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Marius B. Jansen. The Making of Modern Japan

Marius B. Jansen. The Making of Modern Japan

Cambridge: Harvard University Press, 2002

The Making of Modern Japan

No es, ni mucho menos, producto del azar dedicar unas escuetas líneas de comentario a esta inmensa obra ya que, a los ojos de cualquier estudioso de la cultura japonesa o, si se me apura, de cualquier lector que desee aproximarse con visos de rigurosidad a la, en muchas ocasiones distorsionada, historia de Japón el legado bibliográfico de Marius B. Jansen resulta absolutamente imprescindible. La obra que tenemos entre manos, The Making of Modern Japan, no es una entre muchas tantas digresiones historiográficas con las que se revisa de pasada la modernidad del pueblo nipón. Estamos hablando, al fin y a la postre, del último trabajo publicado antes de que el autor muriera y, al mismo tiempo, el culmen textual de una prolífica trayectoria académica que se remonta a los años de postguerra, periodo en que los estudios japoneses iniciaban un lento desarrollo tras décadas de ostracismo en el ámbito académico.
Durante la lectura de sus más de ochocientas páginas, uno no pierde ni un ápice de interés ni siquiera en los acontecimientos más abstrusos ya que es verdaderamente notoria la habilidad del autor para sumergirnos en lo esencial de cada proceso histórico mediante la audaz armonización de las laberínticas estrategias de la alta política con las no menos significativas anécdotas que estructuran la vida cotidiana japonesa. Cierto es que, en su labor narrativa, M. B. Jansen se limita, que no es poco, a un periodo sobre el que ha sido reconocido como una autoridad mundial: concretamente, el periodo que coincide con la modernización de la nación japonesa y que supone el tránsito de un sistema social agrario hasta su re-emergencia como una potencia económica en toda regla.

En este fascinante análisis, el autor no se cuida en guardar cierta proporcionalidad respecto a la extensión dedicada a cada periodo histórico y se centra con prolijidad de análisis (casi la mitad del libro) a exponer las características fundamentales y las causas del derrumbe del periodo Tokugawa. Con todo, detrás de esta exuberante muestra de erudición es posible desentrañar varias constantes que nos pueden dar pistas acerca del enfoque con el que M. B. Jansen interpreta las agitadas y complejas transformaciones de la modernidad japonesa.
En primer lugar, el autor pone de relevancia la importante autonomía de Japón en el contexto asiático con anterioridad al siglo XIX y los recurrentes esfuerzos llevados a cabo por los agentes políticos del país por mantenerla incólume frente a la amenazadora injerencia de las potencias occidentales. En este sentido, se insiste en que tal postura estratégica no es en todo caso excepcional sino que se remonta a procesos históricos de mayor antigüedad. En efecto, no se ha de perder de vista la estructura sociopolítica,  de gran flexibilidad para adaptarse a las específicas circunstancias e intereses de ciertos sectores japoneses, que edificaron los gobernantes samuráis y sus sucesores de cara a asimilar eficazmente los influjos provenientes de Occidente desde el siglo XVI hasta el presente más cercano. Se trata de la misma adaptabilidad creativa que ha vertebrado durante centurias la sociedad japonesa, aunque abandonada en la actualidad por una casta burocrática esclerotizada, y que logró encauzar las reformas sociopolíticas durante la ocupación extranjera y las décadas siguientes.
En segundo lugar, de la lectura de este libro se extrae la conclusión de que Jansen rechaza sin paliativos aquellas interpretaciones convencionales que vienen a reconocer una intrínseca pasividad del pueblo japonés ante los estímulos de Occidente (hacemos referencia al periodo Sakoku que va del siglo XVII al XIX). The Japanese term sakoku, “closed country”, was coined by a Japanese scholar  who translated the chapter in which Kaempfer discussed the “closed country” and, incidentally, argued its benefits. The translation circulated privately and was not published until 1850s. It became, and has remained, a standard term. As we shall see, in the last decade of Tokugawa period kaikoku, or “open country”, served as the antithesis to jōi, “expel the barbarians!” in fevered political discourse. Commodore Matthew Calbraith Perry was serenely convinced that he was bringing civilization to a benighted land that lived in flagrant violation of all norms of international society.
From the account above, however, it seems clear that we should pause before accepting the verdict of Kaempfer the way his translator did. The seventeenth century should be judged by seventeenth-century standards, and a number of qualifications are in order before we accept Perry’s nineteenth-century view of the matter (p. 91).

De una parte, niega categóricamente la tesis del aislamiento durante el periodo Tokugawa, argumentando que la verdadera exclusión vino durante los años de entreguerras (allá por 1930), y se prolongaron hasta la década de los setenta (a ello contribuyó sobremanera el tratado de paz de 1952). Por otro lado, frente a este contexto el autor pone sobre la mesa, una vez más, la capacidad de la élites para reorientar el desarrollo socioeconómico no en los términos del esquema político-estratégico occidental sino de acuerdo a las condiciones particulares de la nación japonesa. Desde ese punto de vista, M. B. Jansen nos previene de adoptar una perspectiva excesivamente reduccionista y precipitada a la hora de conceptualizar el modelo político imperante en aquel periodo. Así, se posiciona en contra de la lectura convencional que tiende a considerar el sistema Tokugawa como algo parecido a una sociedad de castas al plantear que, más bien, habría que ser identificado con un sistema singular y propio compuesto por una serie de jerarquías complementarias entre sí, cada una de las cuales tendría su correspondiente clase alta, media y baja. Rather than seeing Japanese society as layered with the samurai on top, then, it would be better to think of Tokugawa status society as consisting of a series of complementary hierarchies, each of which had its own upper, middle, and lower classes (p. 124).

Por otra parte, en lo que se refiere al ocaso del régimen, introduce importantes matices a la hipótesis que reconoce en las protestas rurales y urbanas durante la primera mitad del siglo XIX la causa determinante de la caída del Bakufu en 1860 y defiende cierta tolerancia estructural en la propia población japonesa de desigualdades en la distribución material de la riqueza.
En tercer lugar, el autor no vacila en definir, a modo de síntesis, la historia moderna de Japón como la de un exitoso proceso conducente a la estabilidad sociopolítica desde el periodo Meiji, con la sola interrupción excepcional de  las guerras de 1930 y 1940. En ese sentido, no han faltado quienes han observado en los argumentos de M. B. Jansen cierta teleología esencialista, en la medida en que atribuye a la historia de Japón una finalidad predeterminada por una fuerza natural que conduce y guía enteramente el destino trans-histórico del país del sol naciente (Jeff Alexander). Por otra parte, habría que preguntarse, como lo hace Michael Lewis, por las razones que llevan a Jansen a identificar el éxito político con el desarrollo de la estatalidad y a depositar la cierta credibilidad carismática en la actividad política de las autoridades establecidas.
En cualquier caso, tales observaciones no ensombrecen en absoluto la excepcional obra de M. B. Jansen. De su lectura se concluye un fascinante mundo en el que las controversias y desafíos políticos se entreveran con interesantísimas pinceladas sobre  arte, música, literatura, tecnología, etc. Sobra decir, pues, que este trabajo, vivamente recomendable, está llamado a ser una referencia clásica dentro del campo de los estudios historiográficos sobre Japón.

A modo de introducción en la materia: Jansen, M. B. Warrior rule in Japan, (1996); Jansen, M. B. The Emergence of Meiji Japan, (1995) Gordon, A. A Modern History of Japan: From Tokugawa Times to the Present, (2008); Sansom, G. A History of Japan, 1615-1867, 1963.

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