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G.E.R. Lloyd: Adversaries and Authorities

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G. E. R. Lloyd: Adversaries and Authorities. Investigations into ancient Greek and Chinese Science. Cambridge: Cambridge University Press, 1996

Esta obra de G. E. R. Lloyd constituye, en realidad, una compilación de ensayos y confe-rencias que el autor, reconocido experto en cultura griega, ha llevado a cabo desde 1989 con la inestimable colaboración del sinólogo N. Sivin. De este fructífero trabajo conjunto resulta un análisis profundo, al margen de estridentes extravagancias y estereotipaciones forzadas, de ciertos ejes cognoscitivos pertenecientes a la cultura griega y china antiguas por los que cabría constatar, además de las distancias previsibles en cada tradición, ciertas semejanzas o afinidades localizadas en un contexto histórico concreto. Cierto es que, frente a la ingente materia de estudio potencial, el autor se inclina por centrar su atención sobre los campos de la astronomía, la matemática y la medicina. Sin embargo, esta delimitación del campo no evita los previsibles problemas metodológicos a los que un estudio comparativista de esta naturaleza debe enfrentarse. Lloyd es consciente de la necesidad de superar la perspectiva histórica descriptivista, frecuentemente atravesada por presunciones teleológicas, con la que se pretende pasar por alto las limitaciones que nos imponen las fuentes selectivas que se han conservado y la propia orientación ideológica en la gestión del proceso de transmisión (Cap. 1: Comparative studies and their problems: methodological preliminaries). En este escenario, el autor se esfuerza en poner énfasis sobre dos medidas precautorias que ponen en solfa la conformidad con generalizaciones inapropiadas. Por un lado, es importante recalcar la pluralidad interna de cada tradición proto-científica, tanto en Grecia como en China (y en relación a todos los campos citados con anterioridad). Por otra parte, la empresa de desarrollar una evaluación comparativa entre los diversos campos del saber en Grecia y China no debe dar por sentado (en este sentido el autor pone el ejemplo del concepto physis, central en la tradición filosófica griega pero sin equivalente estricto en la China Clásica) que las teorías o nociones objeto de estudio se encuentran dirigidas hacia las mismas cuestiones. Es por ello que, para Lloyd, resulta necesario ser lo más escrupulosos posible en la tarea de recontextualización de los materiales de los que se trata. “All of this means that the agenda that we set ourselves must-as we said-include (even if is not limited) the inquiry into the conditions under which knowledge, or what passed for it, was produced, and the conditions under which those who claimed to do producing worked” (p. 16).
Guiado por este espíritu critico y minucioso, el autor pasa a centrarse, en primer lugar, en la respuesta, a nivel individual e institucional, que la ciencia griega china y griega han dado ante las referencias de autoridad cognoscitiva (
Cap. 2: Adversaries and Authorities). De este modo, Lloyd revisa aquella creencia generalizada asociada con la actitud hacia la autoridad y que se basaba en el realce de los contrastes entre el polémico agonismo griego y el conformismo irénico chino. Al hilo de ello, parece evidente que en los llamados “colegios” (hairesis) de filosofía y ciencia griegas existió una atmósfera de crítica intensa que armonizaba sin grandes problemas con la relativa profusión de destacadas figuras de autoridad (Euclides, Arquímedes, Hipócrates, Sócrates, Platón...). Paralelamente, en el seno de las familias (jia) chinas no faltan tampoco destacados autores de referencia (Zhuangzi, Laozi, Mo di, Zhuang zhou...) que son reconocidos, no a través de una pugna en la crítica, sino desde una posición de búsqueda de un espacio común entre diferentes corrientes que se remontan a una sabiduría más antigua. Con todo, este planteamiento, en opinión del autor, reviste serias limitaciones en varios aspectos. En primer lugar, existen textos donde se cuestiona el acercamiento laudatorio a los sabios (Hanfeizi, Lüshi Chunqiu). En segundo lugar, las relaciones entre los diferentes intelectuales chinos distaron de ser, en muchas ocasiones, armoniosas (recordemos la disputa entre Hui Shi y Gongsum Long, las divisiones dentro del confuncianismo descritas en el Hanfeizi o el profundo desencuentro en torno a la naturaleza humana entre Gaozi, Xunzi y Mencio. Por otra parte, la crítica en el campo de la matemática a los predecesores de Liu Hui o Zu Geng o, en el campo de la práctica médica, las posturas de Chunyu