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Rui Manuel Loureiro. Fidalgos, Missionários e Mandarins. Portugal e a China no Século XVI. Lisboa: Fundação Oriente, 2000

Rui Manuel Loureiro. Fidalgos, Missionários e Mandarins. Portugal e a China no Século XVI

Lisboa: Fundação Oriente, 2000

Rui Manuel Loureiro: Fidalgos, Missionarios e Mandarins

Si por algo cabe destacar la extraordinaria importancia de este libro es porque nos introduce de manera densa y muy documentada en la historia de la presencia portuguesa en China durante el siglo XVI. De esta forma, traer a colación esta versión de la tesis doctoral presentada por R. Manuel Loureiro en la Facultad de Letras de la Universidad de Lisboa en febrero de 1995 posee la virtud de llenar el escandaloso vacío existente cuando de la empresa lusitana en Extremo Oriente se trata.
Así las cosas, no resulta nada extraño que, a pesar de que las relaciones entre Portugal y el Imperio Celeste durante el siglo XVI han ejercido una especial fascinación sobre los investigadores portugueses, como lo atestigua el inmenso y valioso material bibliográfico acumulado al respecto, no hayan faltado tampoco serias limitaciones en la prospección de este periodo, debido, entre otras razones, a la obsolescencia de las diversas síntesis históricas, dado el descubrimiento de reciente documentación, y a la excesiva limitación de los estudios parciales que se desarrollan en la actualidad. Hay motivos, según el autor, para abordar el asunto desde una nueva perspectiva, mediante la reconstrucción de las “vivencias” portuguesas de China a lo largo del siglo XVI, el papel de la corona lusitana y las reacciones de las autoridades chinas y las penetraciones portuguesas. Dos episodios históricos, aunque muchos otros continúan en la sombra, pueden ser referenciales para tales fines: la embajada a Pekín de Tomé Pires en 1517-1521 y, por supuesto, la fundación de Macao en 1555-1557.
Guiado por ese objetivo, R. Manuel Loureiro entra de lleno, tras dos breves capítulos dedicados a la imagen de China y a los contactos con Europa durante la antigüedad, en el siglo XVI y en el descubrimiento portugués de una vía marítima hasta India (a través, primeramente, de Bartolomeu Dias y después de Vasco de Gama) y, por tanto, un acceso directo a tierras asiáticas. Será a partir de entonces cuando comience a recopilarse una gran cantidad de información sobre China (destaquemos al respecto las cartas del rey Manuel I, es decir, las cartas manuelinas), sobre todo, poniendo especial énfasis en un cierto número de productos exóticos extremadamente valiosos que arriban a Occidente a través de los viajes de la armada de Álvares Cabral.
No está de más señalar que el intento de conseguir una presencia regular en el Sudeste Asiático, se precipita dentro de un contexto internacional de tensa pugna con Castilla que también tiene planes inmediatos para asegurarse un papel destacado en aquella región del planeta. De ahí que la expedición de 1508 a cargo de Diogo Lopes de Sequeira hacia Malaca, lugar, por otra parte, donde recalaban tradicionalmente muchos juncos chinos por motivos comerciales, resulte fundamental ya que, de acuerdo con todos los datos, se establecen los primeros contactos directos entre Portugal y China. Si nos atenemos a la fuente más fidedigna de este primer encuentro, el anónimo titulado Crónica do Descobrimento, parece ser que las primeras relaciones tuvieron lugar en septiembre de 1509, y posteriormente, en 1511, con la llegada de la flota de Alfonso de Albuquerque y la definitiva ocupación de Malaca. Ocupado este puesto comercial de altísimo valor estratégico, Portugal  abre irreversiblemente las puertas hacia China.
Sobre los propósitos de los portugueses por establecer vínculos marítimos con China nos pone sobre aviso la multitud de cartas y mapas detallados (en lo que constituiría la primera representación europea de la geografía china) elaborados por Francisco Rodrigues en su Camynho da China. A pesar de la inexactitud de los datos contenidos en esta obra, servirá, no obstante, como una fuente imprescindible durante el primer viaje portugués en dirección al imperio celeste que, sorprendentemente, será realizado a bordo de un junco asiático, tripulado y pilotado por malayos y chinos. Nos referimos a los viajes precursores de Jorge Álvares (1513-1514) y de Rafael Perestrelo (1515-1516).
