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Libros
Iñaki Preciado: SVÁSTIKA. Religión y magia del Tíbet, Oberón, Madrid, 2003
Durante el año del caballo (fines del s. XI) allá en el Centro del Universo, concretamente al pie del Kang Rinpoché (monte Kailash), Milarepa, antiguo saman-bonpo converso al budismo, venció en un combate mágico al gran mago bonpo Naro Bon-chung. Milarepa, alzado sobre un rayo de luz logró alcanzar la cima de la montaña sagrada antes de que lo consiguiera el mago bonpo haciendo uso de su tambor mágico. Esta derrota representa la caída del predominio del Bon en el reino de Ngari, cuna del Bon de la Svastika. El budismo arrojó a las sombras del olvido histórico al Bon, la antigua religión del Tíbet, desterrándola a las remotas regiones orientales.
Iñaki Preciado Idoeta, sinólogo y tibetólogo, Premio Nacional de Traducción Fray Luis de León en 1979 con su versión del Lao Zi (El Libro del Tao), nos guía con este libro, único en su género publicado en español, por las lejanas regiones del Tíbet, donde el Bon permanece vivo, y rescata del ostracismo la otra religión de un país cuyo nombre es sinónimo de Budismo. La importancia de este libro es clave para tomar perspectiva de una religión, considerada tradicionalmente herética y asociada a brujos y hechiceros, cuya historia ha sido relatada por aquellos que contribuyeron a su práctica desaparición. Es cierto que “(…) el Bon está plagado de magia, hechizos, conjuros, encantamientos, y mucho, mucho demonio por medio”. Sin embargo, “(…) si consideramos el Budismo tibetano como el término de un largo proceso evolutivo, sin el Bon nunca hubiera llegado a ser” (p. 31). Efectivamente, el arraigo del Bon en la sociedad y cultura tibetanas condicionó el modo de asimilación del Budismo por parte de las capas populares. Con todo, el Budismo no eliminó los cultos y los dioses del Bon, sino que los integró, terminando por convertir a deidades Bon en Protectores de la propia doctrina budista. En ese sentido, elementos Bon como el Bardo (intermedio o camino entre la muerte y el renacimiento), el sistema meditativo del gcod, “el cuerpo del arco iris” (transformación del cuerpo físico en luz), incluso los trüku (tulkus) o reencarnaciones de los grandes lamas o budas vivientes, forman parte del budismo contemporáneo, al extremo de que hoy en día, incluso entre los lamas budistas, perviven prácticas propiciatorias y la consulta a oráculos. Asimismo, el Bon más difundido por todo el Tíbet está hoy en día absolutamente influido por el Budismo, de tal modo que únicamente a través de pequeños indicios, como el giro dextrógiro, predominante en sus svástikas y en la circunvalación los altares y stupas (opuesto a la trayectoria levógira budista), o bien la recitación bon del mantra OM MATRI MUYE SALE DU frente al tan manido OM MANE PADME UM budista, sería posible discernir las diferencias entre ambas religiones a los ojos del occidental.
El autor articula el libro, a fin de una mejor comprensión para el lego en la materia, en torno al carácter distintivo entre los dos movimientos espirituales que han vertebrado el Bon. Por un lado, se señala al Primitivo Bon o el Antiguo Bon de la Esencia, es decir, un corpus de prácticas e ideas samánicas y animistas afines con ciertas corrientes de Asia Central, Siberia y China que se extienden, asumiendo expresiones particulares dependiendo de la región que se trate, por toda la meseta tibetana. Por otro lado, el Bon de la Svástika, procedente del antiguo y misterioso reino de Shanshung en el extremo occidental de la meseta (llegando a alcanzar con posterioridad incluso las regiones orientales de Kham y Amdo), es un conjunto doctrinal y religioso mucho más complejo y profundo que posiblemente recoge influencias indo-arias y tántricas. La adaptación del Bon al budismo, como consecuencia de la presión histórica ejercida por éste sobre el primero, configurará el Bon Modificado o Bon Blanco, cuyos textos fundamentales son los Vehículos del Fruto. Por su parte, el Bon Negro o Bon Primitivo rechaza el budismo y sus enseñanzas se encuentran contenidas en los 4 Vehículos de la Causa, dando lugar a los 9 vehículos del canon Bonpo.
