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Donald S. López: El Buddhismo. Introducción a su historia y sus enseñanzas. Barcelona: Kairós, 2009

 

Donald S. López: El Buddhismo. Introducción a su historia y sus enseñanzas. Barcelona: Kairós, 2009

Teniendo en cuenta la tremenda cantidad de libros publicados en estos últimos años que abordan, de modo más o menos directo, el tema del buddhismo, no es posible dejar de sorprenderse por el tratamiento dado al corpus interno de este sistema, caracterizado, en la mayoría de los casos, por la incorrección en el análisis interpretativo de principios y términos y por la simplificación, en términos de unidad homogénea, de su evolución histórica. En este sentido, se agradece que, aunque sea con cuentagotas y de manera muy dificultosa, salgan al mercado bibliográfico versiones en castellano de obras sobre la doctrina buddhista como la que aquí prestamos atención, escrita por un reconocido especialista en la materia como Donald S. López, profesor de Estudios budistas y Tibetanos en el Departamento de Lenguajes y Culturas Asiáticas de la Universidad de Michigan. Ya desde la primera página cabe vislumbrar en este libro, de naturaleza divulgativa, una pretensión clarificadora e didáctica, sin que por ello se caiga en la tentación de abundar en las incorporaciones clamorosamente mistificadoras que gran parte de los exégetas occidentales han transmitido respecto a la propia hagiografía y a la doctrina impartida por Buddha. En referencia a ello, el autor se esfuerza, sobre todo en la primera mitad del escrito, por ir eliminando algunos de los errores de interpretación más arraigados en la literatura existente sobre la materia, poniendo especial hincapié en dos aspectos de especial relevancia. En primer lugar, se denuncia con vehemencia el histórico desplazamiento semiológico que ha supuesto asociar al término buddha con el de “iluminado”, algo que no se atiene en absoluto a las raíces etimológicas del mismo, y que más bien se aplica muy recientemente (desde finales del siglo XIX) para suavizar o, incluso, eliminar las distancias y saltos de comprensión que para un occidental, más familiarizado con el imaginario teológico cristiano, supone su abordaje de la doctrina buddhista. Más aún, la terminología empleada a lo largo del tiempo en los estudios occidentales ha servido fundamentalmente para homogeneizar e identificar corrientes espirituales que nunca hasta entonces habían adquirido esa auto-conciencia como algo unitario. Al mismo tiempo y forma paralela, la adaptación conceptual debe entenderse también en el contexto de una reacción defensiva protagonizada por las alas más radicales del cristianismo con las miras puestas en la conservación de su posición predominante como religión mundializada. Esta es la razón por la que el autor, guiado por un férreo sentido de rigurosidad histórica, se inclina por destacar la existencia de un rico, y en muchas ocasiones controvertido e incluso virulento, debate interno entre diversas tradiciones buddhistas divergentes y por imaginar una unidad idealizada que nunca ha existido. En Sri Lanka, lo que nosotros llamaríamos buddhismo se conoce simplemente como sāsana, la enseñanza en el Tíbet, se conoce comúnmente como nang pa’ichos, la religión interna. En China es fo jiao, la enseñana de Buddha (en chino fo se pronunciaba en el pasado como budh). En Japón, es butsudō, la vía del Buddha. A lo largo de la historia de estas tradiciones, a parte del reconocimiento general de la India como el lugar de Nacimiento del Buddha, ha existido una escasa noción de que estos nombres distintos se refiriesen a una misma entidad, que nosotros llamaríamos buddhismo. Más bien eran como dialectos distintos, no siempre mutuamente comprensibles (p. 42).
