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Fray González de Mendoza. Historia del Gran Reino de la China. Madrid: Miraguano, 2008

Fray González de Mendoza. Historia del Gran Reino de la China

Madrid: Miraguano, 2008

Fray Gonzalez de Mendoza: Historia del Gran Reino de la China

...mas vuelva a ver al apartado China,
Do penetra de cristo el estandarte,
Cómo el Bautismo la cerviz inclina.

 

Con la publicación del libro de Fray Juan González de Mendoza el lector tiene una oportunidad de oro de adentrarse en una de las obras clásicas más importantes escritas en Occidente, durante los siglo XVI y XVII, sobre el imperio Chino. El curioso que transite por sus páginas no sólo husmeará, no sin cierta sorpresa, en las raíces de una proto-etnografía con un alto grado de distanciada sofisticación, sino que arribará, en el caso de que el anacronismo lo permita, al imaginario con el que Occidente se enfrentaba a la otredad, vertebrado, sin duda, por el ideal infatigable de ventear el cristianismo hasta los límites últimos del mundo conocido.
Y, sin embargo, creemos conveniente advertir al potencial lector que el grado de minuciosidad descriptiva contenida en la obra, aun cuando se muestra todavía (junto con la obra de Longobardo) más conmiserativa y laudatoria con la realidad china que la perspectiva, por ejemplo, de Diego de Pantoja, no se debe a la recogida en primera persona de información. En realidad, Mendoza nunca llegó a recalar en tierras chinas pese a que, estando todavía en México y habiendo ingresado en los agustinos, pidiera repetidamente permiso, de modo infructuoso, para realizar el tan ansiado viaje (en el año 1574 y en 1584). Su amplio y profundo conocimiento de China se debe a la lectura de diversas obras referenciales escritas por religiosos, sobre todo jesuitas, que viajaron a China. Así, podemos descubrir en su obra referencias explícitas a Pedro de Alfaro, Martín Ignacio de Loyola, Gaspar de la Cruz y fundamentalmente la obra de Martín de Rada, quien es considerado el primer sinólogo de Occidente ya que fue el primer europeo que escribió un libro sobre el estudio del chino, Arte y Vocabulario de la lengua china. Tampoco debemos olvidar, por la especial importancia de sus escritos, que Mendoza se ayudó para escribir su influyente obra de otros autores como Bernardino de Escalante y João de Barros (famoso por su obra Décadas), sumamente conocidos en su época, o , incluso de obras de autoría china que fueron traídas a España por aquella época.
De la importancia del manuscrito de Mendoza da cuenta también el hecho de que el formato sobre el que sustentó para tratar y describir sinópticamente el mundo chino fue seguido con posterioridad por toda una literatura en torno a China, y cuyos ejemplos más destacados pueden ser la obra de Nicolas Trigault, De cristiana expeditione apud Sinas, y la obra de Álvarez Semedo Imperio de la China (1642). Si abrimos sus páginas y nos internamos en las narraciones que corresponden a la primera parte de esta obra no hallaremos los motivos clásicos que lo identifiquen con la novelística de viajes. Más bien nos encontramos con un relato de la vida en China. A modo de resumen, está compuesta por tres libros que nos introducen en la cotidianeidad de sus habitantes, sus tradiciones, su religión y sus creencias, así como en la economía y la situación política del país, la geografía, la historia y el clima. Se trata de una extensa descripción de China dividida en secciones estandarizadas que prestan atención a los nombres, a la localización y el tamaño del imperio (De la descripción del Reino y de los confines que tiene, en este apartado sigue al pie de la letra los testimonios del Padre Fray Martín de Rada y Fray Jerónimo Marín), a la fertilidad y los productos (De la Fertilidad de este Reino y de las cosas que produce), así como a los orígenes del pueblo chino, la religión que profesan y el orden sociopolítico y la administración que mantienen. Sobre los contenidos de esta primera sección llama la atención la inclusión de planteamientos diferentes y, hasta cierto punto contradictorios, en plano religioso y político. Mendoza, en primer lugar, se hace eco de los mitologemas que circulan en aquel periodo por occidente en torno al origen cristiano del pueblo chino, en la medida en que los primeros moradores de tan fértiles territorios se encontrarían en los nietos de Noé al emprender