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R. H. Van Gulik. La Vida Sexual en la Antigua China

R. H. Van Gulik. La Vida Sexual en la Antigua China

Madrid: Siruela, 2005

La vida sexual en la antigua china

Si el afán de justicia nos guía, no hay duda de que nos hallamos ante una obra clásica de la historiografía sobre China y, más concretamente, sobre el estudio temporal de los hábitos sexuales que han caracterizado el decurso de la historia china, desde sus comienzos hasta el final de la dinastía Ming. A pesar de que desde el periodo en que se escribió hasta nuestros días han transcurrido unos decenios, ello no ha supuesto una merma en la novedad de algunos de sus contenidos, accesibles por vez primera al lector occidental. La razón de ello es que Van Gulik aborda esta empresa haciendo uso de los los más significativos textos y manuales sobre sexualidad escritos en cada uno de los diez periodos dinásticos (a cada uno de ellos dedica un capítulo íntegro) en los que se estructura su obra. Ahora bien, si bien el manejo brillante de este corpus extraordinario de información convierte a este trabajo en una verdadera loa a la erudición, preciso es añadir que Van Gulik trata de ir más allá de la mera presentación ordenada de datos para pasar a un plano teórico-reflexivo que no ha pasado, ni mucho menos, desapercibido para la crítica posterior. Al respecto, conviene realizar algunas observaciones:
En primer lugar, de la lectura de la obra se desprende una inclinación selectiva del autor que ha repercutido en el sobredimensionamiento de determinadas fuentes textuales y la infravaloración de otras referencias bibliográficas o el escaso tratamiento de ciertas temáticas vinculadas con la praxis sexual. Por ejemplo, si para W. Schiffer (Monumenta Nipponica, Vol. 17, Nº 1 / 4, 1962, p. 361) parece coherente la omisión de todo el material relacionado con el arte erótico (ya que no hay que olvidar que el mismo autor había escrito con anterioridad Erotic Colour Prints of the Ming Period, with an Essay on Chinese Sex Life from the Han to the Ch’ing Dynasty, B. C. 206 – A. D. 1644) en opinión de Edward H. Schafer (Journal of the American Oriental Society, Vol. 81, Nº4, 1961, pp. 452-454) hubiera sido necesario desarrollar, por el contrario, algunos aspectos de importancia cuando se trata de analizar el comportamiento sexual como son los afrodisiacos. En todo caso, parece claro que la selección bibliográfica del autor puede llevarnos a construir una imagen panorámica de los hábitos sexuales en la cultura china que no se corresponde con la realidad o, por lo menos, que poco tiene que ver con el comportamiento sexual de todos aquellos sectores sociales excluídos de la corte imperial. A decir verdad, dificilmente podría haberse llegado a un enfoque alternativo ya que, pese a que los emperadores chinos no representan las costumbres sexuales chinas más cotidianas, resulta, sin embargo, inevitable que el autor se refiera a ellos, en la medida en que se dispone, con diferencia, de un mayor volumen documental.
En segundo lugar, el enfoque interpretativo, fundamentalmente histórico-moral, dado a su trabajo, en ocasiones exagerado a los ojos de algunos crísticos como Donald Holzman (cuando analiza el simbolismo sexual del color en relación con la existencia de una sociedad matriarcal. T’oung Pao, Second Series, Vol. 51, livr. 1, 1964, pp. 103-114) contiene los mimbres suficientes para que van Gulik entre en detalles sobre su teoría general relativa a las costumbre sexuales chinas, una teoría cuyas controvertidas implicaciones se extienden por toda su obra. Desde una óptica excesivamente idealizada y optimista (especialmente cuando se refiere a que el comportamiento sexual en China ha sido, por lo general, “normalizado”, “saludable”, “alejado de la perversión” y “de la magia negra”), el autor aporta toda una serie de argumentos que vienen a defender la valoración de la sexualidad en China mediante la contrastación con Occidente, de tal manera que, por un lado, China asume una concepción permisiva del acto sexual frente a una postura, la del cristianismo, tradicionalmente anatematizadora del mismo, al considerarlo como un pecado o como