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Carlo Saviani. El Oriente de Heidegger

Carlo Saviani. El Oriente de Heidegger.

Barcelona: Herder Editorial, 2004

El Oriente de Heidegger

No podemos considerar la obra de Carlo Saviani como una de tantas empresas teorizadoras en torno a las densas cavilaciones escritas por M. Heidegger. Tampoco es conveniente incluirla en la lista de inmensos manuales propedéuticos de la compleja y profunda obra del filósofo alemán. El escueto contenido del libro, que a duras penas alcanza, con los apéndices (conversación con Hōseki Shin’ichi Hisamatsu, ensayo de Paul Shih-Yi Hsiao, conversación con Tomio Tezuka, conferencia de Kōichi Tsujimura), las ciento cincuenta páginas, nos disuade a considerarlo así. Sin embargo, lo que presenta el autor reviste un interés especial ya que supone una de las primeras obras en lengua española, si no la primera, que se ocupa y se pre-ocupa de las intensas y, a veces, promiscuas, relaciones de lo pensado y dicho por Heidegger y las evocadoras referencias poético-filosóficas del pensamiento extremo-oriental (sobre todo, en lo que concierne a la corriente taoísta y al budismo Zen). Ahora bien, si hemos de ser precisos, debemos hacer notar que el enfoque planteado por el autor no incluye apenas apreciaciones reflexivas de cuño propio o comentarios críticos que se internen en el meollo del asunto. La obra ofrece tan sólo, que no es poco, un elaborado encuadramiento cronológico y filosófico de aquellos contactos, personales o epistolares, mantenidos por M. Heidegger con autores japoneses adscritos al budismo Zen (Daisetz Teitaro Suzuki), a la filosofía en general (Shūzō Kuki, Tomio Tezuka, Takehiko Kojima) o a la influyente escuela de Kioto (entre otros, Kitarō Nishida, Hajime Tanabe, Hōseki Shin’chi Hisamatsu, Keiji Nishitani) y, por supuesto, una presentación de aquellos fragmentos textuales pertenecientes al legado sapiencial del taoísmo tradicional (sobre todo, el Tao-Te-King o el Zhuang-zi) que fueron objeto de especial interés por parte del filósofo alemán. Se trata, a todas luces, de una imagen de conjunto reveladora que se ve complementada con los textos más significados escritos por M. Heidegger en los que hace referencia explicita a la deuda contraída, pero no siempre reconocida, con el acervo reflexivo de Extremo-Oriente.
En tal sentido, el interesante trabajo de recolección llevado a cabo por Carlo Saviani resulta, a nuestro entender, un primer paso de gran validez para entrar en la lectura de obras de mayor enjundia teórico-reflexiva (preciso es hacer referencia a las obras de G. Parkes, Heidegger and Asian Thought; y R. May, Heidegger’s Hidden Sources). Sólo desde este perspectiva, si se quiere, más ambiciosa, es decir, yendo un poco más allá de los fines expositivos de este libro, podremos reconocer en su justa medida la relevancia que tuvo este contacto entre culturas gnoseológicas divergentes dentro de la trama filosófica heideggeriana. Entre otras razones, porque las profundas deudas contraídas por M. Heidegger al respecto quedan difuminadas y oscurecidas muy frecuentemente no sólo por la consciente gestión estratégica del propio filósofo sobre su obra sino también por la interpretación posterior, centrada exclusivamente en los tropos clave de la metafísica occidental. En todo caso, debemos insistir en la importancia de la propuesta contenida en la obra por varios motivos. En primer lugar, porque en ella se insiste repetidamente sobre el hecho de que M. Heidegger tal vez sea uno de los pocos filósofos occidentales del momento que asumen con naturalidad, frente al ensimismamiento solipsista que asola los cenáculos filosóficos de Occidente (bajo las máscaras de un post-hegelianismo soterrado, un neo-kantismo imperante o un neo-clasicismo ensoñador), la necesidad de prestar oídos, si es que hay algo que pueda escucharse, a lo que viene de tierras orientales. A decir verdad, M. Heidegger ya había abonado el terreno, al poner sobre la mesa problemas del devenir filosófico occidental tradicionalmente recluidos en