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Nuestro modo de aproximarnos a la ciencia y a la tecnología gestada en la sociedad japonesa se encuentra profundamente mediatizada por dos prejuicios fundamentales, hasta cierto punto contrapuestos. Por un lado, el que sostiene que la nipona sería una sociedad hiper-tecnologizada, consagrada al mito de la cibernética y la robótica. Por otro lado, aquella distorsionada creencia consistente en la atribución del éxito económico del Japón de la postguerra a la característica capacidad de los japoneses de adoptar como propias tecnologías y culturas ajenas. No obstante, más allá de los estereotipos comunes, no es posible ignorar que el estudio de la evolución de la ciencia y de la tecnología en Japón reviste una gran importancia. Valga para ello un simple ejemplo. Durante la última recesión económica localizada en todo el sudeste asiático a finales del siglo XX, Japón, tanto el sector público como las grandes corporaciones japonesas, concentró gran parte de sus esfuerzos en la inversión estratégica en investigación y desarrollo. Asimismo, y salvando las grandes diferencias que existen entre ambos países, el modelo de desarrollo japonés impulsado en la segunda mitad del siglo XX tiene puntos en común con las estrategias que promueve China en la actualidad, sustentadas en la cada vez más sólida base científica y el fuerte control gubernamental.
Siendo así, la lectura de Science, Technology and Society in Contemporary Japan se antoja indispensable para adentrarse, de manera rigurosa y con la ayuda de las máximas autoridades mundiales, en el asunto, sobre todo, teniendo en cuenta que la incesante rapidez con que evoluciona el campo de la tecno-ciencia exige el suficiente distanciamiento que aporta la perspectiva histórica. A pesar de que el espectro de relaciones, prácticas e intereses son ahora tal vez más complejas, esta obra posee como máxima inspiración el trabajo clásico de Nakayama Shigeru: Science, Technology and Society in Postwar Japan (1981), en cuyas páginas se indica que el desarrollo de la Ciencia y de la Tecnología en Japon adopta la forma de una dinámica de relaciones a partir de los intereses de 4 sectores sociales: el académico, el público, el privado y la ciudadanía. Así, la propia organización estructural del libro que nos ocupa, centrada en las concatenación de percepciones y enfoques diversos que se enfrentan entre sí, reproduce muy acertadamente la naturaleza de los intereses, valores, poderes de este territorio en el que convergen la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad. Atendiendo a este principio, el libro se vertebra en cuatro bloques temáticos: El modelo japonés de Investigación y Desarrollo, El papel de la Ciencia y la Tecnología en el crecimiento económico, su dimensión internacional, y su dimensión netamente social.
En primer lugar, la máxima de que Japón es una nación fundamentalmente orientada hacia la ciencia y la tecnología ha provocado la basculación del Modelo Japonés de Investigación y Desarrollo (Parte 1. The Japanese Model of Research and Development) en torno al transferencia tecnológica. Este hecho ha conducido a que el país debe enfrentarse a una diatriba recurrente: o desarrollar una tecnología importada a través de la promoción de una ciencia aplicada o, por el contrario, inclinarse por desarrollar una tecnología propia desde el fomento de la ciencia básica (Cap. 1 Basic Versus Applied Research). En ese sentido, la idea que la ciencia japonesa ha optado principal e históricamente por la primera opción en lo que respecta a la transferencia tecnológica ha desembocado en un diagnóstico erróneo de determinados rasgos del modelo japonés. Es cierto, asimismo, que detrás de esta elección es posible vislumbrar la tradicional instrumentalización política que los norteamericanos han hecho de su aportación tecnológica a Japón después de la segunda guerra mundial, organizada en torno a la panfletaria acusación de que la habilidad comercial de los japoneses se circunscribe únicamente al aprovechamiento de las innovaciones de otros. Este argumento, a todas luces interesado, se apoya una noción lineal de innovación que esboza un tránsito desde el descubrimiento hasta el éxito comercial sin tener en cuenta el complejo modelo japonés que comenzó a construirse a mediados del siglo XIX, en el que intervienen las estructuras de la llamada troica sectorial, es decir, el sector privado, publico y académico. Al mismo tiempo, hay que añadir que las especiales características con las que se dio inicio al proceso de transferencia tecnológica en Japón (adviértase que, desde un punto de vista analítico, la transferencia tecnológica se da desde una doble perspectiva: la transferencia de un país rico a uno pobre y la que se promueve desde el sector público al sector privado y a la economía en general) motivó la consolidación, dentro de la ciencia japonesa de los años sesenta, de una teoría acerca de la génesis de la penetración tecnológica del Japón durante el periodo de restauración Meiji que resaltaba la heroica actividad, centralizada y jerarquizada, del samurái-empresario. Tras la fase de revisionismo que produjo en los años setenta esta idea ha ido perdiendo vigor, en la medida en que la proyección socioeconómica de estos agentes no fue tan marcada ni la penetración tecnológica tan intensa ya que, de acuerdo con los planteamientos de Morris-Suzuki, ésta se organizó en forma de redes horizontales y descentralizadas.
