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ADENTRÁNDOSE EN UN UNIVERSO ORIENTAL. EL BARRIO CHINO DE LIMA (PERÚ)
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Quienes arriben por vez primera en la populosa Lima, acariciada por los neblinosos efluvios del Pacífico, debieran, por lo menos durante un día, poner en suspenso los típicos recorridos al Malecón de Miraflores, a la Plaza de Armas (en el centro histórico) o, un poco más alejado, al Museo del Oro, para poner en práctica un ejercicio de extrañamiento cultural. No decimos, a decir verdad, nada que el turista considere extravagante o falto de sentido. Algo empieza a intuir cuando en su tránsito por la ciudad se ve invadido aromas y sabores orientales pronunciados, localizados en los numerosos restaurantes japoneses o chinos, las famosas chifas en el argot local, o cuando se ve acompañado mientras pasea por alguna calle céntrica, y casi sin darse cuenta de ello, por un número no despreciable de transeúntes de rasgos claramente asiáticos. Y si uno toma el transporte desde la costa y recorre el paseo de la República hasta, digamos, la Plaza San Martín uno no deja de sorprenderse de la cantidad de importantes empresas y multinacionales japonesas que se extienden por ambos lados de la vía. La razón de todo ello es que durante muchos decenios Perú ha sido destino de una gran cantidad de emigrantes asiáticos, entre los que se incluyen chinos, japoneses y coreanos. Ahora bien, quien desee sumergirse de lleno en el universo extremo-oriental sin salir del corazón de Lima tendrá que dirigirse al famoso barrio chino, que atraviesa la archiconocida calle Capón, entre las cuadras 7 y 8 del Jirón Andahuaylas y llegando incluso hasta Paruro y Huanta (cuadra 9). Allí nos encontramos con la algarabía y agitación propias del típico trasiego comercial que impone el carácter emprendedor chino, entremezclada con las actividades, sobre todo de pequeños negocios y tiendas, que han sido abiertos por los propios limeños. Bien es cierto que este lugar emblemático de los Barrios Altos presenta todavía algunos rastros de la degradación urbanística pasada, pero en la actualidad se ha convertido en un foco innegable de interés cultural, artístico, comercial y, especialmente, gastronómico. |
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La verdad es que no tiene pérdida. Cualquiera sabe reconocer el gusto típicamente chino de los adornos y acabados arquitectónicos de la calle. Toda la infraestructura urbana y la propia combinación de los colores externos esta cuidado al máximo para cumplir las leyes naturales que propugna el Feng Shui, a la vez que las figuras del horóscopo chino desplegadas a lo largo de la calle nos invitan a pensar que los asuntos más mundanos dependen en gran medida de las dinámicas celestes. Con todo, el signo más distinguible y famoso es el majestuoso arco de ocho metros de altura y trece metros de ancho (inaugurada en 1971) que da la bienvenida a los visitantes y que señala, por un lado y mediante ideogramas chinos, dónde se encuentra el curioso paseante (esto es, la “Calle China”) mientras que en la otra cara de la portada se nos recuerda una verdad insalvable: "bajo el cielo todos los hombres somos iguales". Tras muchos años de olvido y abandono, esta portada de estilo pagoda (diseñada por el arquitecto proyectista Kuoway Ruiz y donada por el gobierno de Taiwan) ha recobrado nuevos bríos desde 1997 y sus columnas se yerguen espléndidas sobre la muchedumbre ruidosa que va y viene hasta Mesa redonda y se ofusca, en pos de alguna ganga, en el descuidado Mercado Central. Se trata de un microcosmos muy denso y alborotado en el que tampoco faltan lugares, cómo no, para degustar los manjares y viandas de estilo oriental. Repartidas de manera casi ininterrumpida por toda la zona un medio centenar de chifas, entre los que destacan los tradicionales San Joy Lao, Salón China, Salón Capón o Wa Lok, muestran al paseante, a través de las cristaleras, los patos laqueados y otro sinfín de platos (como tallarines salteados, sopas wantan 餛飩, arroz chaufa 炒飯, dim sum 飲茶 o una gran variedad de carnes asadas) que apelan a la gula del hambriento de mediodía. Es necesario aclarar que chifa, como ya se ha sugerido, es un término utilizado en el Perú para referirse tanto a la cocina adaptada a los gustos peruanos por los inmigrantes chinos, principalmente de la zona de Cantón, a fines del siglo XIX e inicios del siglo XX, como también para denominar a los restaurantes donde esta comida es servida. |
Yendo a la genealogía del concepto nos tenemos que remontar a la década de los años treinta, cuando los limeños escuchaban a los chinos utilizar chifan al referirse al acto de comer en la fonda que regentaban. De esta forma, la forma derivada y evolucionada del vocablo tiene su origen en la combinación de los términos cantoneses «chi» y «faan» (饎飯), que significan, respectivamente «comer» y «arroz». El primer chifa de Lima fue inaugurado formalmente el año 1921 y fue conocido como «Kuong Tong» (cantón).Ya en 1934 abre sus puertas el renovado San Joy Lao (“Entre los cerros y el mar”, establecimiento que venía funcionando desde 1911), que alcanzaría gran renombre, y, con posterioridad, le siguieron el Ton Kin Sen, el Ton Pho, el Kam Lin, el San Joy Lao y el Men Yut (”Luna Clara”). El resultado de todo ello fue la progresiva predilección de las clases altas limeñas por la salsa agridulce, el arroz chaufa, las suaves sopas y otras preparaciones de esta cocina milenaria (en especial, procedente de Guangdong, Sichuán y Pekín) que acabó siendo incorporada de modo fundamental en la gastronomía criolla peruana. …Y ya que estamos con estas digresiones de “arqueología social” merece la pena hacer un breve comentario sobre el término Capón para llamar al barrio de los chinos ya que tiene que ver con la exitosa aceptación del recetario oriental. Al parecer, en el jirón Ucayali se capaba cerdos, toros, carneros y cabras para que engordaran y fuesen más apetitosos. Este establecimiento se asoció a un corralón cercano llamado Otaiza (donde se ofrecía comidas, se vendían todo tipo de productos y se capaban animales), que era gestionado por un grupo de chinos liberados. Pronto, como ya se ha dicho anteriormente, toda Lima va a comer a los chifas más renombrados, donde además se bailaba con orquesta en vivo. |
