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DOSSIER JAPÓN


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Con este Dossier damos inicio a una serie de documentos que, en cada periodo de actualización mensual de la página, versarán sobre el modelo económico, la estructura política y las transformaciones socioculturales que está experimentando Japón en estos últimos años.

CAMBIO EN EL GOBIERNO JAPONÉS.

VICTORIA DE YUKIO HATOYAMA

Yukio Hatoyama, líder del PDJ,  ha ganado las elecciones celebradas en agosto de 2009 obteniendo la mayoría absoluta, esto es 308 de los 480 escaños de la Cámara Baja.

 

De esta forma, sustituye en el poder al PLD, que se había mantenido en el poder casi ininterrumpidamente desde 1955.

 

El PDJ ha formado una coalición con el Nuevo Partido Popular (NPP, cuyo líder es Shizuka Kamei) y el Partido Socialdemócrata (PSD, cuyo líder es Mizuko Fukushima), de cara a obtener un respaldo firme en la Cámara Alta y ver aprobadas sin contratiempos todas las iniciativas legislativas del gobierno.

Contexto Económico

 

Uno de los factores más destacables en la derrota del PLD (Jimintō 自民党) ha sido la interiorización en el electorado japonés de que las iniciativas políticas en materia económica llevadas a cabo hasta el momento resultaban insuficientes para afrontar eficazmente el periodo de crisis económica por la que pasa Japón. En esta valoración negativa no habría que tener en cuenta exclusivamente los efectos devastadores de la crisis mundial en su cuerpo social (habida cuenta de que Japón, país eminentemente exportador, posee una altísima dependencia del mercado estadounidense) sino también la sensación de que el sistema económico japonés en particular presenta debilidades internas muy profundas, lo que hacía difícil contrarrestar con garantías la evolución negativa de sus indicadores macroeconómicos. Desde ese punto de vista, se asocia la debilidad estructural de la economía japonesa con la política desarrollada por el PLD en estos últimos años. No sólo debido a las medidas emprendidas por Taro Aso, sino por las políticas neoliberales que se remontan al periodo de gobernación de Jun'ichirō Koizumi, 小泉 純一郎 . Las reformas de J. Koizumi se sustentaban en tres principios básicos:

  • No puede haber crecimiento sin reformas y éstas implican sacrificios.
  • Hay que dejar en manos del sector privado aquello que pueda hacer.
  • Hay que dejar en manos de las administraciones locales lo que éstas puedan realizar.

Inspirado en esta declaración de principios, el gobierno de Koizumi estableció siete programas estratégicos:

  1. Privatización y desregulación.
  2. Apoyo a proyectos nuevos.
  3. Consolidación del funcionamiento de la Seguridad Social.
  4. Fortalecimiento de los bienes intelectuales.
  5. Innovación en el estilo de vida
  6. Activación e independencia de las regiones.
  7. Reforma fiscal.

 

A partir de la privatización general que se puso en marcha con las reformas liberales del periodo 2001-2006, se redujeron los mecanismos estatales para controlar las fuerzas especulativas de la economía japonesa. No sólo se liquidaron o se fusionaron entidades insolventes, se intervino en bancos, en una nacionalización encubierta (Mizuho, UFJ, Mitsubishi Tokio, Sumitomo Mitsui), para ser posteriormente privatizados, sino que también se pusieron a la venta corporaciones públicas estratégicas (como las de las carreteras, el petróleo, las viviendas y urbanización) y se tomaron medidas con el propósito de privatizar correos y telecomunicaciones (aspecto que se pretende frenar por parte del nuevo gabinete de Yukio Hatoyama, 鳩山由紀夫,con el nombramiento como ministro de Servicios Financieros y Postales a Shizuka Kamei, 亀井 静香).

Pues bien, esta reducción paulatina de la intervención pública en determinados sectores estratégicos de la economía japonesa produjo una incapacidad de maniobra en un momento en que el escenario económico internacional resultaba adverso. De esta forma, cabe remitirse al 2008 para atisbar de manera manifiesta las tendencias negativas de la economía japonesa hasta llegar a los nefastos datos macroeconómicos de la actualidad.

 

Sin duda alguna, uno de los datos más significativos al respecto tiene que ver con la balanza comercial japonesa. En efecto, la tremenda capacidad exportadora de Japón, base principal de su economía junto con el consumo interno, se ha resentido ostensiblemente. Si nos atenemos a datos que se remontan al 2008, comprobamos cómo el balance comercial positivo se ha hundido hasta los 2 billones de yenes (lo que equivale a 22.400 millones de dólares), esto es, el nivel más bajo, tras contraerse el 80%, de los últimos 26 años. Son varios los factores que vienen a explicar este drástico cambio.