Dejando este controvertido asunto a un lado, otra de las características principales citadas en el libro es, sin duda, la tendencia privatizadora y la ausencia de confianza en la investigación proveniente del sistema académico. La ciencia y Tecnología están impulsadas principalmente por manos privadas, las cuales sostienen el 80% de la inversión en investigación y desarrollo de Japón. Además debido al proceso de reformas parciales y a la democratización del sistema educativo superior en Japón, coincidiendo con una deficiente financiación del mismo, se produjo una masiva fuga del personal mas cualificado hacia las empresas privadas. A partir de los años setenta, estas entidades corporativas se transformaron en grandes centros de investigación o Laboratorios Corporativos que, desde entonces, han mantenido la tensión competitiva en investigación pero que, a su vez, han condicionado, y en ocasiones han restringido, el acceso publico a los resultados y conocimientos científico tecnológicos. No parece causal que, ante esta vía de cualificación tecnológica, el sistema educativo japonés se haya visto perjudicado, hasta el extremo de tener que admitir personal procedente de otros países asiáticos para sacar adelante los programas de doctorado. En cualquier caso, preciso es reconocer que, en la actualidad, aunque las estructuras universitarias japonesas se encuentran en crisis, la calidad de la investigación académica esta mejorando ostensiblemente, ya sea impulsada por las novedosas relaciones que la industria japonesa comienza a tener con las universidades nacionales o debido al tránsito hacia la suficiencia tecnológica, que desde una perspectiva global puede ser interpretado como un estado de madurez en el desarrollo tecnológico japonés. En las complejas relaciones industria-sector publico se da otra peculiaridad propiamente japonesa si consideramos que, en el periodo que va de los años sesenta a los ochenta, el propio ministerio industria y tecnología japonés fomentó grandes proyectos de desarrollo tecnológico en los que grandes empresas del sector colaboraron. Esto trajo consigo una estructura industrial de grandes empresas en intensa competencia entre sí, las únicas capaces de llevar a cabo las fuertes inversiones tanto para el desarrollo de proyectos nacionales como en el sector privado.
En la segunda parte de este libro se analiza el papel que la tecnología ha tenido en el crecimiento y desarrollo económico de Japón. El éxito japonés en la comercialización y desarrollo de productos a partir de ideas e innovaciones foráneas, principalmente norteamericanas, se ha basado en la calidad y en el diseño. La calidad es un concepto puramente japonés, pese a que en un principio fue una innovación estadounidense restringida al ámbito militar, cuyo propósito fue favorecer una mejora en sectores estratégicos industriales y de telecomunicación disminuidos por los devastadores efectos de la segunda mundial guerra y por el cambio de mercado de referencia de Japón tras la guerra de Corea. El país del sol naciente dejaba de tener en cuenta en su desarrollo económico al poco exigente mercado asiático para tener que competir fundamentalmente con el mercado norteamericano. La aplicación de controles de calidad en el sistema de producción permitió a los japoneses ganar “competitividad” en los mercados internacionales con un inversión mínima. Rápidamente, gracias al impulso sobre todo del JUSE ( Japanese Union of Scientists and Engeneers), los controles de calidad fueron cada vez mas complejos e implicaban a mas trabajadores. Así, se pasó de los simples controles estadísticos sobre el producto final a Controles de Calidad Lineal sobre los que actuaban los ingenieros y altos administradores para observar deficiencias productivas y, en un breve lapso de tiempo, a los Controles de Calidad Cíclicos donde se controlan todos los pasos del proceso productivo y de comercialización a través de procesos de comunicación feed-back, llegando a implicar a todos los sectores de la empresa. Ahora bien, esto no impide comprobar que otras han sido las circunstancias que han acompañado a otros sectores, digamos, estratégicos. Por ejemplo, si nos remitimos al campo de la energía se constata un ininterrumpido control sobre la producción de energía eléctrica por parte del sector privado que, muy frecuentemente, desembocaba en coyunturas económicas muy alejadas de los intereses nacionales dado que la intervención pública solamente quedaba reservada para circunstancias de amenaza a la seguridad nacional. En el caso de la energía nuclear, los intereses de la burocracia gobernante han seguido caminos diferentes de los de la ciudadanía (altamente concienciada con los problemas asociados a esta fuente de energía), al apoyar a las grandes corporaciones y su evidente inclinación por la rentabilidad mientras que, por otro lado, asume los costos de la inversión tecnológica.
