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Kim Un-kyung: Cuentos Coreanos del Siglo XX. Madrid: Verbum, 2004

Kim Un-kyung: Cuentos Coreanos del Siglo XX

Madrid: Verbum, 2004

Kim Un_Kyung: Cuentos Coreanos del Siglo XX

La moderna literatura coreana se ha desarrollado durante el siglo XX en paralelo con las diferentes crisis socio-políticas que ha sufrido el país. Siendo así, la literatura coreana ha sido un fiel reflejo de las luchas, decepciones y horrores que ha vivido la sociedad.
En consecuencia, nos hallamos ante una rica diversidad literaria, que se ajusta narrativamente a los diferentes posicionamientos ideológicos y vivenciales frente a los dilemas y desafíos experimentados en la sociedad coreana. Por ello, a nuestro entender, el libro que nos ocupa supone una excelente opción para adentrarse en la literatura coreana del siglo XX porque ofrece una visión bastante completa de la evolución histórica no sólo de los focos temáticos sino también de los estilos narrativos más destacados, pero más en concreto en la forma de cuento, género primordial en la cultura coreana.
El libro se compone de un prólogo en el que la editora Kim Un-kyung ofrece unas pinceladas sobre la historia de la literatura coreana durante el siglo XX. A continuación, se presentan diez cuentos de diez autores diferentes, todos ellos precedidos por una pequeña y valiosa introducción del autor y su relato realizados en su mayoría por críticos literarios coreanos, que vienen a recoger la fértil riqueza narrativa coreana del siglo pasado.

