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ASIA ORIENTAL EN EL BRITISH MUSEUM (LONDRES)
EuskadiAsia |
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© Andrew Dunn, 2005.
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Hacer una visita al British Museum se ha convertido, de un tiempo a esta parte, en un ejercicio obligado para los miles de turistas que vistan Londres cada año. Gran parte de la veces se ha quedado en eso, en un majestuoso monumento a mayor gloria del saber universal que debe ser inmortalizado por los visitantes que acceden, entre admirados y sobrepasados por la inmensa historia material almacenada en sus salas, a este inmenso mausoleo del saber humano. |
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En verdad, cuando se llega a Great Russell Street, en la ribera norte del Támesis, y se accede a estas grandiosas dependencias, cabe comprender el profundo sentimiento de desorientación que puede invadir al visitante, pese a las eficaces señalizaciones y profusas explicaciones de cuanto se expone, ya que es imposible abarcar los innúmeros objetos, pinturas e instrumentos que asaltan a uno, una y otra vez, durante el recorrido. Tratar de contemplarlo todo de una sola vez, como suele ocurrir desgraciadamente al turista puntual de la capital londinense, se convierte en una experiencia funesta, un vía crucis que apenas logra un efímero agotamiento físico y una poco disimulada frustración por no haber logrado salir de una aproximación intensamente superficial. Es más razonable, cuanto menos, hacer incursiones periódicas a áreas concretas del interminable edificio, tras una documentación previa sobre lo que resulta de mayor interés contemplar. En ese sentido, y barriendo para los intereses que guían a esta página, invitamos a nuestro lector que nos siga por la planta principal (The Great Court), bordee la extraordinaria sala de lectura hasta llegar, en oposición a la entrada principal, a la sala 24 (la Galería de la Fundación Wellcome). |
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Si la atraviesa llegará a unas escaleras que le llevarán a las plantas superiores que albergan la sección dedicada a Asia (salas 33, 33ª, 33b, 34, 67, 91, 92-94). No tiene perdida, allí encontrará las fascinantes galerías Joseph E. Hotung, Asahi Shimbum, Selwyn and Ellie Alleyne, John Addis y de la Fundación Corea, The Korea Foundation Gallery, y Japón, The Mitsubishi Corporation Japanese galleries, (un piso más arriba).
Permítasenos no hacer aquí un listado exhaustivo de todo el tremendo material que se va a encontrar el visitante al entrar en aquellos espacios, ya que sería una tarea baldía (contienen más de 70.000 objetos). Aquel que lo desee podrá internarse en aquellos tiempos inmemoriales en los que las civilizaciones extremo-orientales dieron sus primeros balbuceos y recorrer con una mirada el transcurrir de los siglos hasta alcanzar los más cercanos y próximos, los que dan lustre a nuestra modernidad. Y entretanto habrá contemplar incontables objetos de jade, bronce o plata, refinados y esplendentes recipientes de porcelana o estatuas de madera, bronce o mármol. Y también, relicarios, estopas, sellos, máscaras, joyas, grabados, pinturas, manuscritos…
En la sala 33 se explora la cultura visual y material del continente asiático, poniendo especial hincapié en los mayores sistemas religiosos de la región (el budismo, el hinduismo y el jainismo). En la 33a se presta atención a los objetos ornamentales, modelos de estupa y demás elementos descriptivos de la vida de Buda. En la 33b se da cobijo a un inmenso material artesanal compuesto de jade, material de profunda raigambre en la historia de China. En la sala 67 el visitante encontrará expuesta la historia material, desde la prehistoria hasta la actualidad, de la cultura coreana. En la 91 nos internamos en todo aquello que tiene que ver con las tradiciones religiosas de China. Subiendo un piso más, en las salas 92-94, asistimos a una extraordinaria muestra de todo tipo de grabados, armas, manuscritos y artefactos de la cultura japonesa.
