 |
Este magnífico libro, un muy apreciable volumen que se acerca a las mil páginas, constituye una valiosísima aportación al campo de la japonología y viene, sin duda alguna, a llenar el enorme vacío dentro del corpus bibliográfico existente en lengua castellana al respecto de este tipo de aproximaciones a la cultura japonesa. Para ser exactos, este monumental trabajo recoge, a modo de actas, las comunicaciones y ensayos de todos aquellos especialistas en la materia que asistieron al VIII Congreso de la Asociación de Estudios Japoneses de España celebrado en la Universidad de Zaragoza los días 30 de noviembre y 1, 2, 3 de diciembre de 2005. La publicación, al que se le ha dado un exquisito tratamiento estético y un cuidado de edición extremos, sale a la luz con el esfuerzo de coordinación de los profesores Elena Barlés y David Almazán, ambos profesores del departamento de arte de la Universidad de Zaragoza y, a su vez, organizadores de los últimos congresos de la Asociación de Estudios Japoneses de España, incluido el último que ha tenido lugar en abril de 2008 en Zaragoza. Al mismo tiempo, la obra se convierte así en una acertadísima presentación formal de la colección Federico Torralba cuya andadura en el campo de los estudios de Asia Oriental ha dado comienzo en muy recientes fechas.
En lo que respecta a la estructura temática, el libro queda dividido en cuatro grandes secciones, a saber “El arte y la mujer japonesa”, “Estética, literatura y mujer japonesa”, “La mujer japonesa en la sociedad: pasado, presente y futuro”, “Imágenes de la mujer japonesa en Occidente”. De este modo, partiendo de estos cuatro ejes, los contenidos de la obra obtienen adecuado acomodo con los objetivos propugnados por los coordinadores de la misma: una meta que nos propusimos fue abordar el estudio de la imagen que, a lo largo del tiempo, la mujer japonesa ha mostrado a través de las artes, la literatura y demás manifestaciones culturales, y definir su activa presencia en estos campos, en los que unas veces fue autora y otras protagonista. También fundamental consideramos analizar la realidad de la mujer japonesa en el discurrir de la historia, así como las distintas funciones que ha desempeñado en la sociedad que en cada momento le tocó vivir. Finalmente nos pareció del máximo interés definir cómo ha sido interpretada, asimilada y, en su caso, reinventada la imagen de la mujer japonesa en Occidente y particularmente en España (p. 10).
Siendo así, hasta cierto punto puede parecer una obviedad si afirmamos que la mirada que esta obra proyecta al, en ocasiones silenciado y ocultado, universo de la mujer japonesa es diversa e intrínsecamente plural. No obstante, este hecho, lejos de desvelar de modo exhaustivo el arquetipo femenino como si de una realidad homogénea y unitaria se tratara, demuestra, por el contrario, que en la consideración de lo femenino se han producido inagotables evoluciones y continuidades, repetidas recepciones y resistencias, abundantes desplazamientos y transformaciones, fértiles influencias e intercambios que jalonan la larga e imperecedera historia del archipiélago japonés y que, a su vez, nos dan pistas sobre los contornos y extensiones de lo pensable, de lo invisible y de lo percibido en una cultura dada. Este aspecto del libro es del todo punto benéfico a nuestro entender, en la medida en que supone una aportación teórica de primer nivel que logra superar de modo exitoso el reduccionismo causado por la estereotipia y el exotismo, al sumergirnos con rigurosidad y detallismo en el codificado y enigmático mundo de la mujer japonesa. Tan sólo hay que remitirse a las múltiples vías de entrada existentes en el libro, en modo alguno ajustadas a una narrativa histórica lineal y armonizada idealmente, para ser conscientes de esta situación. Desde el primer bloque, dedicado a los estudios sobre la mujer japonesa como objeto / objetivo de expresiones artístico / culturales, es posible abandonarse a un espectro heterogéneo de propuestas que basculan desde el periodo Heian a la más inmediata modernidad. La falta de integración temporal, algo que queda reservado a los manuales de historia en general o de historia del arte en este particular, permite una libertad de perspectivas a través de las cuales el lector puede construir de manera más eficaz una imagen global en torno al papel de la mujer en el universo de valores japonés. Todo una abanico, pues, de estudios que abarcan, desde el espacio femenino dentro del arte Heian, continuando con la simbología emblemática de los grabados ukiyo-e, los códigos de conducta tras los biombos tagasode, las imágenes de deidades femeninas en la pintura budista, los valores femeninos a través de los juguetes (ningyô), el sutil y sumamente reglado trabajo sobre el cabello femenino, el papel de la mujer dentro del universo del chanoyu, para terminar por explorar las imágenes femeninas tanto en la fotografía antigua como en la fotografía contemporánea, o, también, en el territorio de la expresión cinematográfica, en el intemporal arte caligráfico o, incluso, en la pintura japonesa contemporánea de vanguardia.
