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Esta obra, escrita por el editor británico Andrew Robinson, constituye, a todas luces, una vía inmejorable para conocer una de las figuras más prominentes del cine indio, Satyajit Ray. Se encuentra estructurada en dos partes claramente diferenciadas aunque complementarias entre sí. La primera sección abunda en los detalles biográficos, incluidas aquellas experiencias decisivas que iban a encaminar al gran director indio hacia el mundo del cine. La segunda sección, que abarca una extensión substancial del libro, presta atención a su trayectoria filmográfica, analizando con cierto detalle los entresijos de cada película, sus producciones documentales, etc. Para adentrarnos en los primeros años de vida del director, aspecto éste al que el autor dedica las primeras páginas del libro, la referencia fundamental es el pequeño ensayo del propio S. Ray que fue escrito en 1981, Jakhan Chot Chilan / When I was Small, una verdadera galería de anécdotas sobre la familia, los amigos y profesores, mezclados con comentarios en torno a las preocupaciones de la niñez (resumidas en extraordinarias historias y juegos emocionantes, linternas mágicas y, por supuesto, el cine) y sus visitas a Lucknow y Darjeeling. Recuerdos todos ellos, que, fundamentalmente, revolotean tras las paredes de la casa de su abuelo en 100 Gaspar Road, al norte de Calcuta, ya que su padre, Sukumar, había fallecido cuando el joven S. Ray tenía dos años y medio.
Al margen de otro tipo de experiencias vitales que el autor aborda y que dejaremos al margen por necesidades de espacio, cabe afirmar que la relación de S. Ray con el cine se establece desde los primeros años. En aquel periodo, hablamos de las primeras décadas del siglo XX, los estereoscopios y linternas mágicas tenían una muy amplia aceptación en las casa bengalíes. A los ojos de S. Ray, tal y como lo menciona en sus memorias, su iniciación con aquellos misteriosos y excitantes instrumentos visuales marcó el comienzo de su adicción al cine. De hecho, sus visitas a las salas de proyección, muy limitadas hasta que tuvo quince años (ya que sus familiares le restringían el visionado de películas extranjeras y se consideraba, por otra parte, que las producciones bengalíes eran demasiado apasionadas para el espíritu apasionado de un joven) comenzaron mientras vivía en Gaspar Road y tuvieron su continuidad cuando se trasladó a la casa de su tío. Será a partir de 1930 cuando se entrega febrilmente al visionado de películas, incluidas las bengalíes. Por esta época son las hilarantes filmaciones de C. Chaplin, B. Keaton y H. Lloyd las que ejercen una profunda impresión en él, sin olvidar, eso sí, determinadas películas de E. Lubitsch.
Pasados estos primeros años, S. Ray abandona, a mitad del año 1940, la populosa Calcuta, debido a la poderosa influencia que la madre ejerce sobre él, y acude a la Visva-Bharati University en Santiniketan, el lugar de formación integral fundado por R. Tagore alejado de los convencionalismos formales de enseñanza. Allí estudia bellas artes y contacta con estudiantes occidentales. Sin embargo, es su relación con Tagore, superando recelos iniciales y la inclinación hacia el distanciamiento de su personalidad, la que marcará un antes y un después en la vida de S. Ray y tendrá su reflejo en su posterior carrera cinematográfica al adaptar varias historias del escritor indio al cine: Charulata, The Home and The World.
A comienzos de 1943, meses después de abandonar Santiniketan, Satyajit Ray encontró trabajo en una agencia de publicidad británica, D. J. Keymer, en la delegación situada en el norte de Calcuta, y es allí donde se aplica intensamente a trabajos artísticos, ligados a la rama publicitaria, de amplio eco social. Permaneció en la oficina de Calcuta hasta 1956, precisamente cuando se convirtió en un director a tiempo completo después del éxito de Pather Panchali.
