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David R. McCann: Early Korean Literature: Selections and Introductions

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David R. McCann: Early Korean Literature: Selections and Introductions. Columbia University Press, New York, 2000

La obra de David R. McCann (Director del Korea Institute de la Universidad de Harvard) constituye un introito de gran valor por cuanto nos introduce en un campo casi desconocido como es la historia de la literatura coreana. Lejos de ser un gran manual técnico, este trabajo, breve y ameno, cumple con creces su función propedéutica sobre uno de los ramales de la cultura coreana, al estar estructurado varias partes claramente diferencias pero no menos complementarias. Si en la primera parte podemos conocer sumariamente la historia de la literatura coreana hasta el siglo XIX, apoyado de modo ejemplar con una antología seleccionada de textos clásicos, en la segunda parte del libro el autor analiza cierto procesos de conformación poético-literaria de las transformaciones políticas.
Esta peculiar ordenación de la obra nos da pistas sobre la peculiar aproximación del autor al hecho literario coreano. En primer lugar, se da por sentado que la literatura puede ser un modo viable de penetrar en otros campos de estudio periféricos, en la medida en que tanto los poemas como los escritos literarios son síntesis de negociaciones estéticas, culturales y políticas. En el caso de la literatura coreana esta premisa resulta, si cabe, más significativa puesto que, con anterioridad al siglo veinte, la literatura coreana (incluso cuando se escribe en lenguaje coreano) se encuentra históricamente condicionada por el poderoso eje cultural chino.
Hechas estas observaciones previas, el autor se lanza a esbozar un recorrido genérico a través de la historia de la literatura coreana desde sus inicios fundacionales. Al hilo de ello, cabe mencionar una constante en la literatura coreana, que se remonta a los periodos que anteceden al siglo XV y que llega hasta el siglo XIX, asociada a la preeminencia de la cultura china en la traducción de textos y en el uso de caracteres chinos. Desde un punto de vista formal, esta tendencia concluye a finales del siglo XIX con la abolición del sistema estatal de examen, basado en el magisterio de los materiales chinos, y, poco después, en 1919, con la propagación febril de lo sentimientos nacionales que acompañan a los movimientos en pro de la independencia del uno de marzo. En todo caso, la afluencia creciente de obras en coreano se vio interrumpida con la ocupación colonial japonesa (1910-1945), cuando gran cantidad de textos literarios pasaron a escribirse en japonés (Yi Sang, fue un de los más importantes escritores modernistas que publicó en el idioma nipón).
Mas, volviendo a los orígenes primitivos de la historia literaria coreana, cabe apuntar la casi inexistencia de referencias literarias autóctonas antes del reino de Silla (668-918). Todo lo más, algunas canciones antiguas recogidas en el
Samguk Sagi (Crónicas de los tres reinos) y canciones históricas como las de tan’gun, fundador legendario del pueblo coreano cuya tumba se ha descubierto recientemente en las proximidades P’yongyan en Corea del Norte, de cuya importancia da cuenta la influencia ejercida en textos centrales (Samguk sagi de Kim Pu-sik’s, la Historia de los tres reinos (1145), y el Samguk yusa del monje Iryon’s).
De hecho, se podría considerar que el estilo narrativo durante el periodo Silla se encuentra representado de modo paradigmático por
Samguk yusa. No obstante, se daría una imagen distorsionada del horizonte literario coreano de aquella etapa si no se incluyese también Haedong Kosung Chon (Cuentos de monjes eminentes coreanos, 1215) y, por supuesto, las referencias de los poetas Silla incluidos en diversos clásicos chinos y japoneses (Quan Tang shi, 1705). Por lo demás, el más notable género literario en tiempos de Silla es el que corresponde a las canciones llamadas hyangga, donde se incluyen, a través de la representación por medio de los caracteres chinos del lenguaje coreano, canciones de naturaleza folclórica.
Más allá, en la época Koryo (918-1392) se produce una profundización de los esquemas literarios coreanos y una multiplicación de otras líneas estilísticas. Por un lado, la tradición
hyangga continuó en el periodo Koryo, a través de figuras destacadas como Kyunyo (la serie de once himnos devocionales, 923-973), el monje Chinul (1128-1210) y Hyesim (poemas chinos sobre elson-Zen-1178-1234). Asimismo, los géneros literarios Koryo también incluyeron abundantes colecciones de historias fantásticas como el Sui Chon, poemas sobre la historia de Corea (poema dedicado al rey Tongmyong, Tongmyongwang p’yon), biografías, autobiografías y escritos de literatos como Yi IL-lo (1152-1220). Desde otros presupuestos, el Akchang Kasa (palabras para Akchang, s. XVI) incluye cuentos populares, leyendas e historias que se remontan a esa época. Es necesario advertir que Koryo estableció, en 958, un servicio civil de examen estatal que se basaban en materiales literarios, filosóficos e históricos chinos (en este estilo destacan: Ch’oe Ch’ung, Kim Hwang-won, Yi Kyu-bo...), de ahí la importancia otorgada a la poesía shi y fu.
El ambiente de gran creatividad se ve intensificado hasta cotas nunca alcanzadas durante los doscientos primeros años de la dinastía Choson, desde su inicio en 1392 hasta la desastrosa invasión de Hideyoshi en 1598. Por un lado, se cultiva asiduamente en diversas obras, en especial en aquellas orientadas a la representación de las ceremonias de estado, en la estructura versicular
