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El texto objeto de nuestra consideración en las líneas siguientes representa, sin atisbo ninguno de duda, una de las cumbres más sobresalientes del patrimonio reflexivo humano. Es por ello que no se puede estar suficientemente agradecido a la labor de la editorial Siruela por acercar al lector las certeras meditaciones de Nāgārjuna, otorgando una oportunidad para testar así hasta qué punto el horizonte cognitivo occidental es absolutamente solvente en su función explicativa de lo que acontece en la existencia. Además, el texto que se presenta en este trabajo no es uno cualquiera, sino la referencia nuclear del pensamiento de este maestro indio, fundador de la escuela de la vía media o Madhyamaka. Se trata del Mūlamadhyamakakārikāh, que podría traducirse como “las estrofas fundamentales de la vía media” y del que tenemos las primeras noticias de su contenido en Occidente a través de la primera edición realizada por el gran budólogo belga Louis de la Vallée Poussin entre los años 1903 y 1913. El carácter fundamental de la obra no queda justificado exclusivamente por constituir una de las más altas expresiones de la particular metodología dialéctica, basado en el explícito rechazo de las dos opciones de un dilema (existencia-inexistencia, eternidad-nada, etc.), desarrollada por Nāgārjuna y sus seguidores (entre los que cabría destacar a Āryadeva, Shantideva o Bhavaviveka). También hay que tener en cuenta, y esto tal vez sea de mayor importancia, que este tratado supone un muestrario paradigmático de las preocupaciones de la cosmovisión india que, en ocasiones, convergen con los grandes temas de la metafísica occidental (la causalidad, el movimiento, la percepción sensorial, el agente y la acción, lo aparente y lo real, la esencia y la característica, la diferencia y la simultaneidad, el espacio y el tiempo). Por si esto no fuera suficiente, es preciso añadir que la postura de Nāgārjuna es refractaria a cualquier aproximación dogmática que se encierre en las limitantes constricciones del pensamiento conceptual y de las disyuntivas ontológicas que de ellas se derivas. En ese sentido, en este tratado filosófico se asiste a un enfoque ciertamente singular, que somete el entramado teórico-especulativo del budismo tradicional (los factores de la personalidad (skandha), el fuego y el combustible, el deseo, el sufrimiento, el Tathāgata (el Buda), el karma, la condicionalidad de los dharma, las tendencias mentales, las turbaciones (klesa), las nobles verdades, el nirvana y las opiniones (drsti)…) a una criba radicalmente antiesencialista. En ningún lugar descubriremos jamás una entidad que podamos considerar como surgida a partir de sí misma. [Tampoco será posible suponer] que se origine a partir de otras o pensar que surja como resultado de una combinación de las dos posibilidades anteriores. [Por último, carece de sentido pensar que] las entidades puedan originarse sin causa [es decir, de forma aleatoria o por casualidad] (p. 55). Nada en el universo emerge desde la independencia existencial de una naturaleza propia. Todo, incluso el espacio y el tiempo, parte de un “origen condicionado” (pratītyasamutpāda), doctrina nuclear que nos lleva a la noción de vacuidad (sūnyatā), en la medida en que el descubrimiento de la no perdurabilidad del universo fenoménico, puesto que no posee una plenitud auto-contenida, demuestra la tendencia a la efímera disipación de todo lo que se encuadra dentro del vagabundeo samsārico. Además, dado que todas las entidades son vacías, todas las conjeturas acerca de la permanencia [la eternidad y demás] ¿de dónde procederán?, ¿a quién se le ocurrirán?, ¿cuáles serán y de dónde partirán esas conjeturas? (p. 203). Y que decir de la experiencia humana, aquella centella vital que orbita entre la existencia y la inexistencia, y que, a los ojos de Nāgārjuna, no sería sino una mera ilusión, un fugaz sueño especular de aquello que nunca fue.