Con todo, serán Tomé Pires y Duarte Barbosa quienes van a contribuir decisivamente en la formación de una imagen de China en la cultura portuguesa. De ser un horizonte de expectativas asociadas a productos exóticos, de ser una tierra incógnita, va a pasar a constituir un referente definido en la visión portuguesa de Asia. A través de la política de recogida  de información de la empresa ultramarina portuguesa, en 1515 ya están concluidos las grandes tratados portugueses de geografía asiática: la Suma Oriental de Tomé Pires (hombre de confianza de Albuquereque) y el Livro de Duarte Barbosa (figura destacada en la oposición a la política albuquerquiana).
En lo que respecta a Tomé Pires, todo apunta (aunque el hecho todavía es objeto de discusión) a que fue responsable principal de la embajada organizada en la expedición de Fernão Peres de Andrade en 1517. Su permanencia durante más de un año en el litoral de China (sobre todo en Cantón) marca un segundo paso cualitativo en los contactos de los portugueses con China después de la conquista de Malaca (donde habían contactado con anterioridad). Sin embargo, la presencia de los portugueses en Cantón, luego de una primera recepción y acogida amistosa por parte de los chinos, se interpretará como un asentamiento hostil debido a varios errores estratégicos (equiparar el imperio celeste a otras civilizaciones asiáticas contactadas anteriormente y adoptar el mismo comportamiento agresivo, liderado por el arrogante Simão de Andrade, demostrado en otros lugares) que desembocará en un fracasado intento de asentamiento en China y la ruptura de las relaciones luso-chinas. “Por um lado, os portugueses cometeram demasiados erros tácticos, motivados pelo total desconhecimento das principias características da civilização chinesa. Por outro lado, a China revelou uma invulgar capacidade de resistencia à intrusão dos navegadores europeus, recusando qualquer tipo de relacionamento oficial com os estrangeiros” (pp. 678-79).
Mientras tanto e ignorando lo ocurrido en Cantón, la embajada de Tomé Pires consigue en 1520, tras intensos esfuerzos diplomáticos, la autorización para dirigirse a Pekín a donde llegan, según todos los indicios, a finales de ese mismo año. Un hecho desgraciado habría de cambiar el curso de la misión ya que, durante su estancia en el palacio destinado a las misiones extranjeras en espera de una audiencia, muere el emperador Zheng De, tras un accidente de barco. Ello coincide con la aparición de encendidas controversias entre los miembros de la embajada portuguesa y los gobernantes chinos a la hora de entender la política externa y las relaciones con otros estados. En otras palabras, los parámetros de reciprocidad por los que Portugal pretende establecer vínculos no coinciden en absoluto con los términos de subordinación sobre los que China, que reconoce al emperador como “hijo del cielo” cimenta su política exterior. Si todo esto no fuese suficiente, se genera, además, un problema de credenciales y de legitimidad de la propia embajada en el contexto tributario chino. Como consecuencia, el 14 de agosto de 1922, Tomé Pires y los restantes miembros de la embajada son acusados de entrar en territorio chino bajo falsos pretextos. Comienza un periodo dramático de confrontación entre China y Portugal que no terminará de amainar hasta el año 1527, fecha en la que se dan tímidos pasos para el restablecimiento de las relaciones con China. La reaparición de los juncos chinos, que comienzan a frecuentar de nuevo el puerto de Malaca, pronostica una tendencia hacia el encuentro mutuo que quedará confirmada cuando en 1529 se reabran los puertos de Guangdong a la navegación extranjera. A partir de entonces, los acontecimientos se sucederán sin solución de continuidad. En 1533 se abre de nuevo el camino a China, como resultado