Las virtudes del libro, en cualquier caso, no se limitan a este ejercicio genealógico. Otro de los detalles que llevan a destacar su originalidad es que aborda cuestiones clave de la doctrina buddhista que sin duda van más allá de las cuestiones y digresiones colaterales a la legendaria biografía del Śākyamuni y, por supuesto, los ejes centrales de su dharma-vinaya. Un ejemplo de ello es que el autor da comienzo a su obra, antes de internarse en la biografía convencional del personaje histórico nacido en el siglo V antes de nuestra era, con una exposición general de la perspectiva buddhista del universo. Así, dedica un espacio significativo a dirimir los laberínticos asuntos ligados al proceso cosmogónico y al periodo temporal por el que transcurre nuestro universo desde los seis reinos de la existencia (dioses, semidioses, hombres, animales, espíritus y seres infernales), el cual experimenta, como una constante indefectible e insalvable, una fase inicial de creación, otra de permanencia, de destrucción y finalmente la nada. Ahora bien, más allá de la aparente dinámica de transformación ontológica de todo lo existente en nuestro mundo y en otros o de la identificación topográfica de los cielos e infiernos a los que está destinado todo ser vivo, existe una realidad última descubierta por los buddhas del pasado y del futuro  y que se haya velada por el manto ilusorio generado por los cinco agregados o skandhas (la forma, la sensación, el discernimiento, las formas condicionantes que mantienen una apariencia de perdurabilidad a través de los doce nexos del transcurso de la vida, nidāna, -ignorancia, acción, consciencia, forma / nombre, bases de los sentidos, tacto, apego, apropiación, existencia, nacimiento, envejecimiento, muerte-, y la conciencia). Donald S. López nos indica que para encontrar en el buddhismo una teoría coherente sobre este comprometido tema habrá que esperar al s. II de nuestra era. No hay duda al respecto, el desvelar la auténtica realidad de la existencia y el conocimiento de la vacuidad (śūnyatā) queda sistematizado por la generación encabezada por Nagarjuna (Mahāyāna).
De la biografía de Siddhārtha, a la que el autor dedica el segundo capítulo del libro, merece la pena resaltar la exposición, pese a que se realiza con cierto esquematismo, de las distintas discusiones en torno a lo que aquél contempló durante la tercera noche, momento en que alcanza “el despertar” y las cuatro verdades. Lejos de ser un elemento trivial, la orientación dada a la interpretación de este decisivo hecho vivencial posee profundas implicaciones en el plano doctrinal ya que van a determinar la comprensión de la doctrina en torno a la corriente Mahāyāna (“El Gran Vehículo”) cuyos sūtras habrían de ser revelados con posterioridad por diversos motivos (falta de preparación de los oyentes de su tiempo, selección del momento oportuno,…). Aquí acontece, por un lado, una reconstrucción textual de la naturaleza del Buddha, quien pasa de la condición de ser humano a ser concebido, más bien, como un buddha real desde hace eones y descendido al mundo para extender el mensaje doctrinal. No parece extraño que, a partir de esta reinterpretación de gran calado, se suscitaran los comprensibles debates sobre la manifestación terrenal de Buddha y la posibilidad de que hubiera adoptado una forma encarnada (poseyendo  cuerpo físico y cuerpo mental) o, simplemente, un “cuerpo aparicional”. Y esta no es sino una de las grandes problemáticas originadas por la particular  recepción de la doctrina buddhista, ya que, además de lo anterior y a modo de agravante sobrevenido, debemos aguardar algunos siglos más, en esto el buddhismo no es en modo alguno una excepción, para disponer de los primeros testimonios escritos y referencias manuscritas del legado del Buddha (el cual se mantuvo impartiendo enseñanzas durante 45 años sin dejar nada por escrito), circunstancia que afecta no sólo a los sūtras del Mahāyāna, sino también a los propios sūtras pālis, considerados por los buddhistas Theravāda contemporáneos como el registro más fidedigno de lo que el Buddha enseñó realmente. Aunque la tradición nos dice que fueron Upāli (respecto al código de disciplina monástica) y Ānanda (respecto a las enseñanzas) quienes dejaron expuesto para la posterior consideración de la