Una de las características más notables de esta obra, que hace especialmente recomendable su lectura, es que el autor cede un gran número de páginas a los recuerdos en primera persona de S. Ray. En este sentido, no es posible dejar de mencionar las densas conversaciones sobre infinidad de temáticas relacionadas con el cine que se desarrollaban en la cafetería Adda y que, a decir verdad, fueron el estímulo para lograr la institucionalización de una sociedad dedicada al séptimo arte. Así las cosas, S. Ray y Chadananda Das Gupta fundan la Calcutta Film Society en 1947, en un principio, sostenida con las esforzadas contribuciones de sus creadores. De hecho, Satyajit Ray proporcionó a la Sociedad libros y diversas publicaciones mientras que Das Gupta reservó provisionalmente una habitación de su casa a tales fines. En cualquier caso, carecían de un emplazamiento adecuado para la proyección de las películas por lo que iban tanteando habitaciones pertenecientes a otros miembros de la Film Society (cuyo número por esas fechas no llegaba a 25 socios). A pesar de todas las adversidades, la Sociedad tuvo un relativo éxito ya que consiguieron proyectar muy buenas películas y, además, publicar un boletín. La progresiva difusión de sus actividades hizo que incluso directores que visitaban Calcuta como N. K. Cherkasov, V. I. Pudovkin, J. Renoir, J. Huston, etc., aceptaran la invitación de impartir una charla en la Film Society. En este punto, Andrew Robinson, aborda las complejas relaciones de S. Ray con grandes figuras del cine mundial. Destaca, sin duda alguna, la asistencia en 1949 de Haeisadhan y Satyajit Ray a Jean Renoir cuando visitó Calcuta en busca de localizaciones y actores para su archiconocida película El Río, ya que el director francés es considerado por Ray como uno de sus principales mentores. Sin embargo, habrá que esperar unos meses para que S. Ray descubriera una de las referencias cinematográficas más decisivas a la hora de enfocar su primera película. En 1950 llega, junto a su mujer Bijova, a Londres, donde, entre las cerca de 99 películas que visionan, la que más le llama la atención es el Ladrón de Bicicletas de Vittorio de Sica. Será la atmósfera y la trama de luminiscencias conseguidas por el director italiano la que empleará para su Pather Panchali. Al mismo tiempo, a raíz del Ladrón de Bicicletas se convence de que, frente a la aproximación convencional ejemplificada por las películas británicas y americanas, era necesario seleccionar un tema fuerte y simple para introducir detalles irrelevantes que lo intensificaran por contraste.
Pather Panchali, excepcional filme que narra la evolución de conciencia de Apu, personaje principal, está basada en la novela de Banerjee, una obra clásica en la Bengala de los años cincuenta en la que se describe las tremendas condiciones de vida que rodearon parte de la vida del escritor. El profundo y inmisericorde argumento de la película exige, a ojos de Andrew Robinson, una análisis detenido en torno a la historia de su película. Desde ciertos apuntes biográficos significativos del novelista, el proceso de realización de la película (incluidos los retrasos, la búsqueda de localizaciones, etc.), las divergencias entre la trama de las película y la historia del libro, análisis de algunas de las escenas más relevantes, hasta la cronología de su proyección y la repercusión obtenida en el Festival de Cannes de 1956. S. Ray inició las filmaciones el 27 de octubre de 1952 con un conjunto de personas sin experiencia previa en la artes actorales. La contextualización localista de la película hizo temer a S. Ray de que podría tener escasa repercusión fuera de las fronteras de la India. Sin embargo, a raíz del éxito en Occidente de Rashomon del director japonés Akira Kurosawa, le hizo albergar esperanzas respecto a su propia película. La historia demostró su completo acierto. Pather Panchali constituye la primera de las películas que forman parte de la famosa trilogía de Apu, junto con Aparajito / The Unvanquished (1956), que gana el León de Venecia en 1957 y Apu Sansar / The World of Apu (1959). La evolución de la conciencia de Apu, en un desarrollo que recuerda el raga, la forma melódica básica de la música clásica india, generó cierta oposición de las clases medias de Bengala, del gobierno de Bengala Occidental y del gobierno indio por su cruda descripción de la pobreza. A pesar de ello, contó con la aprobación personal de Jawaharlal Nehru para acudir al Festival de Cannes de 1956, donde finalmente obtuvo el Premio Documento Humano.
En las páginas siguientes, prácticamente hasta el final del libro, Andrew Robinson se lanza a profundizar, película por película, la trayectoria fílmica completa de S. Ray. Desde el exuberante talento cómico contenido, por ejemplo, en Parash Pathar (1958) y Mahapurush / The Holy Man (1964), las derivas occidentalizantes de Jalsaghar / The Music Room (1958), la exploración, siguiendo a L. Buñuel e I. Bergman, del trasfondo de las prácticas y rituales hindúes en Devi / The Goddess (1960), el tributo a Tagore en Teen Kanya / Three Daughters (1961), la excelente y compleja Kanchenjungha (1962) con una crítica a las oligarquías pudientes de la sociedad bengalí, la más comercial Abhijan / The Expedition (1962) y, en fin, el resto del bagaje fílmico de S. Ray hasta su última producción, Ghare Baire / The Home and the World (1984).
En suma, se trata de un libro imprescindible para todo aquel que desee sumergirse en una de las filmografías más sobresalientes del cine indio ya que, haciendo nuestras las palabras de A. Kurosawa, no haber visto el cine de Ray es como existir en este mundo sin haber visto el sol o la luna.
A modo de introducción en la materia: Ray, S. & Subbārāvu, V (2007). Our Films, Their Films; Robinson, A (2005). Satyajit Ray: A Vision of Cinema; Elena, A (2007). Satyajit Ray; Cooper, D (2000). The cinema of Satyajit Ray: Between Tradition and Modernity. |