 

Sin embargo, es necesario destacar los altos precios del petróleo y la bajada del consumo en países estratégicos como EEUU y China como factores esenciales en el descenso de las exportaciones (sobre todo, en lo que respecta a automóviles y tecnología) hasta un 35%. Los datos son reveladores: En 2008, Japón vendió un 15’8% menos a su principal cliente: EEUU y las economías emergentes de Asia compraron un 1% menos a Japón en comparación a 2007, el primer retroceso en siete años. Además, el déficit comercial con China se redujo al 15%. Todo ello, siguiendo una lógica de influencias encadenadas, ha provocado la ralentización estructural de la economía japonesa.

En primer lugar, la bajada de las exportaciones (debido al descenso del consumo mundial) ha reducido ostensiblemente la carga productiva y los beneficios de los grandes fabricantes japoneses como Toyota, Sony, NEC o Nissan. Como consecuencia directa del descenso en la producción, las empresas japonesas, en un intento de reducir costes de todo tipo, han optado por el recorte masivo de sus plantillas, lo que ha redundado en un aumento de la tasa de paro que, en la actualidad ronda el 5’7%, es decir, el peor índice de la posguerra. Hace ya algunos años que el sistema de producción japonés, basado sobre un concepto de adhesión vitalicia a la empresa, ha pasado a mejor vida. El mercado laboral ha experimentado, durante los años 90 y 2000, diversas reformas orientadas a la liberalización del mercado.

 

En este contexto, la crisis económica actual ha causado un aumento notable de la precariedad laboral, despidos constantes y cierres temporales de fábricas. Se ha expandido la subcontratación laboral y los empleos temporales (Haken-giri, 派遣切り), muchos de ellos ilegales (carecen de seguridad social, indemnización por despido, paro, horas extras pagadas, etc.), de tal modo de que la mayoría de estos “trabajadores pobres” (en la actualidad existen alrededor de un millón y medio), al no contar con un contrato laboral indefinido no pueden conseguir el aval para alquilar un piso. Las empresas buscan lograr un mayor nivel de adaptación a un mercado hostil, hasta el extremo de que muchas de ellas, además del recurso al despido (Nissan, por ejemplo, anuncia el despido de 20.000 personas de los 235.000 trabajadores con lo que cuenta a nivel mundial), recurren a otras medidas alternativas:

  • Reducción de horas de trabajo, turnos o jornadas laborables.
  • Permiso para buscarse un segundo empleo.

La situación de miles de trabajadores desprovistos de salario y desprotegidos económicamente para afrontar la crisis ha supuesto que el estado japonés tenga que dedicar un gran montante presupuestario no sólo a dinamizar su economía sino también a dar cierta cobertura social, generando un crecimiento acelerado de la deuda estatal (la deflación se sitúa en un 2’2%), de tal manera que el déficit público representa ya el 180% de su Producto Interior Bruto (PIB). Por otra parte, la reducción drástica de poder adquisitivo en amplias capas de la población japonesa ha detraído dramáticamente la demanda de consumo interno, el otro de los pilares sobre los que se erige la potente economía japonesa ya que supone el 55% del PIB, hasta límite sumamente peligrosos.


Pese a que en el 2009 parece haber signos de recuperación (entre abril y junio la economía creció un 2’3%, las exportaciones un 6’4% y el gasto proveniente del consumo un 0’7%), la entrada en el poder del PDJ responde al deseo del electorado japonés de hacer factible un cambio estructural que reoriente la economía japonesa.


En tal sentido, las medidas principales anunciadas por Y. Hatoyama se encaminan a actuar en el sistema fiscal y en la Seguridad Social, aspectos éstos que han provocado recelos en la Patronal de Empresarios Japonesa, Keidanren (日本経済団体連合会). Así, el PDJ (Minshutō民主党) pretende establecer un plan de ayudas directas a familias (2.2277 euros anuales por hijo), parados y pensionistas, así como subsidios para las familias dependientes de la agricultura con el objeto de reanimar la actividad económica en las zonas rurales (la razón es que existe un desfase muy fuerte entre los ingresos per cápita entre las zonas rurales y las urbanas). Además, anuncia recortes de impuestos sobre los carburantes y la congelación, con vistas a estimular el consumo interno japonés, del impuesto sobre el consumo, actualmente en el 5%. Asimismo, se van a realizar profundas reformas en el sistema educativo (se busca la gratuidad de la escuela secundaria) y en el sistema sanitario (para adecuarlo al modelo europeo). Todo este conjunto de reformas exige una alto nivel de liquidez estatal (16,8 billones de yenes, 126.000 millones de euros, hasta 2013) que se obtendrá a través del ahorro del gasto superfluo generado en la anquilosada estructura burocrática del estado.