● Hyeon Jin-geon: Un día de suerte
● Kim Yu-jung: Primavera, primavera
● Hwang Sun-won: Una súbita lluvia
● Yu  Jae-yong: El vínculo
● Cho Seon-jak: El muro
● Yun Heung-gil: Crimen colectivo
● Choi In-ho: La habitación de otro
● Im Cheol-u: Una compañía imprevista
● Shin Kyoung-suuk: La imagen de Mija
● Gong Ji-Young: Sueños
Si bien existen controversias sobre cuándo llega la Modernidad a la literatura coreana, parece haber consenso en situar este periodo en el ínterin que va del final de la dinastía Joseon y el comienzo del  periodo de ocupación japonesa (1910-1945), donde emerge un realismo que refleja la situación social deprimente y de escasez que vive el pueblo coreano. Los dos primeros cuentos se ubican en esta sensibilidad literaria, si bien con matices importantes. Un día de suerte es la obra más representativa del mas destacado “cuentista” y pionero del realismo en Corea: Hyeon Jin-geon. En él se expresa la desesperanza de una sociedad ocupada y pobre. Al modo de tragedia griega, se intuye desde un principio la desgracia tras un desenlace esperado, un fatal destino al que el personaje no puede sustraerse, producto no tanto de una deuda moral que el personaje contrae, sino de las condiciones sociales injustas derivadas de una ocupación y de una sociedad alienada.  
En Primavera, Primavera se aborda la pobreza y el analfabetismo que se extiende entre los agricultores del campo. Partiendo de un estilo “llano”, propia del modo de hablar del pueblo, Kim Yu-jung aborda un asunto problemático que, debido a la ocupación japonesa, afectó de manera fundamental a Corea. Es preciso recordar en este punto que Corea se convirtió en el granero de Japón, lo que ocasionó, junto con el establecimiento de elevados impuestos a los agricultores, la depauperización de la clase campesina coreana. Tal circunstancia se evidencia dentro de la trama del relato en la hostil perturbación que las circunstancias sociales existentes ejercen sobre la vida de un campesino cuyo valor fundamental se encuentra en su trabajo. Por un lado, la pobreza le impide desarrollarse como persona en un nivel elemental, pero, por otro, su alienación e ignorancia le convierten en victima del sistema y de sus instituciones.
Una súbita lluvia, a veces titulada El chubasco, es un relato representativo de uno de los mas destacados literatos coreanos, Hwang Sun-won. Esta obra, que se estudia en las escuelas de secundaria de Corea, es un claro ejemplo del estilo simple y preciso del autor. Su tono lírico busca alcanzar la esencia simple de los personajes, manteniendo un equilibrio entre el realismo exterior y la excesiva tendencia hacia la introversión subjetiva, muy propia del idealismo psicológico de Yi Sang, por ejemplo.
Otra sería la perspectiva de los años 60, tras la Guerra de Corea (1950-1953) y la división del país, en la medida en que el escenario literario coreano se caracteriza fundamentalmente por un cuestionamiento de la relaciones con el otro. El vínculo de Yu  Jae-yong, supone una exploración prototípica, sin prestar ya interés por las circunstancias socio-políticas, en el mundo de las relaciones humanas y en el proceso de identificación mutua a través de la unión humana.
Con todo, la literatura también es sensible a la evolución económica de Corea del Sur que, bajo regímenes autoritarios, impulsa niveles crecientes de desigualdad sobre extensas capas poblacionales, abandonadas a la pobreza y a la alienación. En El muro se trae a la luz a los invisibles, a los marginados que vivían detrás de aquel muro beatífico de progreso erigido en las ciudades emergentes de la Corea de los años 60 y 70. Las vidas en el universo de la pobreza están marcadas por la alienación y la autodestrucción, como las del protagonista principal de este relato, cazador de perros, presunto zoofílico y alcohólico que abocará a su familia a la condena de un futuro impuesto.
La invisibilidad no se reduce a los márgenes de la sociedad, sino que en La habitación  del otro, Choi In-ho, la indiferencia y la insolidaridad humanas constituyen la esencia  de las sociedades materialistas modernas. La cotidianidad alienante y el individualismo solitario abocan al individuo al vacio existencial y a la desorientación dentro de la espesa red social del modelo civilizatorio imperante.
Una de las contradicciones sociopolíticas de Corea del Sur es que su crecimiento económico y su bienestar material han venido condicionados por la propia coyuntura geoestratégica del país y por una gestión sometida a la política de gobiernos autoritarios. En Crimen colectivo, Yun Heung-gil retrata el mundo atomizado de la medianía, únicamente preocupada por la auto-supervivencia cotidiana, y la contrapone a la luz que emana del espíritu de los proscritos del sistema, de los luchadores por la libertad que no sólo eran perseguidos por las fuerzas represoras, sino que eran víctimas también de las bajezas y apatía de los individuos-masa.
Otro de los acontecimientos que van conmover sobremanera la escena literaria coreana es la matanza de Gwangju en mayo de 1980, suceso que, no sólo cambió el curso de la política surcoreana al acelerar el advenimiento de la democracia, sino que marcó profundamente a las vanguardias intelectuales, cuya intervención en la misma es de todo punto conocida. En Una compañía imprevista, Im Cheol-u aborda las consecuencias psicológicas y morales que la represión del sistema causa en los individuos. La sensación de extrañeza y de duda moral que acecha a quienes, aún tomando parte, no se implican personalmente y no sufren directamente la represión, muerte o persecución. Y todo ello se acrecienta, en una atmósfera de miedo generalizado, cuando se recibe la incomoda visita del amigo proscrito.
La influencia de lo ocurrido en Gwangju en los escritores surcoreanos se extiende hasta los años 90 y principios de siglo, creando una generación que, a su vez, se convierte en objeto de análisis y crítica dentro de la historia literaria. En tono autobiográfico, Gong Ji-Young retrata en Sueños, las situaciones personales y artísticas que décadas después rodean a “la generación Gwangju”, de tal manera que, tras una auto-crítica literaria redentora, invita a la renovación y lucha artística en el desierto de la modernidad.
La apertura democrática de los 90 en Corea del Sur ha traído consigo una liberación literaria, no sólo temática sino estilística, al margen de los convencionalismos propios de los años ochenta que alentaban un realismo monocorde centrado en cuestiones sociales. Así Shin Kyoung-suuk debe su éxito a su singularidad expositiva. Su estilo sensual y dulce es un llamamiento al arte por el arte, pese a que, cuando presta atención a la naturaleza, se desprovee de argumentos artificiales. Así, en La imagen de Mija se aborda, a través de un recorrido por la naturaleza, la esencia del hombre, sede primordial de afectos y sensaciones. Ahora bien, la autora emprende este viaje sin pretensiones y con una simplicidad y una naturalidad elementales.
En términos generales, esta obra supone una preciosa oportunidad para introducir al lector en la moderna literatura coreana que, víctima del empuje cultural de sus dos potencias culturales, es todavía hoy prácticamente desconocida en Occidente. Fuera de los circuitos comerciales, el único acomodo de la literatura coreana han sido los seminarios académicos, principalmente radicados en las universidades estadounidenses.
Además, la opción por el género narrativo del cuento resulta absolutamente acertada en tanto que representa la base principal de la moderna narrativa coreana. Es cierto que se podrían apuntar algunas ausencias destacadas pero ello no ha supuesto una merma en la coherencia temática e histórica del libro. En resumidas cuentas, felicitamos a la editorial verbum por su apuesta casi en solitario dentro del panorama literario en lengua castellana, con la excepción de meritorias contribuciones mexicanas, en iniciar una línea regular de publicaciones que contribuyen a un mejor conocimiento de la interesante narrativa coreana.

A modo de introducción en la materia: Lee, P. H. Flowers of Fire. Twentieth-Century Korean Stories; Lee, P. H. Modern Korean Literature; Lee, P. H. A History of Korean Literature; Cho Tong-il. Historia de la literatura coreana.

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