Akchang que puede hallarse en obras tan emblemáticas como Yongbi och’on Ka (Canción de los dragones volando hacia el Cielo) o, incluso en algunas de las composiciones elaboradas por el propio Sejong (Worin ch’on’gang chi kok, La luz de la Luna sobre las diez mil aguas). Por otro lado y en esa misma época se perfecciona el desarrollo artístico de otras modalidades de verso. A modo de ejemplo, cabe destacar el sijo, aplicado a la composición musical, y los poemas en forma kasa (de mayor extensión que el sijo). Con todo, no dejaron de tener su poderosa influencia los escritos chinos (en su estructuración shi y fu), a la vez que sobresalían ensayos críticos como los de So Ko-jong (Tongin Silva) en el que se explora los méritos de la poesía clásica china y coreana o, desde otro enfoque diferente, los cuentos de fantasmas de Kim Si-sup (1435-1493), que alcanzaron gran fama y popularidad no sólo en Corea sino en el mismísimo Japón.
Pero, lo realmente decisivo en este periodo es, sin duda alguna, la promulgación por parte de Sejong (1418-1450) de un nuevo alfabeto fonético, conocido como
han’gul, que, entre otros efectos de gran calado, permitirá la difusión de una gran diversidad de obras literarias a un mayor espectro de la sociedad coreana, desde las clases altas yangbang hasta otros estratos sociales menos privilegiados. Esta circunstancia se produjo en la segunda etapa de la dinastía Choson, desde el fin de la invasión japonesa hasta el declive definitivo de la dinastía misma en 1910. De hecho, en la medida en que la literatura encontró resquicios para penetrar en amplias capas de la sociedad coreana también logró un importante impacto en las estructura filosófica con la que se concibe la realidad, abandonando progresivamente aquellos temas revestidos de un aura idealizada para pasar a tratar aquellas preocupaciones más pegadas a ras de suelo y a la vida cotidiana de los coreanos. Así, no parece casual que la corriente filosófica Sirhak, ligada al conocimiento práctico, acabase de introducirse en los círculos literarios, artísticos y científicos. De ahí que, para el autor, la literatura coreana experimenta una evolución realmente substancial en el intervalo que va desde las primeras décadas del siglo XVIII hasta el fin del s. XX (con la excepción de la ocupación japonesas (1910-1945) y la ocupación militar extranjera (1945-1948). Si en el s. XVII destacan varios escritores que cultivan desde temáticas epopéyicas (Park IL-lo), criticas contra ciertas políticas del estado (Ho Kyun), fantasías budistas (Kim Man-jung) o, simplemente, historias bucólicas y serenas de pescadores (Yun Son-do), en el s. XVIII nos encontramos con una mayor atención sobre la vida coreana (Yi Tong-mu, Yu Tuk-kong, Pak Che-ga, Yi So-gu...). Ahora bien, el siglo XIX, con la abolición en 1894 del sistema estatal de examen, es visto por la gran mayoría de estudiosos como un periodo de declive en la literatura coreana, al acabar extinta definitivamente las obras escritas en chino, mientras que algunos críticos han querido ver en el siglo XIX una continuación de las formas, estilos y temas que comenzaron en los albores del siglo XVIII.
Ahora bien, del modo en que D. McCann se aproxima al fenómeno literario, dando entrada a factores de índole sociopolíticos, se desprende, en opinión de Robert Fouser, un papel sumamente provocativo del papel que ejerce la noción de “cultura literaria” en la historia de la literatura coreana, algo a lo que el autor dedica algún espacio en la segunda parte de su obra. "
I have continued to find the concept of literary culture intriguing. It is a human ecosystem, with finite resources, patterns of use and distribution, tension between the haves and have-nots; a monetary system, with discrete entities having certain ascribed values, where perhaps a little something in Korean might be exchanged for something else entirely in Chinese; but above all, a cultural system through which contending, competing, sometimes complementary forces interact" (pp. 99-100). Más en concreto, la cultura literaria es un producto de la negociación en general que adquiere matices más singulares en clara relación con el contexto en que se produzca. "Written works summarize and inscribe previous and ongoing negotiations about subjects or events that may or may not appear in them; they ascribe meanings to events and names; they claim the authority to produce and to be a written record" (p. xii). Esta es la razón de que en esta sección del libro se haga un diferentes análisis de obras paradigmáticas de la literatura coreana (Ch'ôyong and Manghae Temple, Songs of Dragons Flying to Heaven, and Performance and Korean sijo Verse) a partir de la particular articulación que adopta los procesos negociadores como movilizadores de valores preeminentes y como espacios canalizadores de las relaciones de poder hegemónicas (Literary Negotiation, Negotiating History, Negotiating difference). En suma, se trata de una obra cuya relevancia central no descansa de modo exclusivo en constituir como hemos señalado al principio, una adecuada guía para aquel que desconoce la historia de la literatura coreana, tan desconocida aún para el occidental, sino que incorpora, además, una perspectiva analítica que bien podría aplicarse, como un instrumento heurístico clave, a los estudios del fenómeno literario en otras culturas más cercanas.
A modo de introducción en la materia: Lee, P. H. 1981,
Anthology of Korean Literature from Early Times to the Nineteenth Century; Kichung Kim 1996, An Introduction to Classical Korean Literature: From Hyangga to Pansori; : Lee, P. H. 2002, The Columbia Anthology of Traditional Korean Poetry; Chung Chong-Wha 1989, Korean Classical Literature. An Anthology.


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