algo maligno. Pues bien, para llegar a esta conclusión (y este aspecto ha sido objeto de duras críticas), el autor se centra especialmente en los textos taoistas sobre la alcoba y sus placeres mientras que, por otra parte, ignora la literatura confuciana sobre el asunto, toda vez que se prescinde de sus manuales prácticos y se dedica a abordar los textos moralizadores sobre la nauraleza femenina. Es cierto que la dificultad para encontrar fuentes en el ámbito del confucianismo podría obtener una justificación en el hecho de que, como otros hombres civilizados, los confucianos eran reticentes a discutir y dejar por escrito sus experiencias de esa área íntima de su vida. Sin embargo, no es posible olvidar, como se ha subrayado frecuentemente, que este punto de vista anticonfuciano es, a todas luces, incompleto ya que, a nada que se explore la tradición histórica china, llegaremos a la conclusión de que es practicamente imposible separar estas dos corrientes filosófico-espirituales de aquel ethos cultural.
En tercer lugar, la orientación dada por el autor redunda en una serie de inferencias históricas de diferente calado. Por un lado, ha sido reconocido como una hipótesis de gran interés el sustento histórico que aporta a la comparación entre el taoísmo sexual y las prácticas psico-físicas llevadas a cabo en el tantrismo. En opinión del autor, el misticismo sexual del taoísmo chino, habiendo estimulado la expansión del Vajrayāna en India durante el s. VII, habría retornado a China a través de misioneros tántricos chinos durante el periodo Tang y a través del lamaísmo durante el periodo mongol. Más controvertida y polémica si cabe ha sido la tesis del autor en torno al progresivo endurecimiento de las medidas represivas en lo que a la sexualidad se refiere hasta que, a finales de la dinastía Ming, nos encontramos con cierta clandestinidad en las prácticas sexuales. En este punto, la conquista manchú de 1644 constituirá el punto de inflexión decisivo que haría oscilar la política sexual desde la permisividad generalizada a la regulación más estricta. Un examen del material así reunido me convenció de que la concepción extranjera general sobre las costumbres depravadas y anormales de los antiguos chinos era totalmente incorrecta. Como era de esperar de un pueblo altamente culto y sabio como el pueblo chino, desde tiempos remotos habían prestado suma atención a la sexualidad. Sus observaciones se encuentran en los “manuales de sexo”, textos que enseñan al jefe de familia cómo guiar sus relaciones con sus diferentes mujeres. Estos manuales ya existían desde hacía dos mil años y se estudiaron ampliamente hasta el siglo XIII. Posteriormente el puritanismo confuciano prohibió de forma gradual la circulación de este género literario y, después del establecimiento de la dinastía Ch’ing en 1644 d. C., este puritanismo, fortalecido por factores políticos y emocionales, dio origen a la reserva antes mencionada, relacionada con los temas sexuales que desde entonces obsesionaron a los chinos (p. 13). Al respecto, se ha puesto de relevancia con insistencia la dificultad probatoria de la conjetura de Van Gulik, hasta el extremo de que D. C. Twitchett (Bulletin of the School of Oriental and african Studies, University of London, Vol. 26, Nº 1, 1963, pp. 212-213) sostiene la imposibilidad de que los manchúes fueran capaces de modificar radicalmente los hábitos en materia sexual de un inmenso país como China.
En cualquier caso, es preciso remitirnos a la desatacadísma capacidad del autor para aproximarnos a literalidad de los escritos orginales chinos mediante sus rigurosas traducciones y sus finas cualidades interpretativas. Todo ello, en suma, ha conducido a la elaboración de este verdadero clásico de la sinología contemporánea que todo especialista, si desea conocer aspectos nucleares de la cultura china, tiene la obligación de leer.
A modo de introducción en la materia: Goldin, P. R. The Culture of Sex in Ancient China (2002); Jeffreys, E. Sex and Sexuality in China (2006); Jeffreys, E. China, Sex and Prostitution (2004); Cuncun, W. Homoerotic Sensibilities in Late Imperial China (2004).

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