En otro orden de cosas, los autores analizan el auge en el consumismo en Japón, principalmente el de electrodomésticos, explorando su genealogía histórica y el universo de valores al que va asociado. El consumismo, proyección del ascenso económico de Japón en conjunción con los efectos de persuasión colectiva irradiados por una tecnología emergente como fue la televisión, ha generado profundas transformaciones socioculturales (desde la masiva migración hacia las ciudades hasta el establecimiento del modelo de familia nuclear de tres miembros) que, en última instancia, se orientan hacia la identificación con el modelo ideal estadounidense. Por otra parte, es evidente que, en el caso japonés, el creciente consumismo (llegando a cotas insospechadas) ha dejado una huella muy fuerte en el medio ambiente. Resulta innegable que un seguimiento histórico por los perjuicios medioambientales de la economía japonesa a lo largo del tiempo y el papel jugado por las instituciones y la ciudadanía nos lleva a la conclusión de que los japoneses poseen una errónea auto-concepción en cuanto agentes de destrucción medioambiental. A decir verdad, durante muchos años no ha existido ninguna respuesta social o institucional ante los perjuicios devenidos de la polución local (únicamente denunciados por los directamente afectados y por los sectores más concienciados) o ante la actividad de Japón como exportador de residuos químicos y nucleares a otros países asiáticos. No obstante, en la actualidad, se observa un cambio de matiz en la postura del gobierno japonés, esta vez con el respaldo de la ciudadanía japonesa, al mostrar su preocupación y reforzar su papel internacional en cuestiones de medio ambiente global, impulsando cumbres como la de Kioto para dirimir el problemático asunto del calentamiento global. En cualquier caso, hay que hacer notar también que la propia implementación de los avances tecnológicos en la producción han contenido, en cierta medida, el impacto medioambiental que produce Japón en su entorno.
En la tercera parte del libro se examina la dimensión internacional de la tecnología japonesa. Una vez más, la transferencia tecnológica ha jugado aquí un papel sumamente relevante, pese a que su naturaleza es objeto de interpretaciones divergentes de acuerdo a su función histórica. El (gijutsu dônyû), concepto por el que los japoneses entienden la importación de tecnología estadounidense durante la postguerra, se ha transformado en el actual (gijutsu iten), esto es, la exportación de tecnología al extranjero, principalmente a sus vecinos asiáticos. En este sentido, el liderazgo de Japón en ciertos campos de la tecnología hace que la importación de tecnología norteamericana resulte no rentable económicamente. Por otra parte, ha habido un replanteamiento global del papel del desarrollo tecnológico nacional en otros sectores estratégicos como el aeroespacial que, debido al férreo control por parte de EEUU durante la ocupación, experimenta un notable un retraso si lo comparamos con otros campos de referencia. Se da la paradoja que las empresas norteamericanas desean vender tecnología a Japón como un igual. En otras palabras, las tecnologías de interés para Japón son, precisamente, las que EEUU considera estratégicas para la seguridad nacional. De esta forma, el gobierno norteamericano fuerza acuerdos restrictivos y muy desfavorables con las corporaciones estatales y privadas japonesas en los que se condiciona muy rigurosamente el envío de tecnología norteamericana. De hecho, los acuerdos no se firman en base a la rentabilidad económica o al desarrollo tecnológico, sino simplemente por intereses geopolíticos y estratégicos. Ejemplo de ello ha sido el polémico proyecto de caza FS-X / F-2. En consecuencia, esta perjudicial asimetría en los procesos de transferencia tecnológica hace necesario que Japón profundice en la consecución de una autosuficiencia tecnológica relativa dentro de un contexto globalizado. Paralelamente, en estos últimos años Japón ha impulsado una política de transferencia tecnológica restringida en aquellos mercados de Asia donde ha trasladado muchas de sus plantas de producción. Esta deslocalización ha sido justificada principalmente por un mayor abaratamiento de los costes productivos, pero también por el exilio cuasi forzoso al que diversos sectores, como el nuclear, se han visto abocados ante al generalizado rechazo social existente en Japón. El mercado global al que se destinan los productos elaborados en estas factorías es de consumo en masa, por lo que la tecnología que se transfiere es de “baja calidad”. No obstante, el impacto socioeconómico que Japón, con el traslado de numerosas plantas de producción, ha provocado en los países receptores, véase Taiwán o Corea del Sur, ha desembocado en el surgimiento de unas clases medias autóctonas altamente occidentalizadas.
