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Libros
John Z. Bowers: Western Medical Pioneers in Feudal Japan. Baltimore & London: The Johns Hopkins Press, 1970
La lectura de Western Medical Pioneers in Feudal Japan nos sumerge de modo sugestivo en la auténtica odisea, plagada de resistencias y controversias, en que se convirtió la introducción de la medicina occidental en Japón. En tal sentido, puede considerarse sin ninguna duda la obra J. Z. Bowers, por su profusa documentación y su profundidad analítica para desentrañar las redes informales creadas en torno al modelo médico europeo, en un clásico indispensable para aquellos historiadores de la medicina que se interesen por los procesos de confluencia epistemológica con culturas no-occidentales. Tomando como punto de partida la tesis nuclear de que la progresiva penetración de la medicina europea constituye uno de los factores clave en la occidentalización del país, mucho antes de que Perry “abriera” el imperio a occidente en 1853, Bowers se lanza a describir la trayectoria histórica de la recepción en el archipiélago nipón de la medicina occidental, primero, a modo de introito esencial, a través de la inicial presencia portuguesa (cap. I: Medicine before the Dutch), y posteriormente a causa de la implantación en territorio oriental de las misiones comerciales holandesas (caps. II-VI). Lo que en apariencia pudiera ser una empresa intelectual de gran complejidad queda resuelta eficazmente por Bowers al movilizar a figuras médicas referenciales en dicho proceso de transmisión científica (Willen Ten Rhijne, Engelbert Kaempfer, Carl Pieter Thunberg, Philipp Franz Balthasar von Siebold, J. L. C. Pompe van Meerdervoort) con el fin de posibilitar no sólo una coherencia temporal, sino también puntos de anclaje personificados desde los que acometer contextos socioculturales más amplios. De esta forma, el autor no se resigna a ofrecer un panorama estrictamente técnico en torno al intercambio del saber médico con Japón, sino que, más bien, ofrece una reconstrucción fascinante de aquel territorio cultural que emerge lentamente bajo el entrecruzamiento de la mirada japonesa y occidental. Con todos estos mimbres, J. Z. Bowers nos sitúa en 1541, fecha de la entrada de los portugueses en Japón y, por tanto, del primer contacto con las prácticas médicas autóctonas, vertebradas en torno a la Medicina Tradicional China (Chung-i), que en japonés es conocida como Kampo. No es extraño, pues, que uno de los más importantes impulsos en la recopilación, síntesis e intercambio de conocimientos médicos fue promocionado por la presencia de los jesuitas portugueses y, en menor medida, franciscanos españoles en China y Japón. Ya a mediados del siglo XVI, de entre los diferentes informes preparados por los portugueses en Goa (colonia portuguesa en China), Luis Frois (Das Doencas, Medicos e Mezinhas, 1585) redacta un comentario describiendo el contraste entre las prácticas médicas occidentales y de la medicina chino-japonesa. Mucho antes de que Willem Ten Rhijne fuera el primer europeo en publicar una detallada descripción de los indicadores y prácticas de acupuntura y moxibustión, el padre Luis Frois ya había enviado a los jesuitas detallados informes sobre la praxis del kanpo. A su vez, el primer practicante de medicina occidental en Japón es Luis d’Almeida quien se instala en el hospital erigido por el jesuita Baltazar Gago en Funai. A partir de 1595 los franciscanos españoles, que se habían asentado en Filipinas, entran en Japón y desarrollan un programa misionero, estableciendo en Kioto los hospitales de Santa Ana y San José. En su gran mayoría, los jesuitas se mostraban favorables a la medicina china, aun cuando destacaban la antigüedad de sus tratados y su debilidad teórica. Al mismo tiempo, el papel de los diccionarios de los jesuitas portugueses en Japón en la transmisión de nociones esenciales de la medicina china alcanzó gran relevancia. El vocabulario de 1603, por ejemplo, Vocabvlário da Lingoa de Iapam com a declaração em Portugues (
, Nippojisho) ya nombraba 50 términos entre los que ya se hallaban contenidos términos como yin y yang
, las cinco fases
, los Zang-fu
, el término qi
. Hubo también médicos portugueses, como García de Orta en sus Coloquios dos simples e drogas e cousas medicinais da India (Goa, 1563), que dedicaban mayor interés, no tanto por el modelo de correspondencias sistémicas de la acupuntura sino por la riqueza de las materias orgánicas, inorgánicas y en la propia farmacopea china. De la importancia de esta obra da cuenta su influencia referencial en el Catalogus simplicium medicamentorum (Alcalá de Henares, 1566) y los Discursos de las cosas aromáticas, árboles y frutales y de otras muchas medicinas simples que se traen de la India Oriental (Madrid, 1572) del cirujano español Juan Fragoso.