Yi). En tercer lugar, las tendencias sincréticas no fueron exclusivas de la tradición sapiencial china sino que también se dieron en la Grecia del periodo helenístico (con Galeno y, especialmente, con el intento neoplatónico de conciliar las teorías platónicas y aristotélicas). Llegados a este punto, G. E. R. Lloyd se lanza a sopesar el valor de las observaciones epistemológicas y metodológicas en China y Grecia (Cap. 3: Methodology, epistemology and their uses), a la vez que estudia la dimensión persuasiva de todo trabajo científico en este contexto (Cap. 4: The techniques of persuasión). Partiendo de las implicaciones epistémicas derivadas del concepto methodos (manejado originalmente por Euclides y, más tarde, por Arquímedes) el autor hace un recorrido sintético por las discusiones sobre los procedimientos metodológicos dentro de la matemática griega (sin perder de vista las orientaciones demostrativas de Platón y Aristóteles: apodeixis, apodeiknumi), incluyendo también las referencias arraigadas en la ciencia china (fa: modelo, shu: arte, método, dao: vía...), concretamente en los Nueve Capítulos (Zhoubi suanjing). “Thus both in China and in Greece, and in both mathematics and medicine, methodological statements have certain pragmatic and defensive roles. They are used to introduce and describe particular techniques in particular contexts (algorithms, or formulae of other types, or statements of the method to be used in medical diagnosis or treatment), and the introduction and description of a procedure easily shade into the validation and justification of its use (as in Liu Hui with the rewriting of algorithms) or the explanation of its status (Archimedes on his method)” (p. 71). Ahora bien, con independencia de la importancia de los procedimientos intraepistemológicos que impulsan el discurso científico, no es posible obviar el enorme poder persuasivo del retoricismo en el proceso de auto-legitimación científica. No hace falta decir que los contextos en los que se asientan las técnicas de persuasión difieren con cada tradición (China dirige su arte de la retórica al plano individual mientras que Grecia encuentra su acomodo en los espacios colectivos). En todo caso, la práctica y la teoría de la retórica griega descubre una singular contrapartida en los modos estratégicos de persuasión sobre el legislador cultivados en el Zhuanguoce y el Hanfeizi.
En este punto el trabajo de Lloyd adquiere un mayor nivel de precisión, en la medida en que no se limita a desentrañar el impacto externo del discurso científico, sino también a analizar las peculiares estructuras de racionalidad que cohesionan el modo de pensamiento en ambos contextos culturales. Así, Lloyd dedica un primer apartado a destacar la naturaleza de las inferencias en cada tradición científica. Mientras que los esfuerzos teóricos chinos propiciaron fundamentalmente el desarrollo de razonamientos basados en esquemas de correlaciones, en la Grecia antigua, a la luz del impacto en el desarrollo científico (con sus derivas en el campo legal) de los conceptos
aition, aitia y prophasis (Cap. 5 Causes and correlations), despuntó el modelo causalista. A ello contribuiría, sin duda alguna, la posición central que ocupa la taxonomía causalista aristotélica (causa material, formal, final y eficiente) y, por otro lado, los desarrollos reflexivos de la tradición estoica en torno al destino y al determinismo. Siguiendo esta línea de coherencia argumental, el autor no elude confrontarse con otro de los elementos distintivos de los modos de racionalidad básica que, por lo demás, tiene que ver con la relevancia de la dicotomía y la paridad conceptual como un eje conceptual estructurante del pensamiento (Cap. 6 Greek and Chinese dichotomies revisited). A pesar de que en Grecia existen ejemplos significativos de esta organización bivalente de las categorías clasificatorias básicas (véase Anaximandro, Empedocles...), es en China donde domina la existencia sistemática de oposiciones (yin y yang, las cinco fases wuxing) en mutua interdependencia y reciprocidad. Hay que remontarse, según N. Sivin, al periodo Han y, especialmente, a la teorización emprendida por Zou Yan y su escuela naturalista, para observar el ajuste trascendental entre este sistema de pensamiento y el orden cósmico, hecho clave en el definitivo proceso de legitimación del estado unificado QinHan. Muy diferente es la situación en Grecia, donde la diversidad en el uso epistemológico de opuestos, entre los que se encuentra la mutua interdependencia, no termina por socavar el ideal esencial de independencia del superior (principio fundamental para su noción de libertad, eleutheria).