comunidad (la shanga) el mensaje de Buddha, que será estructurado en las subsiguientes reuniones conciliares en la forma del Tripitaka (los Tres Cestos: el dharma, el vinaya, el abhidharma), los límites y extensión del Dharma nunca ha estado cerrado en el contexto de las diversas escuelas. No ha pasado desapercibido para Donald S. López, y así nos lo hace saber en el tercer capítulo, las consecuencias que derivaron de las batallas dialécticas entre las diversas corrientes para imponer su interpretación y alzarla en la supremacía explicativa. De hecho, se  trata éste de un problema que afecta de manera directa a la génesis histórica de la vertiente Mahāyāna, unos 400 años después de la muerte de Buddha (sobre todo, a partir de la llamada etapa de los tratados). Bajo este novedoso enfoque, los sūtras se abrieron a la reflexión y a la reinterpretación constante. Ciertas alusiones contradictorias del maestro, el verdadero sentido de su mensaje y la necesaria armonización de su significado con las necesidades de los diferentes oyentes fueron objeto de intenso debate, con las miras puestas, eso sí, al definitivo apuntalamiento del tercer giro de la rueda del Dharma (donde discierne con claridad el modo de ser de las cosas), esto es, la consolidación del principio doctrinal del Gran Vehículo frente a las verdades provisionales delTheravāda. Es más, la cuestión de la interpretación escritural supone también un hecho fundamental en la propia evolución doctrinal del buddhismo ya que juega un papel concluyente en la relativa postergación del arhat como vehículo del despertar a favor del bodhisattva. En cualquier caso, este tipo de batallas de silogismos y razonamientos pasan a un segundo plano cuando se confrontan con la estricta formalidad de la vida monástica o los hábitos de fe de los practicantes laicos, asunto al que nuestro autor dedica los dos siguientes capítulos del libro. Lejos de satisfacer la visión cuasi-romántica que en Occidente se ha construido del monje oriental, cuya vida aparece alejada de los mundanales quebraderos de cabeza que acechan al individuo, el buddhismo se alza alrededor de discípulos y seguidores con preocupaciones reconocibles e incluso familiares, lo que testimonia su apego a este mundo. Tengamos en cuenta que, como afirma el autor, “los votos siempre han definido a un monje buddhista a lo largo de los siglos, mucho más que la adhesión a una posición doctrinal en particular” (p. 222). Pese a las desviaciones que se hayan podido producir en estos dos mil quinientos años, la centralidad de la disciplina monástica en alcanzar el despertar, aunque esté bien claro todavía su naturaleza y los medios para alcanzarlo, se mide por el hecho de que será lo último en extinguirse cuando en un futuro, según las escrituras sagradas, desaparezca el Dharma, la enseñanza de Śākyamuni y sea preciso el advenimiento de Maitreya. Estos y otros muchos aspectos, aunque sea como meros apuntes, se hayan contenidos y expuestos en esta obra que aspira a abordar los principios filosóficos del buddhismo con rigurosidad sin desatender las coordenadas propedéuticas desde las que fue gestado. Animamos, pues, a su lectura pausada y reflexiva, de esta manera a buen seguro que el lector podrá disipar algunos de los malentendidos y equívocos, las adulteraciones y falseamientos que han acompañado históricamente a un corpus filosófico tan complejo como es el buddhismo.
A modo de Introducción en la Materia: López, D. S. Buddhista Scriptures, 2004; López, D. S. Buddhism in Practice, 2007; Burnouf, E. Introduction to the History of Indian Buddhism (Buddhism and Modernity), 2010; Tola, F. & Dragoneti, C. Filosofia en la India - Del Veda al Vedanta - El sistema Samkhya, 2008.

 

A modo de introducción en la materia: Caminati, L. Orientalismo eretico. Pier Paolo Pasolini e il cinema del Terzo Mondo. Milano: Mondadori Bruno, 2007; Biondi, T., Lo sguardo antropologico di P.P. Pasolini, La rivista del documentario - Anno 1 n. 4 luglio 2006

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