Sea como fuere, el grueso de la obra se dedica a estudiar las consecuencias que, en el campo de la medicina, acarreará la llegada de los holandeses (1600) y su progresivo logro del favor de shogunato japonés frente a los portugueses y españoles. De hecho, apenas transcurrirán algunos decenios para que los Tokugawa establezcan los decretos de aislamiento (Sakoku) y restrinjan los niveles de contacto con la totalidad de los occidentales a excepción de los holandeses (1641), con quienes mantendrán un intercambio económico y comercial exclusivo en la isla de Deshima (Nagasaki). “Deshima was a small fan-shaped island 197 feet wide; it measured 557 feet along its northern shore and 706 feet along the southern shore, with a total area of thirty-two acres. In 1641 the island was crowded with several hundred vigilant Japanese attending a handful of Dutchmen. It was surrounded by a tall wooden fence, and the main entrance, at the midpoint of the northern shore, was connected to the mainland by a short stone bridge” (p. 22).
En lo que respecta al ámbito de la medicina, y pese a que la primera referencia recogida de un doctor en Deshima es la de un barbero de origen alemán (Caspar Schamberger, aprox. 1650), no es posible obviar en ningún caso la figura fundamental de Willen Ten Rhijne (cap. II: The Early Years at Deshima: Willen Ten Rhijne and Engelbert Kaempfer), esto es, del primer doctor en publicar en Europa una detallada descripción de las prácticas de acupuntura y moxibustión (Dissertatio de Arthritide, 1683). “Ten Rhijne was the only Dutch physician who made significant contributions to Western Knowledge of Japan during the two centuries that the Hollanders held Deshima” (p. 38). Siendo las condiciones en Deshima, como ha quedado reflejado en líneas precedentes, de aislamiento casi total (con excepción del hofreis, esto es, el viaje a Edo -Rhijne lo realiza en dos ocasiones- para presentar el informe anual o fusetsusho sobre el estado de los países con los que Holanda comercializaba y sobre las actividades de los portugueses), no obstante Rhijne pudo establecer un discreto intercambio de conocimientos médicos, botánicos y de otra índole a través de los traductores (Orandatsuji). El estrecho vínculo de éstos con los médicos holandeses permitió que, a la sazón, fueran los primeros japoneses adiestrados en medicina occidental y quienes fundaron las primeras dinastías de médicos (Nishi, Motoki, Narabayashi, Yoshio). A Rhijne, por otra parte, le suceden en el desempeño de funciones médicas en Deshima Engelbert Kaempfer (1690), autor de la grandiosa Historia de Japón, y Carl Pieter Thunberg, autor de Flora Japonica (1784) e introductor de la ciencia botánica en Japón. La estancia de Thunberg en Japón, al mismo tiempo, coincide con los primeros avances de la ciencia anatómica occidental desarrollados por médicos japoneses al margen de las prohibiciones existentes en el país en lo relativo a la disección del cuerpo humano (Cap. III: Opening the Door to Western Medicine: Carl Pieter Thunberg). “It was impossible for Japanese physicians to understand western medicine as long as human dissection was banned. As in China, the strict laws forbidding dissection were based primarily upon reverence for the human body” (p. 63). No habrían de ser sino los pasos previos a una primera y decisiva ruptura con los esquemas imperantes de la medicina Kampo, coincidiendo con la publicación del Zoshi (1759) por Yamawaki Toyo. Se trata de la primera descripción japonesa con visos de exactitud del cuerpo humano en los términos de una anatomía occidental, como resultado de la disección practicada en 1754, es decir, doscientos años después del De Humani Corporis Fabrica de Vesalio. Ya en 1774, Sugita Gempaku publica el Kaitai Shinsho, el primer trabajo europeo de anatomía (en este caso consistía en una traducción del Anatomishe Tabellen de Kulmus) publicado en Japón. “The Kaitai Shinsho was crucial for the advance of Western medicine because it showed that the anatomical theories from China were incorrect and that the rational basis of Western medicine and science was superior. Because it was made by a group of physicians, the translation drew further attention to medicine as the leading field of scholarship for Japanese who were interested in foreign learning” (p.72). De la importancia del Kaitai Shinsho da cuenta la acelerada intensificación en Japón de los estudios occidentales (Rangaku) y, finalmente, el traslado simbólico de la sede del saber occidental de Nagasaki a Edo. Hasta el extremo de que, en ese periodo, se establecieron doce escuelas privadas de enseñanza de medicina occidental en Edo, Kyoto y Osaka. En medio de este florecimiento de la ciencia occidental Otsuki Gentaku completa una segunda edición del Kaitai Shinsho (1798) y forma parte del primer staff del Ranshoyakkyoku, ‘Oficina para la Traducción de los libros holandeses’ (1811). Unos años después, en 1828, se publica el Oranda Yakkyo (‘Espejo de medicinas holandesas’, 1828), el