Es preciso hacer notar que la Meseta Tibetana es un territorio que se conoce como el Gran Tíbet y se componía de 4 regiones principales: el Tíbet Central, lugar de origen del reino del Pugyal y, a su vez, cuna del imperio Tibetano. Al oeste el Antiguo reino de Shanshung, territorio donde surge el Bon de la Svástika, que hoy día, pese a quedar reducido en extensión, se identifica con la región de Ngari. Por último, las regiones orientales del Kham y, al Norte, la de Amdo (que se encuentran actualmente fuera de lo que, en la actualidad, constituye la Región Autónoma del Tíbet, y en las que todavía pueden encontrarse prácticas Bon). En tan inhóspitos lugares las diferentes tribus nómadas, puestas en contacto con culturas de etnias diferentes como los han y la cultura del rio amarillo, desarrollaron “una organización tribal y se consolidó una sociedad primitiva en la que la religión de la naturaleza desempeñó un papel de gran importancia. Esta religión de la naturaleza no es más que el Bon Primitivo” (p. 46).
Desde este punto de vista, los orígenes del Bon Primitivo se pierden en el neolítico y todo el conocimiento de su presencia, a causa de la escasez de textos antiguos y fiables, se reduce a las huellas que es posible descubrir en el ya muy tardío Bon de la Posesión, que es como los budistas conocen a un Bon Primitivo evolucionado que se asienta en el Tíbet Central, aproximadamente en la época de los primeros reyes del Pugyal (en todo caso, no antes del siglo V a.n.e.). El Bon Primitivo comprende un conjunto de creencias genéricas sobre la naturaleza y, además, una serie de prácticas samánicas de corte animista (esto es, la idea de que todos los seres, debido a la co-pertenencia a una misma naturaleza, pueden ejercer un poder dinámico unos sobre otros). Así, los bonpos no serían en realidad sino “maestros en las artes samánicas de éxtasis y de magia ritual (…) [y] en el uso de los sngags (mantras) y conjuros” (p. 69), siendo capaces incluso de entrar en contacto con el otro mundo, recoger conocimientos y aplicarlos en la tribu (por ejemplo, con propósitos curativos). En el universo Bon, que está constituido por 3 mundos: el de los Dioses, el de los espíritus y el inferior o de los demonios, se requiere un mediador, el bonpo, que mantenga el equilibrio esencial. No resulta casual, pues, que éste sea considerado un sanador, sortero, oráculo (mediante el uso de múltiples mánticas) o, más aún, un psicopompo (guía a los muertos para que alcancen el cielo), que dirige los ritos funerarios. De este modo, el Bon Primitivo del Tíbet se relacionaría entonces con el samanismo característico del Asia Central y Septentrional ya que coincide con ellos en practicar un culto al cielo (de cuya importancia da cuenta la doctrina mitologética del Bon posterior en sus referencias a los 9 cielos reflejados en 9 dioses primordiales, en los 9 niveles del monte sagrado y en los 9 vehículos del Canon Bonpo, sin olvidar que del cielo desciende Tonpa Shenrab, fundador del Bon de la Svástika y Ñatri primer rey de Pugyal), la pirolatría o culto al fuego y el culto a la luz (de hecho, Tonpa Shenrab vendría a ser una manifestación de la luz).