El enfoque dado a esta obra alcanza mayor complejidad cuando en otra sección encontramos una conversión de la presencia de la mujer en las tramas culturales de la tradición japonesa, esta vez como sujeto activo de prácticas artístico / culturales diversas que abarcan a la autoría de mangas, a las escritoras del antiguo y del moderno Japón, a la parcela de la mujer en el teatro clásico japonés (kabuki), etc. Asimismo, el papel destacado de la mujer japonesa en el campo de las expresiones estéticas da pie al estudio más global de la mujer en diferentes contextos socio-históricos. Desde los modelos de conducta codificados (Onna-daigaku), el protagonismo del mundo femenino en la corte imperial de Kioto en la época Heian, el papel de la mujer en la empresa de evangelización cristiana en Japón, en los movimientos feministas, hasta la consideración de sujeto femenino desde el marco jurídico (tanto en el ámbito público como en el ámbito privado), o a través de los patrones de consumo en el Japón contemporáneo o de los procesos migratorios.
Finalmente, el libro reserva la última parte de su espacio al proceso histórico de construcción de la imagen de la mujer japonesa en Occidente. No sólo hallaremos en estas páginas estudios relativos a las descripciones de las mujeres chinas durante los siglos XVI y XVII, sino también análisis concernientes a la hemerografía nacional española del s. XX, a los libros de viajeros del siglo XIX y XX, el fenómeno cultural del japonismo o a la creación de mitos apologéticos en torno al exotismo de la mujer japonesa, etc.
Ciertamente, estos enfoques particulares, peculiares y hasta cierto punto extravagantes a los ojos del occidental, ofrecen vías de prospección no sólo para estudiar las variantes del imaginario estético que envuelve a la mujer japonesa, sino también para profundizar en los rasgos socio-antropológicos más característicos de la mentalidad japonesa en general. Lejos de los recorridos convencionales, y a veces superficiales, por la cultura del imperio del sol naciente, la organización dada con esta obra, en la medida en que se convierte en el foro de reunión de las perspectivas de los más conspicuos expertos en la materia, impide una única lectura cerrada e ininterrumpida al reclamar, por el contrario, una vuelta insistente e inagotable a sus páginas, que pueden ser consideradas, más bien, un auténtico repertorio enciclopédico, una inestimable referencia de consulta.
Por último, quisiéramos hacer un recordatorio al título de este denso compendio de ensayos y comunicaciones, La Mujer Japonesa. Realidad y Mito, ya que nos remite a toda aquella serie de motivos, elementos, tradiciones, representaciones, en fin, al acervo de la experiencia femenina en la cultura japonesa. Pero también a aquellas figuraciones fantasiosas, exageraciones o anatemas estratégicamente orientados, las reinvenciones idealizadas que forman parte del imaginario occidental cuando toma contacto o perspectiva de la realidad de Japón. En todo caso, dicha distinción, a nuestro juicio elaborada con una finalidad heurística, no es modo alguno tan clara ni tan estricta ya que si algo nos muestra esta excelente colección de textos es que la realidad de una cultura no descansa ni en una supuesta objetividad autógena ni en las digresiones creativas de una hipotética subjetividad soberana, sino en una realidad imaginal transubjetiva irreductible cuyos profundos ecos en un pueblo dado, como el japonés, nos impelen a retornar, una y otra vez, al sempiterno problema de la hermeneusis intercultural. |