primer libro japonés sobre farmacología europea. Con anterioridad, concretamente en 1823, otra de las figuras claves evocadas por Bowers, Philipp Franz Balthasar Siebold, entra en la bahía de Nagasaki (cap. IV: The Flowering of Western Medicine: Philipp Franz Balthasar von Siebold). La contribución de Siebold quedará justamente registrada en las crónicas de la época al convertirse en el primer extranjero en enseñar la medicina occidental (poniendo especial énfasis en la obstetricia y en la cirugía, sobre todo, de cataratas). “Siebold was the first physician to systematically teach and demonstrate the practices of Western medicine and surgery in Japan. His diagnostic and therapeutic procedures were in sharp contrast to the reliance on pulse diagnosis, inspection of the tongue, and observation of the patient in Kampo. Whenever possible, he used patients for demonstrations of palpation and auscultation, the techniques for thoracic and abdominal paracentesis, and the use of belladonna in dilating the pupil” (p. 113). Su actividad transcurre ininterrumpidamente hasta que en 1829 se le arresta por poseer una copia de un mapa imperial (el gran mapa de Ino Tadataka), para con posterioridad acabar confinado a Deshima y definitivamente expulsado de Japón. Cuando regresa obligadamente a Europa se embarca en una gira por el continente, donde es condecorado por el Zar de Rusia y establece contactos con Humbold. Sus esfuerzos por promocionar la cultura japonesa se ven finalmente recompensados cuando el gobierno holandés le otorga el puesto de curator del Museo nacional etnográfico de Leiden (1837, el primer museo de esa clase en Europa). Durante ese periodo llevará a cabo su grandiosa trilogía: Nippon, Fauna Japonica, Flora Japonica. No obstante, en el tiempo que transcurre hasta la segunda vuelta de Siebold a Japón (de escasa significación desde el punto de vista médico), se produce la oposición de los neo-Confuncianos y el Bakufu ante la creciente importancia del Rangaku. La oposición de los doctores Neo-Confuncianos alcanzó tal dimensión que en 1849 el bakufu estableció una orden especial prohibiendo la práctica de la medicina holandesa (a excepción de la cirugía y la oftalmología). Sin embargo, la corriente médica opuesta al aislamiento científico del país, encabezada por Sugita Gempaku, Maeno Ryotaku, Otsuki Gentaku y Ogata Koan, influyó decisivamente en el establecimiento en Edo del colegio Keio-gijuku (primer colegio japonés en tener profesores visitantes residentes de los EEUU) y, un año más tarde, el Teki-juku en Kioto. Con todo, el viaje de Siebold puso de relieve las tensiones diplomáticas larvadas entre los países occidentales, en pugna por acceder y dominar el mercado japonés. En 1852 el departamento de Estado y el Departamento de Marina de EEUU decidieron organizar una expedición a Japón (comandada por Perry, cuya autoridad será decisiva en el rechazo norteamericano para incluir a Siebold en la misma). A tal efecto pidieron a los holandeses información sobre el país nipón (con el que tenían un acuerdo de intervención en caso de invasión por parte de los EEUU), pero los holandeses decidieron no ayudar a los norteamericanos para no comprometer sus relaciones con la corte en Edo. Desde el punto de vista médico, será Pompe van Meerdervoort el último gran pionero en contribuir en el desarrollo de la medicina occidental en Japón (cap. VI: J. L. C. Pompe van Meerdervoort: The Official Adoption of Western Medicine). Desarrolla la primera disección científica en Japón (1859) y abre un hospital con 120 camas (1861). A partir de 1868 (con la proclamación de los cincos artículos de Kioto de 6 de abril de 1868), se asume el modelo médico alemán. Esta es la primera vez en que un país no sujeto bajo dominación colonial adopta un sistema extranjero.
“Of the three Western medical explorers of Japan we can Rank Engelbert Kaempfer as the leading autor and explorer, Carl Pieter Thunberg as the leading scientist, and Siebold as the leading teacher-and the most dramatic personaje. Pompe van Meerdervoort made a heroic contribution in establishing a medical school at Nagasaki. From the Japanese side, they are joined by a remarkable handful of Rangakusha-Sugita Gempaku, Maeno Ryotaku, Otsuki Gentaku, Takano Choei, and Ogata Koan” (p. 201).
En suma, Western Medical Pioneers in Feudal Japan de J. Z. Bowers supone un estudio excepcional, prolijo en detalles de relevancia histórica y anécdotas biográficas, que ha marcado y seguirá marcando en el futuro una línea de actuación necesaria en la historia de la medicina.
A modo de introducción en la materia: J. Z. Bowers 1980, When the twain meet: the rise of Western medicine in Japan; H. Beukers et al (Eds) 1991, Red-hair medicine: Dutch-Japanese medical relations; G. Achiwa 1969, Herman Boerhaave 1668-1738. His life, thought and influence upon Japanese medicine in the Period of Dutch Learning; N. Takeo 1991, History of Japanese medicine in the Edo era - its social and cultural backgrounds.