfuerzo en la academia científica china por estudiar en profundidad, con mayor o menor éxito, los principios de la teoría de la relatividad. Tal es así, que el autor consigue señalar importantes avances en este sentido durante las dos primeras décadas del s. XX, protagonizados por destacados físicos chinos (Capt 3. Six Pioneers of Relativity). El primero de ellos es Li Fangbai y su conferencia de noviembre de 1917. De su discurso es posible extraer varias conclusiones: 1) existe un sesgo hacia una visión electromagnética del principio de relatividad, en la medida en que la considera como una parte de la dinámica no-newtoniana (en vez de mecánica no-newtoniana). 2) A pesar de que acepta las nuevas concepciones de espacio y tiempo, retiene la realidad física del éter (algo no del todo inusual en los físicos de la primera década del siglo XX). 3) Se encuentra al tanto de los avances de la física del momento al establecer una diferencia entre la teoría especial de la relatividad y la teoría de los electrones de Lorentz (algo que se da en los físicos a partir de 1910, una vez que H. Minkowski da cuenta de la teoría especial de la relatividad en su conferencia de 1908: Espacio y Tiempo). Por otro lado, Xia Yuanli, perteneciente a la primera generación de físicos teóricos chinos, fue quien primero elaboró un libro de teoría de la relatividad en China (1921, traducción de la obra de Einstein Sobre a teoría de la relatividad especial y general). Posteriormente, en 1922, la revista Gaizao edita una de sus conferencias divulgativas: La relatividad de Einstein y su biografía. De su trabajo cabe destacar varios aspectos: 1) La prueba de Einstein (1905) de que el tiempo absoluto no puede existir no es algo herético sino un avance sin precedentes en la física. 2) La equivalencia entre la masa-variable y masa-energía (la diferencia está en la medición) tiene una interesante aplicación en el estudio de los rayos radiactivos. 3) Introduce la interpretación de Minkowski de la relación física entre espacio y tiempo en términos de una geometría cuatridimensional. Por aquella época (1921), Zhou Changshou publicó su primer ensayo influyente (El origen y conceptos de la teoría de la relatividad) y en diciembre de 1922 publica un ensayo preparatorio de la visita de A. Einstein A Synopsis of the Principle of Relativity en The Eastern Miscellany. Otro de los teóricos mencionados por el autor es Wei Siluan con ocasión de la publicación en 1920 de su ensayo Una concisa explicación del Espacio y del Tiempo. Se trataba de una exploración filosófica del espacio y del tiempo basada en los recientes logros científicos, incluyendo una discusión de la relatividad de la simultaneidad en la relatividad especial. En marzo de 1921, Wei Siluan publicó otro ensayo comparando las teorías newtonianas y einsteinianas sobre el espacio y el tiempo. Finalmente, se alude también a los trabajos de Peiyuan Chou y, en especial de Shu Xingbei, tal vez el único físico teórico chino que, en la década de los treinta, desarrolló investigaciones no sólo en relatividad general sino también en teorías de campo unificado. Unido al descomunal papel ejercido por estas personalidades individuales en el buen entendimiento de las teorías de Einstein, la institucionalización y profesionalización de la institución física también contribuyó decisivamente a la introducción y asimilación de la teoría de la relatividad. Ya en 1919 la Universidad de Beijing fundó el primer departamento de física de China y, llegados a 1930, cerca de 20 universidades chinas tenían departamentos de física o física-matemáticas.
Sin embargo, después de la segunda Guerra mundial, el apoyo soviético ante la crisis que experimentaba China produjo en el campo de la producción científica la introducción del criticismo filosófico soviético de la teoría de la relatividad en las universidades chinas, a la vez que se deterioraba progresivamente la imagen de A. Einstein (Capt. 4. From Eminent Physicist to the “Poor Philosopher”). De ser un agente revolucionario en la ciencia, un pacifista internacionalista que denuncia toda agresión imperialista (en este caso, la invasión japonesa a China iniciada en 1931), pasa a convertirse durante las décadas de los cincuenta y sesenta en un relativista filosófico cuya teoría proyecta una visión del mundo idealista burguesa, una escatología de orden teológico. Es en este sentido como han de entenderse las críticas de Andrei A. Zhdanov, M. M. Karpov y otros autores soviéticos al modelo cosmológico finito de Einstein y su pronta asunción por el discurso científico chino (a través del boletín para las investigaciones de la dialéctica natural, Ziran bianzhengfa yanjiu tongxun), con la clara excepción del periodo que va de 1956 a 1964, coincidiendo con la muerte de Stalin, el deterioro de las relaciones sino-soviéticas, el relajamiento de las políticas del partido comunista chino y el interés personal de MaoZedong en la estructura interna de las partículas elementales.
En general, se puede afirmar que durante la revolución cultural, la figura de Einstein y la teoría de la relatividad fueron objeto de airadas campañas de descrédito, comenzando en Beijing en 1968 y siguiendo en 1970 (Capt. 5. Einstein: A Hero Reborn from the Criticism). En Shanghai, no obstante, la crítica al relativismo tuvo una repercusión más tardía aunque, por el contrario, se perpetuó hasta el final de la Revolución Cultural. En febrero de 1968 Zhou Youhua presentó en la Academia de Ciencias de China un texto paradigmático, apoyado por los estamentos políticos, que criticaba a la teoría a pesar de que desde el campo de la física se denunció su carencia de bases sólidas. Unos meses más tarde se creó la Clase de Estudios Mao Zedong para la Crítica de los Ejes de la burguesía Reaccionaria en Teoría de Ciencias Naturales. Al margen de estos movimientos en la política científica china fueron tres, en opinión de Danian Hu, las razones principales del anatema a la figura de A. Einstein. En primer lugar, la crítica a la teoría de la relatividad aupaba al grupo defensora de la ortodoxia teórica al centro del debate, en tanto que la teoría de la relatividad constituía una de las teorías científicas más influyentes del siglo veinte. En segundo lugar, la teoría de la relatividad suponía un desafío fundamental para la creación de una nueva ciencia proletaria. En tercer lugar, V. I. Lenin proporcionaba, en Materialismo y Empirio-Criticismo (1908), una vía para atacar a la teoría de la relatividad a través de la crítica a los postulados de E. Mach, cuyos planteamientos inspiran en parte la configuración de la teoría. En todo caso, la crítica a las teorías de Einstein tuvo varias consecuencias. En primer lugar, aunque pudiera ser paradójico, se profundizó en los estudios de astrofísica, pese a que tuvieron una orientación contraria al modelo cosmológico del big-bang, considerado una expresión quintaesencial de la ciencia burguesa reaccionaria. En segundo lugar, y como consecuencia no prevista de la campaña de crítica se llevó a cabo la publicación de la colección de trabajos de Einstein. En tercer lugar, se suscitó un interesante debate en torno a la crítica de las teorías físicas modernas (en el que destaca las discusiones sobre la relatividad desarrollados en 1975). Habrá que esperar a 1979, coincidiendo con la ceremonia de conmemoración del cien aniversario del nacimiento de Einstein, cuando finalmente asistiremos a la reevaluación de su obra en China.
A modo de introducción en la materia: Bartholomew, J. R. 1989, The Formation of Science in Japan: Building a Research Tradition; Kwok, D. W. Y. 1965, Scientism in Chinese Thought 1900-1950; Xu Liangying & Fan Dainian, 1982, Science and Socialist construction in China; Dong Guangbi, 1992, Zhongguo jinxiandai kexue jishu shi lungang (An Outline of the Chinese History of Modern Science and Technology). |