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Athanasius Kircher:China Monumentis Illustrata

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ATHANASIUS KIRCHER Y LA CHINA MONUMENTIS ILLUSTRATA

EuskadiAsia / Bien pudiera parecer extraño o inadecuado entender la contribución histórica de A. Kircher (1602-1680) en el conocimiento occidental de China como la propia de un pionero. Entre otras razones, porque, pese a que en su juventud solicitó, con escaso éxito por cierto, ser enviado a China como misionero, el material compendiado en su monumental obra (China monumentis qua sacris profanis, nec non variis naturae et artis spectaculis, aliarumque rerum memorabilium argumentis illustrata, Amsterdam, 1667) proviene de significativas obras que se ocupan en aquel periodo de la misteriosa realidad china (N. Trigault, M. Martini, M. Ricci, A. Semedo, M. Boym) y, por supuesto, del material proporcionado por otros padres de la Compañía de Jesús que, en este caso, habían tomado contacto directo con las remotas tierras del hemisferio oriental. Con todo, su papel en los estudios del momento sobre China resulta del todo incuestionable debido a su extraordinaria capacidad para sintetizar, en consonancia con los objetivos señalados en el prefacio de su obra, la ingente información producida por los jesuitas. De este modo, más allá de las posturas sumamente críticas de sus adversarios (H. Oldenburg, secretario de la Royal Society, llegó a calificar las obras de Kircher como masivas enciclopedias con una gran falta de discriminación), la China Illustrata de Kircher se convirtió en la más popular referencia occidental sobre China del siglo XVII (1).



Es cierto que la fecha de aparición del tratado de Kircher viene a coincidir con una coyuntura geoestratégica harto propicia para los jesuitas en este campo. Por un lado, las inquietudes de los misioneros se centran por aquel tiempo (1668-1670) en China y en el Sureste de Asia. Baste recordar tan sólo que, durante esos años, los jesuitas recuperan una posición de poder en la corte de Peking y que los religiosos franceses adquieren protagonismo en Siam e Indochina (no es casual, pues, que F. S. Dalquié publicará en 1670 la traducción francesa de la obra de Kircher, junto con las cuestiones formuladas a J. Grueber por el Gran Duque de Toscana y un diccionario chino-francés). Por otra parte, en la
China Illustrata de Kircher late la indisimulada aspiración, reflejada en la labor intelectual jesuita y en las empresas misioneras, por culminar la extensión global del cristianismo en China, teniendo en cuenta las recientes heridas dejadas por el martirio de cristianos y misioneros en Japón (1614-1650).
Al mismo tiempo, la obra de Kircher nos da pistas sobre la geografía del conocimiento existente en la época y la estructuración de los flujos de información en torno a centros de conocimiento que funcionaban como escalas en las “redes de larga distancia” al unir Europa con China. En el fondo, el establecimiento de lejanos vínculos terrestres complementaba la interconexión de cosas, conceptos y ramas del saber desde el que cabía encumbrar el principio de la
polymathia o pansophia tan ensalzada en la grandiosa obra de Kircher y profundamente arraigada en la mentalidad europea del siglo XVII. En ese sentido, la Roma Católica, en la que residió Kircher durante cuarenta años, se destacó como un auténtico eje referencial en la transmisión del conocimiento chino, siendo el destino prioritario de las investigaciones de los misioneros jesuitas que fueron enviados a las remotas tierras del hemisferio oriental. A ello contribuyeron también los misioneros de origen italiano como A. Valignano, M. Ricci, N. Longobardo o F. Pasio, quienes fueron especialmente activos en desplegar una red epistolar que les puso en conexión con las más altas figuras europeas del momento. Tal circunstancia también permitió a Kircher tener acceso privilegiado a los informes que traían consigo los misioneros de Oriente, como Michael Boym (Flora sinensis, 1656) y Martino Martini (Novus atlas sinensis, 1655), Heinrich Roth (India) y Filippo Marini (Delle missioni de’ padri della Compagnia di Giesu nella provincia del Giappone, e particularmente di quella di Tumkinó, libri cinque -1663-Tonkín y Macao).



Entre sus fuentes están: el célebre padre Johann Adam Schall, personalidad enormemente significativa en la cultura china moderna; Bento de Goes, que en 1602 dejó Agra, en el norte de la India, a fin de hallar una ruta terrestre hacia China y descubrir el fabuloso reino de Cathay; Martino Martini, que fue discípulo de Kircher, y que como matemático en la corte imperial de China fue autor del importante Novus Atlas Sinensis (1655); y el trío de intrépidos exploradores Johann Grueber, Michael de Boym y Heinrich Roth, que regresaron a Roma en 1664. El viaje de regreso de Grueber duró tres años, visitó países como el Tibet, el territorio del Pakistán Moderno, Irán y Turquía, y dada su pericia en el arte del dibujo; proporcionó los originales de muchos de los grabados topográficos de la China. Boym aportó los de la flora y las transcripciones de los caracteres chinos. Roth, que viajaba con Grueber, compiló un diccionario de sánscrito del que también se sirvió kircher” (2).