Al parecer, los tibetanos procederían de la fusión, a lo largo del tiempo, de un conjunto de tribus nómadas denominadas Qiang (principios del milenio I a.n.e.) vinculadas bajo una lengua compartida (a excepción del reino de Shangshung). A ella debe remitirse para rebuscar el sentido del término bod, cuyo significado originario es desconocido, y que servía para la auto-denominación colectiva como pueblo. De la palabra bod deriva Tubo y de ésta se originaría el nombre de Tibet. Por lo demás, todas estas tribus cuentan con un mismo mito cosmogónico (con sus lógicas diferencias regionales) que hablaría de una descendencia a partir del simio, manifestación del Bodishattva Chenresi, es decir Avalokitesvara (Buda de la compasión) y de una ogresa o diablesa de los riscos, manifestación de Drolma, es decir Tara.
“Shangshung [finales del milenio II a.n.e. hasta la anexión al reino de Pugyal, durante los siglos VII-VIII] fue el país donde floreció el Bon de la Svastika y de donde irradió hacia el Tíbet Central (…) situado en la región occidental de la Gran meseta Tibetana” (p. 167). Cabe remontarse a lo dicho por cronistas griegos como Herodoto o Aristoteles para encontrar algunas referencias acerca de una civilización basada en su riqueza aurífera que, en poco tiempo, se convirtió en el imperio más poderoso de la meseta muchos siglos antes del surgimiento del reino del Pugyal. Sin embargo, la inexistencia de textos antiguos, como ya ha sido mencionado, nos sumergen en el “enigma de Shanshung”, en la medida en que nuestro conocimiento sobre el Bon de la Svástika se circunscribe casi exclusivamente a las informaciones aportadas por el Bon Viajero del reino de Pugyal (Tibet Central) asociado al Bon de la Svástika, justo tras la anexión del reino de Shangshung (nos situamos en el s. VIII). Será, no obstante, a mediados del siglo IX, tras el asesinato del rey Langdarma (Tri Darma), cuando “el Imperio Tibetano desaparece definitivamente desmembrado en numerosos pequeños estados”. A partir de ese momento los acontecimientos se suceden sin solución de continuidad. A principios del siglo X Ñima Kun, descendiente de los reyes del Pugyal, huye al antiguo reino de Shangshung, donde funda una nueva dinastía NGARI (pueblo vasallo). Su hijo Yeshe Wo invitará a venir desde la India a Atisha, el gran maestro budista y resultará un acontecimiento realmente decisivo por cuanto que el Budismo se transforma en religión de estado en detrimento del Bon. Los bonpos pasan a ser, así, un colectivo religioso perseguido lo que provocará la transmisión del Bon hacia los nómadas del norte.
Originalmente, los sku-gshen, samanes bonpos, eran consejeros reales y ejercían una gran autoridad política. Mantuvieron contactos con pueblos de estirpe aria como los dardu o mon y fueron afectados por sus culturas (conocían el zoroastrismo), “el Bon de la Svastika es, muy probablemente ario en parte e incluso en gran parte”. Este impacto repercutió, sin duda, en la creación de ciertos símbolos identificativos relacionados, sobre todo, con la heliolatría zoroástrica. A modo de ejemplo paradigmático, al bon se le debe la expansión de la Svástika (símbolo solar de lo eterno e inmutable cuya forma representaría el movimiento circular de la luz solar en las 4 direcciones) y la existencia de Garuda (símbolo solar y de la gnosis o sabiduría trascendente). Detrás de toda esta simbología palpitaba un relato cosmogónico y antropogónico cuyas raíces se internan en la más profunda antigüedad. A grandes rasgos, se afirma el surgimiento desde los rayos lumínicos de Tonpa Shenrab, fundador del Bon de la Svástika, agente protagónico en el traslado del conocimiento desde las alturas celestiales hasta la Tierra (primero, a través de las enseñanzas extáticas y, posteriormente, gracias a las influencias budistas, que indican el camino del despertar). “(…) también las transmitió [las enseñanzas] en un mundo celestial manifestándose bajo la forma de Chime Tsugpü (…) Tonpa Shenrab y su manifestación constituyen el Cuerpo de Manifestacion en tanto que Küntu Sangpo y Shenlha Ökar representan, respectivamente, el Cuerpo del Bon y el Cuerpo Glorioso” (p.191). Tonpa Shenrab reformó y estructuró el Bon primitivo en 4 partes (4 vehículos de la causa) y, sobre esta base, fundó el Bon de la Svástika al incorporar La Doctrina de la Gran Perfección (Dsogchen), en principio opuesta al dualismo inherente en los primeros 4 vehículos.