de los tratados de paz establecidos por Manuel Godinho en Pão y Patane. A pesar de que la ciudad de Cantón seguía siendo una plaza prohibida para los portugueses el acuerdo les permite frecuentar el litoral de las provincias chinas de Fujian y de Zhejiang. Con todo, será la llegada en 1542 / 43 a Japón lo que tendrá enormes repercusiones en el desenvolvimiento de las relaciones luso-chinas ya que la lejanía del archipiélago nipón hacía obligatorio la realización de una escala técnica en territorio chino. Esa parada era aprovechada para la adquisición de seda china, producto indispensable para el éxito del viaje a Japón.
Tampoco hay que olvidar que este aperturismo coincide con la llegada a Goa de los primeros misioneros jesuitas (recordemos a Francisco Javier y su conquista espiritual de China), quienes van a impulsar en Occidente un creciente interés cultural por los hechos asiáticos. Así, gracias en parte a la ingente labor de transmisión de información realizada por la orden, comienzan a aparecer obras impresas sobre China, de entre las que podemos destacar De Gloria (D. Jerónimo Osório), Historia do Descobrimento e Conquista da Índia pelos Portugueses (Fernão Lopes de Castanheda -volúmenes 4 y 5-), Décadas (João de Barros) y, por supuesto, Historia de Fernão Lopes de Castanheda.
Conforme transcurre el tiempo esta nueva situación se ve reforzada con acuerdos posteriores, como el establecido por Leonel de Sousa con los mandarines de Cantón (1553-54), lo que provocó un crecimiento exponencial del tráfico entre Malaca, los puertos de China y Japón. Los mercaderes portugueses se adaptan perfectamente a los nuevos tiempos ya que ahora disponen de la autorización para frecuentar las islas de Sanchoão y Lampacau, además de la península de Macao, donde establecen una base provisional que se convertirá, en poco tiempo, en la base estratégica de todo el tráfico lusitano con extremo-oriente. Con el aumento del tráfico comercial se experimentará una auténtica explosión informativa sobre el Imperio Celeste, como lo demuestran Enformaçao da China (Pe. Melchior Nunes Barreto), Tratado (Galiote Pereira), Os Lusiadas (Luis de Camões), Os Commentarios (Alfonso Brás de Albuquerque), Década III (João de Barros), Colóquios dos Simples e Drogas da Índia (Garcia de Orta), Tractado em que se contam contam muito por estenso as cousas da China (Fr. Gaspar da Cruz), etc. Con todo, no se llegará a poseer una imagen íntegra del pueblo chino sino, más bien, referencias fragmentadas, derivas de la presencia muy localizada de los portugueses en China.“Con efeito, os portugueses, até 1583, contactaram quase exclusivamente com as regiões marítimas da China, por sinal bastante prósperas, e sempre a través de intérpretes, uma vez que desconheciam a língua chinesa. Assim, embra pudessem confiar, até certo ponto, nas suas propias percepçoes, foram obrigados a generalizar, a partir de uma experiencia relativamente limitada. As imagens portguesas da China, no século de quinientos, eram imagens de uma determinada porçao do mundo chinês, que de modo algum podiam ser estendidas à totalidade do imperio. Aliás, bem cedo os missionários jesuitas iriam descobrir um outro lado da china, precisamente a partir de um conhecimento íntimo da língua chinesa e de viagens mais ou menos dilatadas pelas provincias interiores” (p. 684).
Con gran profusión de datos y referencias bibliográficas, pero también haciendo uso de un lenguaje sugestivo y pedagógico, el autor culmina una obra altamente recomendable para todo aquel que desee profundizar rigurosamente en la desconocida aventura marítima de Portugal y, por supuesto, en las intensas relaciones históricas de este país con China.

A modo de introducción en la materia: Costa, J. P. Os Portugueses na China; Elliot, J.H. O Velho Mundo e o Novo, 1492-1650; Fok, K. C. The Macao Formula: a Study of Chinese Management of Westerners from Mid-sixteenth century to the Opium War Period; Rodrigues, V. L. A apropriação das rotas comerciais no Índico pelos Portugueses durante o século XVI.

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