el ocultamiento, para suscitar la afinidad con el legado meditativo de otras latitudes. No es casual, pese a la sorpresa que asalta al filósofo por el profundo grado de comprensión de su obra en un territorio, tan lejano geográfico y culturalmente, como Japón, que algo de lo dicho por M. Heidegger ya estuviera escrito en antiguas obras cumbre chinas o que fuera familiar y resonara en los oídos de ciertos místicos y pensadores orientales. De ahí que, si prestamos atención a la lectura de su obra, encontremos afinidades y divergencias, correspondencias, analogías y tal vez, algo que se ha empezado a sospechar en los últimos tiempos, préstamos y apropiaciones de diverso alcance y envergadura.
Por otro lado, uno de los más ingeniosos ardides del autor para ordenar las citas dispersas al pensamiento extremo-oriental dentro de la obra de M. Heidegger, así como las entrevistas y diálogos personales con filósofos de raigambre no-occidental, es la de estructurar todo aquel maremagnum de información en torno a uno de los ejes reflexivos que discurrirán omnipresentes en su trayectoria filosófica, incluso más allá del archiconocido giro de perspectiva, a saber, la cuestión de la nada. Digamos a este respecto que tras la cuestión de la nada se oculta una postura decidida por la deconstrucción ego-onto-teo-lógica de la metafísica clásica y, en consecuencia, por una transformación substancial en el modo de enfocar la idea del ser en tanto que realidad aún no resuelta en la tradición filosófica occidental. Dicho de otra manera, la nada o el ser (o podemos decir también el claro abisal como fundamento que anonada en el fondo de cada ente) trasciende el plano de representación y de limitación i-limitada en la que descansa el ser-ente. En todo caso, la aclaración temática del sentido del ser, sin caer en las exploraciones de abstrusa etimología impulsadas por M. Heidegger ni en las implicaciones respecto a las tendencias nihilistas de alcance universal que asolan al futuro de la civilización occidental, se sitúan en un escenario de franco diálogo con el pensamiento oriental, ya sea a través de su confrontación con el taoísmo o con su interlocución con destacados representantes del budismo Zen. Pero, sea como fuere, la aproximación, desde un punto de vista hermenéutico, que M. Heidegger alienta hacia el concepto esencial de wu (decididamente, no la nada absoluta sino la indeterminación de la que emergen todas la identidades. O sea, el no-ser activo: wu wei) permite reincorporar, como ya se ha comentado anteriormente, ciertas concepciones sumamente peligrosas para la salvaguarda de la estabilidad de aquella metafísica occidental enrocada en las cualidades teológico-idealistas del ser.
Por último, un breve comentario sobre el peculiar titulo del libro ya que nos adentra en una problemática de difícil solución. ¿Dónde está localizado el Oriente de Heidegger?. He aquí un enigma que aún perdura en su obra ya que todavía no ha sido ni mucho menos aclarado hasta qué punto fue clave su travesía por aquella lejana y extraña racionalidad o, por el contrario, y si nos atenemos a la literalidad de lo dicho por Heidegger sobre la necesidad de retornar a las propias raíces de nuestro trasfondo  cultural, todo consistió en un mero acicate para sumergirse en el “oriente” de su propia teoría. Un Oriente que, si se mira bien, resulta extremadamente occidental.
Sea como fuere, hemos de saludar la obra de Carlo Saviani como una sugerente invitación a visitar el proyecto filosófico de M. Heidegger desde otro punto de vista. Con una mirada distinta, pero enriquecida también con los matices de una geografía ignorada, la del Extremo-Oriente, sobre la que el filósofo alemán, sin embargo, prestó una inusitada atención.
A modo de introducción en la materia: May, R (1996). Heidegger’s Hidden Sources: East Asian Influences on His Work; Parkes, G (1990). Heidegger and Asian Thought; Hirsch, F. E (1970). Martin Heidegger and the East; Sandford, S (2003). Heidegger, East Asia and the “West”.

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