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| La comunidad emigrante china arriba por primera vez a Perú, concretamente a la provincia de Cañete, departamento de Ica, en 1849, cuando unos 75 chinos acuden a trabajar a las haciendas azucareras de la costa ante la liberación de los esclavos negros. En los siguientes 25 años llegan a Perú alrededor de 100 mil chinos para desempeñar trabajos diversos, no sólo trabajaban en las haciendas, sino también en la construcción de ferrocarriles, en la extracción de guano, y, en menor medida, como servidumbre. Los trabajadores chinos firmaban, normalmente en Macao (lugar donde existía un consulado peruano desde 1850 que atendía las tramitaciones para contratar a trabajadores chinos con escasa cualificación), un contrato en donde se comprometían a trabajar durante ocho años para los grandes señores peruanos. |
| Y, pese a que en teoría el patrón debía asegurar y dedicar una parte de su terreno al cultivo de plantas comestibles autóctonas para el consumo de los trabajadores chinos, en realidad éstos se movían en condiciones de semi-esclavitud, debido a las elevadas deudas contraídas durante el viaje y estancia en Perú y a las maquinaciones espurias de sus superiores. Con el transcurrir del tiempo algunos culíes (nombre con que se identifica en Perú al chino) consiguieron liberarse de esa situación opresiva y se desperdigaron por el resto de ciudades (sobre todo, al terminar la Guerra del Pacífico que va de 1879 a 1883 y que enfrentó a Perú y Bolivia contra Chile), en especial Lima, donde empezaron a abrir pequeños negocios de comida en los mercados locales. No en balde, los chinos introdujeron por aquella época nuevas prácticas de venta como el “comercio al menudeo”, el intercambio de productos o el negocio minorista con tiendas en las haciendas, encomenderías o en fondas donde ofrecían comida a cambio de dinero. Pues bien, la mayor presencia de esta comunidad étnica en Perú permite a este país firmar, en 1874, el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación con China, que entraría en vigor a partir de 1876. Sea como fuere y aunque ya desde el año 1883 cabe identificar una notable concentración de inmigrantes chinos en los alrededores de la calle Capón y el jardín Otaiza, en realidad es a partir de los años cincuenta del siglo XX cuando se empieza a hablar propiamente de un barrio chino en Lima. Esta parte de la ciudad, de arquitectura colonial y republicana, experimentó durante algunos años una gran vitalidad ya que solían acudir bohemios, compositores e intelectuales a sus conocidos salones de té, pastelerías y restaurantes de comida china cantonesa acriollada, que hoy forma parte de la gastronomía del Perú. |
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| Tras el paréntesis iniciado en la década de los setenta y con ocasión de las celebraciones de 1999 por los 150 años de presencia china en Perú, el barrio ha entrado en otra fase caracterizada por el decidido interés de las autoridades locales en potenciar sus tremendas posibilidades en el campo del comercio y del turismo. No es para menos, puesto que es preciso tener en cuenta que Perú es la sexta colonia más importante de esta comunidad étnica fuera de la República Popular China (tras Indonesia, Tailandia, Malasia, Estados Unidos y Canadá), de tal manera que en la zona costera, junto con Lima, nos encontramos con más de un millón trescientos mil chinos o descendientes de chinos cantones. En la actualidad, el creciente poder de la comunidad china en el Barrio se traduce en la existencia de dos periódicos dirigidos a este importante colectivo de emigrantes: La Voz de la Colonia China y el Man Chin Po (el diario chino más antiguo de América) y en la intensa actividad llevada a cabo, entre otras, por la Sociedad de Beneficencia China (Tonghui Chongkoc), la Asociación Peruano China (APCH), la Sociedad Tung Sing (Tungshing), la Sociedad Central de la Colonia China. |
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Son, en definitiva, muy antiguas las raíces de la cultura china en el país de los Incas, y ha transcurrido suficiente tiempo para que terminen por sedimentar costumbres insólitas y extraordinarias, un mundo de mixturas y sincretismos culturales proveniente de la lejanía asiática. Los limeños, así, hacen suyo ese universo oriental tomándolo ya como parte de su carácter, como así lo demuestra el particular barrio chino que acogen en el corazón de la Ciudad de los Reyes. MÁS INFORMACIÓN:
Barrio Chino Perú Barrio Chino PerúBarrio Chino Perúhttp://barriochinoperu.wordpress.com/
Asociación Peruano China (APCH)
Asociación de I Ching y Feng Shui del Perú 秘鲁易经风水协会Asociación de I Ching y Feng Shui del Perú 秘鲁易经风水协会 Asociación de I Ching y Feng Shui del Perú 秘鲁易经风水协会 |
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