 

Contexto Político

 

El discurso político de Yukio Hatoyama ha obtenido una profunda repercusión porque ha canalizado retóricamente la adhesión colectiva del pueblo japonés mediante el cuestionamiento de la estructura política tradicional del país y su famoso triángulo de acero (compuesto por la clase política, la administración / burocracia civil y por la clase empresarial) que han sido identificados socialmente, en estos últimos años, con tres aspectos negativos:

  • La crisis económica que lastra al país en estos últimos tiempos en el marco de una población cada vez más envejecida (en la actualidad sólo dos personas trabajan para un pensionista).
  • Sistema político elitista y escasamente dinámico que abre una fractura entre los centros de decisión y el estado de opinión de la sociedad japonesa.
  • Corrupción endémica que asola a la clase política japonesa.

 

En primer lugar, el discurso del cambio difundido por el PDJ se opone radicalmente al estatus quo representado por el Jimintō (PLD), hasta ahora omnipresente en la gobernación del país desde 1955 (salvo el famoso periodo de diez meses, cuando gobernó una coalición de partidos, entre 1993 y 1994) debido a los lazos que ha sabido cultivar con los conglomerados industriales y con los lobby agrícolas, así como con millones de funcionarios de la administración que ha incentivado generosamente. Desde ese punto de vista, el PLD se ha presentado siempre a las elecciones con un amplio apoyo social y empresarial, representado sobre todo por los grupos de apoyo a los candidatos (koenkai 後援会), lo que ha provocado que fuera (junto con el Partido Comunista de Japón) capaz de presentar candidatos en todos los distritos con un altísimo sustento financiero. Sin embargo, el mensaje de Y. Hatoyama “Seiken Kotai”: cambio de régimen, ha resultado especialmente eficaz ante el estado de debilidad reflejada por el PLD:

  • Elaboración de políticas inadecuadas para frenar la crisis económica (no han logrado evitar la desafección electoral).

 

  • Mensajes hostiles contra ciertos sectores de la sociedad japonesa, con el consiguiente daño de la imagen pública de Taro Aso (cuya popularidad se situaba en determinados momentos por debajo del 20%). Por ejemplo, durante la campaña electoral, no se contuvo en provocar la polémica al declarar que “los jóvenes con poco dinero no deberían casarse” ya que resultaría difícil “que alguien sin ningún ingreso pueda ser visto como objeto de respeto (por parte de la pareja)”. Igual de controvertidas han sido sus declaraciones dirigidas a las personas mayores y a los médicos.
  • Imagen de debilidad interna y sensación de partido vencible en el enfrentamiento electoral (reflejado en la victoria de la oposición en las elecciones al senado / cámara alta o de consejeros de la Dieta (kokkai国会) de 2007 y la reciente derrota en las elecciones locales para la asamblea de Tokio, donde el PLD perdió 10 de los 48 escaños).

 

  • Rechazo social ante los casos de corrupción y lo escándalos públicos protagonizados por algunos dirigentes del PLD (destaca, por ejemplo, el suicidio en 2007 del Ministro de Agricultura, Bosques y Pesca, Toshikatsu Matsuoka, al verse implicado en caso de malversación de fondos públicos o la más reciente muerte en extrañas circunstancias del ex ministro japonés de Finanzas, Soichi Nakagama, quien compareció aparentemente borracho tras una reunión del G 7 en Roma en febrero de 2009).

Movimientos internos y pugnas (hasta Jonichiro Koizumi levantó la voz contra el gabinete (Naikaku内閣) de Taro aso) entre las diferentes facciones del partido (habatsu派閥: Heisei Kenkyukai, Kouchi Kai, Seiwa Seisaku Kenkyukai) que ha proyectado una imagen de desestabilización profunda y ausencia de una referencia clara (recordemos que, en este sistema, el líder del grupo busca el apoyo necesario para los “parlamentarios asociados a su facción”, quienes posteriormente apoyan a su dirigente para alcanzar puestos ministeriales. Esto da lugar a un sistema de representación política excesivamente cerrado que, como una de sus consecuencias más negativas, desmotiva la afiliación y la participación de base).

 

  • El PLD no ha logrado desprenderse de una concepción familiar y clientelista en su aparato político (el PLD mantiene el 46’5% de los 200 candidatos “herederos de escaños” frente al PDJ, tras la reforma interna de Ichiro Ozawa, que sustenta sólo el 10’4%).