Una vez que se ha aportado algo de luz a todas estas problemáticas latentes en los universos cognoscitivos chinos y griegos, Lloyd se adentra en el estudio del modo en que son interpretadas ideas clave dentro del pensamiento científico (
Cap. 7 Finite and infinite in Greece and China; Cap. 8 Heavenly harmonies; Cap. 9 The politics of the body). En primer lugar, parece evidente que los griegos entendieron de forma diferente el concepto infinito que los chinos. Hay que tener en cuenta que existen una pluralidad de posiciones en torno a este tema como resultado de su exploración dialéctica de ideas abstractas (por ejemplo, los atomistas y los estoicistas, por un lado, y Platón, Aristóteles o, en el campo de las matemáticas, Eudoxio por el otro). Algo muy diferente de lo que es entendido en China, según se desprende de lo expresado a este respecto en los comentarios de Liu Hui en Los Nueve Capítulos, obra paradigmática seleccionada por Lloyd, al mantener planteamientos que se oponen al estilo de demostración axiomática-deductiva propia de la tradición euclídea. En el campo de los estudios celestes, la clásica diferenciación china entre li fa (estudios de calendario) y el tian wen (estudio cualitativo de los fenómenos celestes, cosmografía, etc.) sirve como vía de análisis referencial de las divergencias existentes entre las dos tradiciones. Por un lado, es importante resaltar que el calendario, frente a la posición griega, fue de especial trascendencia para legitimar el papel del emperador como responsable en el mantenimiento del orden y la armonía entre el cielo y la tierra. Sin embargo, la mayor distancia entre ambas tradiciones se descubre en la predicción astrológica que, en el caso de los griegos, sirve para comprobar y presagiar la fortuna individual, toda vez que en China se perfecciona este arte con el objeto de auspiciar el bienestar del imperio. Precisamente, como proyección analógica de los cielos, el cuerpo, al que el autor dedica un breve apartado, ofrece ramificaciones diversas que quedan expresadas paradigmáticamente en la coordinación funcional del Lüshi Chunqiu y del Huangdi neijing en contraposición a las estructuras anatómicas griegas.
Llegados a este punto, el autor da término al libro tratando de dar respuesta a tres cuestiones básicas, lo que dará lugar otras tantas conclusiones elementales (
Cap. 10 Science in antiquity: the Greek and Chinese cases and their relevance to the problems of cultura and cognition):
- Debemos concluir que las tradiciones científicas griegas y chinas difieren en aspectos cruciales en lo que respecta a los objetivos y preocupaciones, a los métodos y estilos de razonamiento.
- Debemos buscar en ello un origen multicausal (causas geográficas, políticas, sociales, culturales...).
- Frente a la idea de invariantes culturales existen, en definitiva, diferencias en las cuestiones presentadas y en las respuestas elegidas para estructurar la comprensión del mundo.
The Chinese, as we have seen, produced sophisticated mathematics, astronomy, medicine, cosmology, without an obsession with certainty, with foundations, with axiomatisation, without the models of confrontational debate that were provided by the Greek political assemblies and law-courts, and without the fondness for a further notion reflected in, and maybe stimulated by, Greek political practice, namely that of the radical revisability of basic assumptions. But the Greeks, for their part, developed their-different- styles of inquiry without a deep sense of political cohesion such as is exemplified in China, without a clear perception of what science could contribute to such a cohesion, and without the guiding idea that what counted was not the ability to give an account, let alone to win an argument, but the ideal of the sage as the living embodiment of wisdom, not logos, but the Dao. But both logos and Dao offered prospects, and-as I hope to have indicated- interestingly different ones, for the transformation of cognitive capabilities”.
A modo de introducción en la materia: Lloyd, G. E. R. 2006,
Ancient Worlds, Modern Reflections: Philosophical Perspectives on Greek and Chinese Science and Culture; Lloyd, G. E. R. & Sivin, N. 2003, The Way and the Word: Science an Medicine in Early China and Greece; Shankman, S. 2002, Early China/Ancient Greece: Thinking Through Comparisons; West, M. L. 1971, Early Greek Philosophy and the Orient.

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