Cuando se habla del antiguo reino del Tíbet se hace referencia al reino del Pugyal (Tibet Central), lo que más tarde (s. VI-IX) pasará a constituir el Imperio Tibetano. En su origen hallamos a los pobladores del valle de Yarlung y, de entre ellos, Ñatri Tsanpo (Rey Natri), a la sazón primer rey de Pugyal. “Ñatri bajo del cielo [descendiendo por una escalera celestial o cuerda de luz] a Lha-ri (la Montaña Mágica) para ser señor de las 6 tribus del yak del Tíbet, para ser señor de todo cuanto hay bajo el cielo…después retornó al cielo” (p. 59). La labor de Ñatri Tsanpo, dios encarnado según los Bonpos y un príncipe de la dinastía Shakya según los budistas, cubrió los más diversos aspectos. Construyó la fortaleza de Yumbulakhang (la más antigua del Tíbet), tradujo textos bon y gobernó de acuerdo a sus dictados. Ahora bien, el Bon Primitivo (samánico) ya existía en el Tíbet central antes de Ñatri Tsanpo (de hecho, fueron 12 bonpos los que oficiaron la ceremonia de su coronación), y corresponde a los primeros maestros y magos bonpos el haber traido el Bon de la Svástika ya en tiempos del rey Drigum Tsanpo. Con Ñatri Tsanpo (y durante el reinado de los seis reyes que le sucedieron) el Bon alcanzó suficiente poder político como para terminar alcanzando el estatus de religión del estado. Esta época es conocida como “primera difusión del Bon”, esto es, difusión de las “enseñanzas mántricas”.
Con el paso del tiempo, las estructuras de la sociedad tibetana derivarán hacia un modelo esclavista. Esta transición se verá reflejada también en la propia evolución interna del Bon Primitivo que desemboca en lo que se ha venido a denominar como “Bon de la posesión” y, en consecuencia, el samán extático asume atribuciones de un lama o sacerdote bonpo con carácter hereditario. Es más, la obsolescencia del Bon Primitivo quedará evidenciada cuando la sociedad esclavista tibetana entra en la edad de los metales y se logra un cierto grado de desarrollo económico. Es en ese momento, coincidiendo con el 8º rey del Pugyal Drigum Tsanpo, cuando el Bon de la Svástika emergerá con fuerza frente al Bon Primitivo, en la medida en que ofrecía un corpus doctrinal más flexible a las nuevas condiciones socioeconómicas. Este hecho no impide, por el contrario, que el Bon entre en un periodo sumamente convulso. Por un lado, en el segundo periodo del reinado de Drigum Tsanpo se prohíbe el Bon (salvo los 4 primeros vehículos del Bon de la Causa) y se expulsa a los bonpos (lo que dará lugar a la primera persecución del Bon). Será con ocasión de la muerte violenta de Drigum Tsanpo (quién no regresó al cielo en forma de luz como los primeros 7 reyes del Pugyal) cuando se vuelva a confiar en la acción del Bon (su hijo Chatri Tsanpo -Pude Gugyal- llama a 3 bonpos del oeste para que oficien los ritos funerarios). De este modo, el Bon Viajero (de la Svástika) vuelve a recuperar su posición privilegiada en el reino del Pugyal, situación que, por lo demás, perdurará hasta el reinado de Trisong Detsan (s. VIII), periodo que se conoce como la Segunda Difusión del Bon.