Asimismo, el mensaje de Y. Hatoyama basado en una “política al servicio de la vida de la gente” rompe con la estructura endogámica y de retribución de intereses circular entre la redes industriales y empresariales (keiretsu系列), los altos cargos (kanryo) de la administración pertenecientes a la “burocracia nacional” (quienes, en realidad, dirigen el país a través de la producción legislativa) y los cuadros políticos (zoku族) que funcionan como “comisiones especializadas” en estrecha relación con los intereses de los sectores empresariales. En este mismo sentido, se debe entender la apelación, repetida constantemente por Hatoyama durante la campaña electoral, al control de la excesiva influencia de la burocracia civil (para tal objetivo ha nombrado a un ex burócrata, y por tanto experto conocedor de los entresijos de esta megaestructura estatal, como es Hirohisa Fuji como ministro de finanzas). La burocracia tradicionalmente a través de diversas disposiciones legislativas ha beneficiado a ciertos sectores empresariales. Éstos, a fin de perpetuar el sistema, han financiado a los partidos (recordemos que la ley permite a las empresas dar dinero a los partidos, pero no a los políticos ni a sus comités de apoyo) y financiar el retiro de los burócratas de élite en puestos bien remunerados (amakudari, 天下り, descender el cielo).

Existen varios motivos que permiten contemplar con escepticismo el calado de las transformaciones que pretende llevar a cabo Yukio Hatoyama:

  • Como el PLD, el PDJ se ha visto salpicado de casos de corrupción. En relación con esto, se ha de destacar la dimisión del que era líder del partido, Ichiro Ozawa, por un escándalo de financiación en el que se le acusaba de violar la ley de financiación. En concreto, se acusaba al comité de apoyo de Ozawa, dirigido por su secretario Takanori Okubo, de haber recibido donaciones por 35 millones de yenes (266.259 euros) de dos lobbies de la construcción (uno de ellos la constructora Nishimatsu). Por otra parte, el propio Y. Hatoyama se enfrenta a un escándalo de falsas donaciones relacionadas con un fondo de financiación política (el Yuai Seikei Konwa-Kai: Asociación Fraternal de Política y Economía), en la que figuraban noventa identidades falsas, entre ellas las de algunos difuntos. Hatoyama admitió el 30 de junio la existencia de estos datos falsos entre 2005 y 2008, lo que podría afectar  a una cantidad de 21’77 millones de yenes (165.648 euros).

 

  • El PDJ ha venido reclutando a antiguos burócratas de las élites ministeriales, banqueros de las firmas más poderosas de la capital, una nueva generación de jóvenes tecnócratas que refuerzan la orientación neoliberal de partido (erigido sobre Ichiro Ozawa).
  • Y. Hatoyama perpetúa la trayectoria familiar de las dinastías políticas en Japón. Educado en EEUU, Hatoyama es nieto de Ichiro Hatoyama (primer ministro en el periodo de 1954-56) e hijo de Ichiro Hatoyama (ministro de asuntos exteriores durante el periodo de 1976-77). Hatoyama comenzó su carrera política al ser elegido en 1986 en la circunscripción de la isla septentrional de Hokaido, donde su familia poseía propiedades. Contrariamente a su hermano Kunio, que ha ocupado carteras ministeriales con el PLD (dimitió en junio de 2008 como ministro de Interior), Y. Hatoyama rompió con su familia política en 1993, al abandonar la formación y fundar tres años después el PDJ con otros disidentes.

 

 

Contexto Internacional

 

Son varios los acontecimientos de carácter internacional gestionados por el PLD, que ha determinado la posición geoestratégica de Japón en el mundo, y que han generado una fuerte controversia entre la opinión pública japonesa:

  • El apoyo logístico japonés a la coalición ocupante liderada por EEUU en Afganistán debe enmarcarse en la estrategia norteamericana en la región de Asia Oriental y que pasa por el estímulo del nacionalismo y del rearme en el país del sol naciente.
  • Por otro lado, se ha suscitado una fuerte oposición social al llamado “pacto secreto” que permite a los barcos de EEUU entrar en territorio nipón con armas nucleares, violando la legislación local, pero con el beneplácito de la clase política.
  • En su vertiente económica, existe una oposición a un Acuerdo de Libre Comercio con Washington, pues tendría funestas consecuencias para la agricultura de Japón (sobre todo, en el sector arrocero).