La ultima parte del libro está dedicada a la relación y función de la ciudadanía en la configuración de la ciencia y tecnología. En primer lugar, muy al contrario de lo que en un principio pudiera parecer a los ojos de un occidental, se afirma, en el cap. 8 (Information Society versus Controlled Society) que el acceso de la población japonesa a las tecnologías de la información (es decir tecnologías derivadas de la combinación de la informática con las telecomunicaciones) ha sido lento y no sin complicaciones, a pesar de que fueron los propios japoneses los que acuñaron en los setenta el término sociedad de la información para definir a aquella sociedad emergente atravesada por este tipo de tecnologías. En el caso que nos ocupa, no fueron menos factores de tipo económico y más factores de naturaleza cultural los que han afectado a la velocidad de adopción de la tecnología. Si se ha de poner un ejemplo clarificador, tan sólo habría que mencionar, tras una breve revisión del proceso de implantación y comercialización de videojuegos, procesadores de texto, móviles e internet, etc., el grado extremo en que la cultura japonesa ha virado hacia lo visual y las consecuencias que ello ha acarreado en el sistema educativo japonés al dificultar el uso masivo del PC desde el teclado. Tampoco hay que olvidar que existe, además, una dificultad añadida para los jóvenes japoneses a la hora de asimilar el sistema alfabético romanizado y una reticencia gubernamental para decantarse por una sistema de una compañía concreta (lo que provoca problemas en la estandarización de los programas educativos en los que se usa la herramienta informática). Todo ello, en definitiva, ha impedido una entrada generalizada del ordenador en el sistema educativo. Más aún cuando la utopía mitificada asociada a la capacidad liberadora del sistema informacional y del conocimiento vía internet debe ser complementada con la sombría realidad de estos últimos caracterizada también por la extensión del control social y el impulso del consumo por encima de cualquier otra pretensión. Tal circunstancia, aclarémoslo, no ocurre de modo específico en este ámbito sino que, en la sociedad japonesa contemporánea, está extendido en prácticamente todos las áreas que dependen para su desarrollo de un alto componente tecnológico. Por ejemplo, en el cap. 10 (National versus local interest), los autores dedican su atención a analizar los conflictos de intereses en los grandes proyectos de infraestructuras tecnológicas (energía nuclear, construcción de aeropuertos, etc), el ocultamiento real de intenciones espurias tras la máscara de un interés nacional y la confrontación de tales iniciativas con las necesidades de las poblaciones locales directamente afectadas. Así, se estudia con detalle el caso paradigmático del conflicto entre las instituciones y la sociedad civil en la construcción del aeropuerto de Narita en Tokio. Finalmente, la dimensión cultural del desarrollo y aplicación tecnológica tiene otra vertiente desde la perspectiva de género que es tratada en las páginas finales de la obra. Si se asume un sentido amplio de género (abrazando otros conceptos como el de raza, clase, etnia...), parece factible sostener que la ciencia y la tecnología tendría una proyección “genérica”, identificable en las desigualdades de género en el desarrollo (o, incluso, la explotación) de la tecnología. El vínculo histórico de la mujer con la industria textil (y en la industria militar en la época de guerra) nada tiene que ver con la presencia de ésta en otras ramas profesionales, una vez que la tecnología la ha “liberado” de las tareas domésticas, y su explotación laboral en trabajos a media jornada con sueldos no proporcionales. En todo caso, el trabajo en Japón no se convierte en un factor que demarque la estructura de clases sociales, por lo demás muy difusas (con la excepción histórica de los samurái), ya que no existen directrices en la definición de funciones tan claras como pudiera haber en occidente (un ejemplo ello sería la ambigua diferencia entre técnico e ingeniero).
En suma, como se ha podido comprobar, Science, Technology & Society in Contemporary Japan repasa con minuciosidad y realismo la situación del Japón contemporáneo a partir de la vertiente tecno-científica. En ese sentido, podemos afirmar que ésta es sin duda una contribución referencial para todos aquellos que se muestren interesados, más allá de las imágenes distorsionadas que se difunden desde occidente, en el campo de la filosofía o sociología de la ciencia y tecnología japonesas.
A modo de introducción en la materia: Nakayama, Shigeru. Science and Society in Postwar Japan (1991); Morris-Suzuki, Tessa. The technological transformation of Japan (1994); Ohsono, Tomokazu. Charting Japanese industry (1995); Ito, Takatoshi. The Japanese economy (1992). |