A principios del s. VII, cuando ya ha comenzado la concentración progresiva de tribus en la meseta y, con ello, la conformación del Gran Imperio tibetano, Namri Songtsan, 32º rey del Pugyal, inicia un periodo de conquistas militares que culminará su hijo, el Gran Songtsan Gampo, con la conquista de Shangshung y la definitiva unificación del Tíbet. En el corazón de este nuevo estado imperial irrumpirá con fuerza el Budismo que, debido a su mayor elaboración doctrinal y su prolijidad de textos, se identifica mejor con las nuevas estructuras sociales emergentes. Es por ello que, durante todo un siglo de expansión militar tibetana, se producirán numerosos enfrentamientos entre los budistas (representando a la casa real) y los bon (ligados a la nobleza). Pese a que es posible situar la presencia del budismo en Tíbet a comienzos de siglo VIII (debido a la migración de monjes de Asia Central por la presión musulmana), debemos esperar al reinado de Tride Tsugtsan para contemplar su máximo apogeo, una vez que se permite la vuelta de los Budistas y desaparecen las prohibiciones impuestas por la nobleza Bon. Este hecho simbolizará una subversión de las relaciones de poder entre las dos corrientes religiosas con consecuencias desastrosas para el Bon. En efecto, tras la victoria del Budismo en el debate entre bonpos y budistas, los bonpos son obligados a convertirse o bien son desterrados hacia tierras orientales. Con ello se inicia lo que se conoce como la 2ª persecución del Bon que, sin embargo, provocará el desplazamiento geográfico del Bon de la Svástika hasta las regiones del Kham y Amdo (no obstante, aún tendrá oportunidad incluso de volver al poder a mediados del s. IX, durante el reinado de Tri Darma, o Langdarma). El propio Trisong Detsen orientó las prohibiciones a las prácticas demoniacas y los sacrificios cruentos mientras que fomentó la conservación de aquello que consideraba provechoso, esto es, las mancias, prácticas propiciatorias, etc. Como consecuencia, el Bon comienza a entreverarse con prácticas budistas, llegando a una fase de mutua asimilación, que desemboca en el Bon Modificado (el mas difundido hoy día) en el que la persecución del Bon y su falta de textos les lleva a realizar plagios de textos budistas, pasarlos por textos Bon y a esconderlos para ser descubiertos, en forma de Termas principalmente 3 siglos después (siglo XI), lo que corresponde a la Postrera Difusión del Bon. Ya en el Siglo XIV, sobre la base de nuevas termas, se reconoce a Padmasambhava, el Gurú Rimpoché y sus enseñanzas. La asunción de múltiples aspectos de la doctrina budista, materializada en la conformación del Bon Nuevo, no supondrá el freno de las persecuciones budistas.
En suma, podríamos resumir los tres periodos históricos del Bon en el Tíbet como un recorrido que va del Bon samánico, pasando por el Bon tántrico-mágico, hasta el Bon erudito. Finalmente, el Bon que se conserva hoy en día resultaría una síntesis de los tres.
El canon Bonpo, constituido conjuntamente por el Kangyur (enseñanzas de Tonpa Shenrab) y el Tengyur (comentarios), es objeto de múltiples clasificaciones, siendo la mas conocida la que se organiza en base a los 9 vehículos. Los 4 primeros son conocidos como Vehículos de la Causa y constituyen una sistematización y síntesis de las primeras prácticas y cultos samánicos. Los 5 siguientes son los Vehículos del Fruto, donde aparecen las enseñanzas espirituales, derivadas de la influencia del Budismo, y culminadas con la Gran Perfección del Bon.
En definitiva, a pesar de que la profusión de términos pudiera desorientar al lector no especializado, este libro supone una referencia fundamental para aquellos que desean introducirse en la religión originaria del Tíbet.
A modo de introducción en la materia: Preciado, I. 2001, En el país de las nieves: Viajes por el laberinto tibetano; Preciado, I. 2004, El sembrador de oro y otros cuentos del Tíbet; Preciado, I. 1994, Vida de Milarepa; Fracke, A. H. 1949, A Book of the Tibetan bonpos; Kvaerne, P. 1995, The Bon Religion of Tibet.