Por cuestiones del caprichoso azar, la propia existencia histórica de Nāgārjuna ha quedado enterrada bajo las tinieblas del pasado. Es cierto que casi todos los investigadores coinciden en situar su nacimiento en el sur de la India, cerca de Amarāvati, en torno a los años 150 y 250 de nuestra era. Sin embargo, no es posible rehuir las polémicas controversias que todavía hoy en día se establecen en torno a la cronología vital de esta figura tan importante. Entre otras razones, porque, a pesar de que existe una opinión generalizada a su favor, no está ni mucho menos claro que viviese en el siglo segundo. Esta tesis parte inicialmente del artículo de K. R. Subramanian en 1932 en el que, recogiendo los resultados de la investigación arqueológica del periodo, sitúa la trayectoria vital del maestro en el periodo que oscila entre el año 50 y el 120. Qué decir tiene que esta presunción más o menos fundada se acogió como una referencia de gran autoridad por los estudios posteriores y llega hasta nuestros días con trabajos como los que desarrollan D. Kalupahana o Shohei Ichimura, en los que siguen al pie de la letra (con alguna mínima variación) esta localización temporal de la figura real de Nāgārjuna. Otras interpretación han encontrado más dignas de confianza las fuentes chinas frente a las indias (la crónica más antigua que nos ha llegado sobre la vida de Nāgārjuna procede de China y data del siglo IV, a cargo del más célebre de las traducciones budistas: Kumārajiva) y, en este caso, sitúan el nacimiento de Nāgārjuna más tarde, allá por el siglo IV (año 300). Además, el de la autoría de numerosos textos que se consideran auténtica creación del maestro es otro de los problemas más acuciantes para la tradición exegética del legado de Nagarjuna (véase sobre ello C. Lindtner o I. Mabbett). En cualquier caso, lo que está fuera de toda duda es que una gran confusión se cierne sobre la vida de Nagarjuna ya que, junto con las consabidas distorsiones en la interpretación de los textos, ha habido una muy arraigada inclinación en otorgar a Nagarjuna una aureola de trascendencia mistificadora, al punto de considerarle incluso una figura sobrenatural. Es cierto que a la clarificación y comprensión de sus planteamientos filosóficos no ayuda en absoluto la naturaleza de sus textos, de gran complejidad y plagados de paradojas y contradicciones. En este sentido, la adopción de esta técnica metodológica argumental, que algunos autores lo ven cercana a la tradición discursiva de la mística occidental, no es fortuita. En primer lugar, porque sólo empleando este sistema de estrujamiento estratégico del caparazón lógico del lenguaje es posible alcanzar los últimos confines del pensamiento y dejar a la intemperie la dependencia de las entidades que consideramos reales con las figuraciones mentales. No hay esencia propia (svabhāva) sino una proyección cognitiva que, a todas luces, nos introduce de modo abrupto y descarnado en uno de los problemas más difíciles de resolver, debido los propios basamentos axiales sobre los que se ha construido, por la epistemología occidental moderna. Llevado este principio al plano entendido en Occidente como “ontológico” nos llevaría a colegir la imposibilidad de una condición absoluta en la existencia y la reivindicación, en cambio, del relativismo y de la contradicción como estado que se encuentra instalado de raíz en el corazón mismo de la realidad. Con todos estos mimbres no han faltado quien ha entendido los textos de Nāgārjuna, erróneamente a nuestro entender, desde una óptica metafísica incrustada en sus laberínticos juegos lingüísticos o en sus densas elucubraciones conceptuales. A ello ha contribuido la influyente tradición tibetana (basada en el Candakīrti) y la propia trayectoria Mahāyāna desde su asentamiento en China, Japón y Corea, que ha concebido la empresa de Nāgārjuna como una aproximación no-empírica. Nada más lejos de la realidad, si por algo habría que calificar su obra es por ser el emblema quintaesenciado de comprensión experimental de lo real. Pero dejémonos de tediosos y abstrusos prolegómenos para pasar a recomendar muy vivamente esta excepcional obra que en ningún caso pasará desapercibido para el lector avezado.
A modo de introducción en la materia: Arnau, J. La palabra frente al vacío. Filosofía de Nagarjuna, 2005; Lindtner, C. Nagarjuniana. Studies in the writings and philosophy of Nāgārjuna, 1982; Tola, F. & Dragonetti, C. Nihilismo budista, 1990; Tsong Khapa, R. Ocean of Reasoning: A Great Commentary on Nagarjuna's Mulamadhyamakakarika, 2006. |