Sobre todo ello ha incidido el PDJ, dando a entender que en un futuro cercano se asistirá a una reconsideración de las alianzas con EEUU (basada en el Tratado de Seguridad de 1952 entre Japón y EEUU), revisando algunos temas concretos:

  • La presencia de aproximadamente 47.000 soldados americanos en Japón (que supone cerca de 70. 000 millones de dólares de gasto).
  • La participación del ejército nipón en misiones en el extranjero (reduciendo el número de soldados a medio y largo plazo).
  • La población de Okinawa (al sur del país) que acoge a la mitad del continente americano, reclama la salida de los soldados de la base de Ginowan (宜野湾市) y se opone a la creación de nuevas bases.
  • No se renovará la misión y el apoyo logístico que la marina japonesa proporciona a la ofensiva ocupante liderada por EEUU en Afganistán.

 

Resulta de interés subrayar que uno de los temas fundamentales que se han puesto sobre la mesa en la formación de la coalición gubernamental con el NPP (国民新党 Kokumin Shintō) y con el PSD (社会民主党, Shakai Minshu-tō) ha sido la revisión de las relaciones con EEUU y, más en concreto, la retirada a finales de año de los buques japoneses en el Océano Índico que proveen de combustible al ejército norteamericano en la guerra de Afganistán.


Al respecto, se ha anunciado la creación de una comisión investigadora encargada de comprobar si existen o no tratados secretos entre Tokio y Washington (teniendo acceso a todos los archivos japoneses y más de 3600 expedientes, incluyendo los de la Embajada de Japón en Washington). Al parecer, existen por lo menos cuatro tratados secretos entre Estados Unidos y Japón sobre:

  • la ayuda logística que Japón prestaría a Estados Unidos en caso de guerra contra Corea.
  • las condiciones de alquiler y de restitución de las bases militares estadounidenses en Japón.
  • el uso de la base de Okinawa por parte de las fuerzas nucleares estadounidenses.
  • el tránsito de armas nucleares estadounidenses a través de Japón.

 

Paralelamente, la reorientación geoestratégica de Japón en la zona coincide con los esfuerzos de fortalecer la interdependencia entre los países asiáticos y la creación de una unida supranacional que equilibre a todos los niveles el liderazgo unipolar estadounidense. En este sentido, el primer ministro Yukio Hatoyama aboga, como una consecuencia en términos económicos y geoestratégicos de su filosofía centrada en la  “revolución fraternal”, por una moneda asiática que sustituya al dólar estadounidense como divisa global.

 

Frente a las crisis coyunturales de Japón con otros países asiáticos (por ejemplo, con China por la presencia en el país nipón (julio de 2009) de la lider uigur Rebiya Kadder, presidenta del Congreso Mundial Uigur en el exilio, el escándalo producido en China por la visita y ofrenda de Taro Aso en el Santuario de Yasukuni, donde están enterrados varios criminales de guerra, la tensión con Corea del Norte por el lanzamiento de misiles Taepodong o la disputa con Rusia por las islas Kuriles), subsiste una tendencia irreversible al establecimiento de colaboraciones más estrechas en la región de Asia Oriental (no olvidemos los movimientos de Japón y China en el Asean + 3) para enfrentarse al futuro más cercano con las suficientes garantías.

 

Tampoco hay que olvidar las específicas relaciones de Japón con Rusia que se ven mediatizadas por el conflicto territorial de las cuatro islas Kuriles del Sur. Japón reclama cuatro islas Kuriles del Sur (Iturup, Kunashir, Shikotan y Habomai) alegando el Tratado bilateral sobre comercio y fronteras de 1855. Según el documento, la frontera fue establecida entre las islas de Urup e Iturup y, de esta manera, las islas en cuestión fueron reconocidas como territorio japonés. Moscú y Tokio no logran firmar desde 1945  el tratado de paz debido al contencioso sobre las cuatro islas Kuriles del Sur. Terminada la Segunda Guerra Mundial, esas islas fueron traspasadas a la URSS en virtud de los acuerdos internacionales. Este aspecto es de vital importancia para la entrada de Japón en el desarrollo económico de Siberia, zona de especial interés para Rusia. De este modo, la inauguración, en febrero de 2009, de la primera fábrica de gas natural licuado (GNL) en la isla de Sajalin, no sólo propicia el intento de Japón por escapar de su dependencia energética de Oriente Medio (se trata del primer viaje de un mandatario japonés a Sajalin desde la Segunda Guerra Mundial, cuando Tokio ocupó el vecino archipiélago de las Kuriles, creando un conflicto territorial con Moscú que se remonta a 1945), sino que supone también un precedente fundamental para la mejora de las relaciones de estas dos potencias, tal y como lo ha subrayado el nuevo primer ministro Yukio Hatoyama.

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