Ahora bien, más allá de este ingente muestrario del genio civilizatorio de Asia Oriental, conviene poner sobre la mesa un hecho sumamente significativo pero desconocido para la gran mayoría. |
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© Agurtzane Macías 2010
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La colección que propició la fundación del British Museum, perteneciente a Sir Hans Sloane (1660-1753), reservaba un espacio especial a una gran cantidad de documentos y objetos relacionados con Asia Oriental. Podemos decir sin equivocarnos que en la creación de tan importante institución tuvo mucho que ver la importancia atribuida a aquel remoto horizonte oriental que fustigaba la imaginación de viajeros, comerciantes y científicos, como Engelbert Kaempfer (1651-1716) cuyo trabajo pionero en Japón terminó, tras la venta de todo ese inmenso material por su familia, en las manos del coleccionista inglés.
Este espíritu inquieto, que llegó a ser miembro de la Royal Society y presidente de la Royal College of Physicians, llegó a amasar, producto de sus innumerables viajes y de la adquisición de otras colecciones (como las de William Courten, Antonio Gualterio, James Petiver, Nehemiah Grew, Leonard Plukenet, Herman Boerhaave y tantos otros), una amplísima biblioteca y un extraordinario gabinete de curiosidades (sellos, medallas, pinturas, monedas.., hasta llegar a la mareante número de 79.575 objetos, sin incluir los especímenes de plantas de su herbario) que, a su muerte (el 11 de enero de 1753), fueron legados a la nación a condición de que sus albaceas recibieran la no despreciable cifra de 20000 libras del momento. |
© Agurtzane Macías 2010
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Tal extremo del legado fue aceptado sin objeción alguna, sobre todo por que el precio que se tuvo que pagar no correspondía ni de lejos al valor inmenso del patrimonio de H. Sloane, de tal manera que todo aquel material junto con la biblioteca real de Jorge II, fue emplazado en Bloomsbury y dispuesto para las visitas del publico inglés (en especial, para “personas estudiosas y curiosas”) ya como British Museum el 15 de enero de 1759. Aunque la entrada era gratuita, había que adquirir un billete mediante tortuosos medios y una vez dentro era necesario unirse a una visita guiada. |
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© Agurtzane Macías 2010
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El espíritu con que se levantaron los cimientos del British Museum permanecieron en los decenios siguientes, con la adquisición de materiales obtenidos por los grandes viajeros del periodo, como las colecciones del capitán James Cook en sus viajes de circunnavegación, las de William Hamilton o los expolios de enviados o embajadores británicos en medio mundo (Henry Salt, Claudius Rich…).
En el caso de Asia Oriental, no es posible obviar el papel protagonizado por Sir Augustus Wollaston Franks, Sir Alexander Cunningham y otros arqueólogos, Sir Robert Brownrigg, William Gowland, hasta la creación en 1933 del Department of Oriental Antiquities (unido en 1946 al Department of Ethnography y ya en 2003 al Department of Japanese Antiquities). |
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Desde este punto de vista, en cada de uno de los muros del British Museum yace la memoria viva de los viajes oceánicos, de los expolios arqueológicos, la crónica del encuentro occidental, las más de las veces plagado de malentendidos, con la misteriosa e ignorada lejanía oriental. Domesticado en el suntuoso mausoleo que le protege del inclemente tiempo, el patrimonio asiático contiene, sin embargo, la enérgica propiedad de suscitar en el peregrino ávido de belleza la elevación del ritmo cardiaco, algún que otro vértigo o sereno desvanecimiento o, incluso, ciertas alucinaciones placenteras, como aquellas que invadíeron a Stendhal en su visita a Italia. Y, sobre todo, el sentimiento subyugante de acariciar en un instante los diferentes y extraños mundos que han acaecido en los últimos milenios. |
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© Agurtzane Macías, 2010
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© Agurtzane Macías, 2010
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Información General del British Museum: http://www.britishmuseum.org/default.aspx
Abierto todos los días, 10:00h-17:30h El Museo cierra:
Más Información acerca del Departamento de Asia del Bristish Museum: http://www.britishmuseum.org/the_museum/departments/asia.aspx |
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