la travesía que les encamina a China desde Armenia. Esta reconstrucción de la historia de China bajo los parámetros de la religión cristiana llega a su máxima expresión con la identificación del ídolo que adoran los chinos y la Santísima Trinidad. Para ello se basa en las fuentes armenias sobre la prédica y posterior martirio de Santo Tomás en China y, por supuesto, en los escritos del dominico portugués Fray Gaspar de la Cruz que estuvo en la ciudad de Cantón. Con ello se logra transmitir la idea de la preponderancia histórica y dogmática del credo cristiano y rebajar al plano de la irracionalidad el horizonte de creencias de los chinos ya que, muy frecuentemente, usan de muchas supersticiones y son grandes agoreros, incluso son invocadores del demonio. Mas, por otra parte, a lo largo de toda esta sección, el autor enfatiza el orden racional que prevalece en todo lo que hay en China: el gobierno, la administración, la justicia, los impuestos, la sociedad, la educación, las relaciones internacionales, el comercio e incluso en la vida diaria de los chinos, sea cual sea su origen y condición social. Es un mundo totalmente ordenado y regulado por la administración imperial.
Ahora bien, si acudimos a la segunda parte, la más voluminosa, el panorama cambia por completo ya que el autor a lo largo de otros tres libros nos relata la llegada de los españoles a las islas Filipinas y sus intentos por penetrar en China. A resultas del ataque de un corsario chino, Lymahon, a la ciudad fortificada de Manila, los españoles entran en contacto con un navío del emperador, comandado por Omoncón, que navega por aquellos mares a la captura del mismo fugitivo. En su regreso a tierras chinas, allá por 1575, embarcan dos acompañantes inesperados: Fray Martín de Rada y Fray Jerónimo Marín. Pues bien, a pesar de que llegan a visitar varias ciudades del imperio celeste, las noticias de que el corsario ha podido escapar del cerco español provoca de inmediato la desconfianza en los gobernantes chinos y la sospecha de que los españoles son, en realidad, espías. Fracasado este primer intento, los dos religiosos agustinos deben partir de vuelta a Filipinas. En cualquier caso, este no será la única empresa por asentarse en China relatada por Mendoza. En sus páginas podemos leer también las convulsas y penosas circunstancias que rodean el viaje, sin la autorización del gobernador, de varios franciscanos, entre los que se cita en particular a Fray Pedro de Alfaro, desde Filipinas a Cantón en el año 1578. Y, por supuesto, todavía reservará espacio para narrar sucintamente el viaje alrededor del mundo que realizaron Fray Martín Ignacio de Loyola y otros franciscanos, en el que se incluye una parte sobre China, entre 1581 y 1584.
No hay duda de que el inédito enfoque dado por Mendoza a la hora de describir aquel mundo extraño constituye una de las claves de su éxito, a tal punto de que hasta el siglo XVIII fue considerado el libro de mayor autoridad en todo aquello que concernía a China. Escritores y viajeros contemporáneos a González de Mendoza vieron en esta obra el perfecto libro de viajes, precisamente por su acercamiento a la realidad sin caer en fantasías ni tópicos, fallos comunes en este tipo de obras por aquellos años, lo que provocó que la Historia del Gran Reino de la China tuviera mucha repercusión en los libros de viajes posteriores, tanto españoles como europeos. Un claro ejemplo del alcance de esta obra está en el hecho de que se reeditara en cincuenta y siete ocasiones en menos de un siglo y que fuera traducida a casi todas las lenguas occidentales.
En suma, la Historia del Gran Reino de la China debe ser considerada una obra fundamental para aquel que se acerque a los estudios sinológicos desde un punto de pista antropológico o meramente histórico, ya que constituye una de las fuentes más destacadas para conocer los primeros encuentros de Occidente, durante los siglos XVI y XVII, con el, por aquel entonces, misterioso y lejano extremo Oriente.  

A modo de introducción en la materia: Lach, D. F. Asia in the Making of Europe. Volume III. A Century of Advance; Lach, D. F., Asia in the eyes of Europe: Sixteenth through Eighteenth Centuries; Kai, Zhang, Historia de las relaciones sino-españolas; Spence, J. D., La Chine imaginaire. Les Chinois vus par les Occidentaux de Marco Polo à nos jours.

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