Ciertamente, Kircher recibió testimonios directos de lo que acontecía en China a través de las visitas a Roma de Alvarez Semedo (
Imperio de la China. I cultura evangélica en él, por los religiosos de la Compañía de Iesus- Madrid, 1642-) y, una década más tarde (1650), de Martino Martini (ambos procuradores jesuitas de la viceprovincia de china). De igual manera, obtuvo también información de primera mano con la llegada de Michael Boym a requerimiento de Inocencio X (ante la crítica situación padecida por los cristianos convertidos de la corte Ming debida al nuevo orden impuesto por el régimen manchú) y, por supuesto, con las conversaciones con Giovanni Filippo de Marini, con Johann Grueber, Heinrich Roth, Peter Paul Godigny (procurador de la provincia de Malabar y rector del colegio jesuita en Conchinchina) y Juan Lopez (procurador para Filipinas). En suma, la China Illustrata de Kircher, convertida en paradigma emblemático de una Republica Litterarum occidental, dignificaba hasta el extremo las habilidades de los jesuitas como inigualables exploradores y geógrafos, sin que la gesta del famoso viajero Marco Polo pudiera hacerles sombra (3).



Ahora bien, las motivaciones presentes en la obra de Kircher no se circunscriben únicamente a los amplios espacios del universo chino sino que remiten a problemas irresueltos ligados a la cultura egipcia. Es más, la archiconocida comparación de los caracteres chinos con los jeroglíficos egipcios supone la culminación de la obra de Kircher acerca de Egipto, cuyo comienzo data del
Lingua Aegyptiaca restituta (1643) y continúa con Oedipus Aegyptiacus (1652-55). En tal sentido, del compendio de Kircher cabe inferir una estrecha vinculación con la tradición hermética renacentista pero, sobre todo, con el cariz que tomó esta corriente en el contexto de la Alemania de la primera mitad del siglo XVII (4). Con independencia de las refutaciones de naturaleza filológica, aportadas por Isaac Casaubon (1559-1616) en 1614, que descartan la pretendida antigüedad del corpus hermeticum (traducido por M. Ficino a cargo de Cosme de Medici en Villa Careggi) al fecharlo en el siglo II antes de Cristo, la adhesión incondicional de Kircher al hermetismo se refleja bien a las claras en su postura en torno al origen de la lengua china. Esta tradición tiene su origen en los supuestos escritos herméticos (atribuidos a Hermes Trismegisto) que pretendían exponer la sabiduría de los antiguos egipcios en los tiempos de Moisés. Pertenecen al movimiento místico y filosófico conocido como neoplatonismo, fundado por Plotino (205-270) y Proclo, y continuado por Porfirio (232-303).

En realidad, la coherencia evolutiva señalada por Kircher entre la escritura china y los jeroglíficos egipcios (emplazando a éstos en el origen) no es ni mucho menos novedosa. Ya en 1616, el padre Nicolas Trigault establece esa consideración en su De cristiana expeditione apud Sinas suscepta, ab Societate Jesu (Absburgo, 1615). Ante la creencia extendida de que la invención de los primitivos caracteres chinos correspondía a Fu Hsi (como mantiene M. Martini en su Sinicae historiae decas prima, 1659), A. Kircher invierte la relación defendida por Diego de Magalhães, que insiste en señalar la mayor antigüedad de los caracteres chinos en relación con los jeroglíficos egipcios, e identifica geográficamente el surgimiento de la escritura china en Egipto, con la emigración de Cam y sus descendientes. Parece evidente que en sus estudios en torno a los orígenes del pueblo y de la cultura china pesó sobremanera su irrefrenable fe en la Biblia. Tal hecho provocó, no sólo una intensa actividad creativa por parte de Kircher para descubrir semejanzas y lazos entre china y Egipto, sino también el desarrollo de una tesis argumental que aportase solidez a su teoría sobre el origen de la escritura china, a saber, que la cultura china procedía del Egipto postdiluviano. Pese a que en diferentes partes de la China Illustrata, como en el capítulo IV (pp. 223 y ss.), Kircher acertó a vislumbrar notables diferencias entre los ideogramas chinos y los jeroglíficos (que apuntan siempre a los “conceptos ideales”), en general su recurso a la consideración sobre la naturaleza idolátrica de la religión egipcia le sirvió para explicar las derivas politeístas asentadas en India y China. Porque, en definitiva, “los chinos no eran sino lejanos retoños del hijo de Noé, Cam, que ocupó el área egipcia” (5). Desde esta particular perspectiva, Kircher entiende que la ciencia adámica, lo que en un tono melancólico se llamaría prisca sapientia, pudo ser transmitida ininterrumpidamente hasta Noé. Esta ciencia evoca directamente los proyectos de recuperación de una lingua universalis que, en la época en la que escribe Kircher, encabezan autores como G. Dalgarno o G. W. Leibniz (de cuya vinculación con determinados campos del saber chino da cuenta la correspondencia con N. Longobardo) ya que apunta a la antigua y olvidada facultad del hombre de comunicarse directamente con los mundos espirituales por medio del lenguaje original o natural que, a causa del caos lingüístico de Babilonia, se ramificó en numerosas lenguas regionales. Después de que Dios permitió a Noé y a su familia sobrevivir al diluvio en su arca, los hijos de Noé comenzaron a poblar la tierra. Cam, maldito por su padre, colonizó Egipto y se convirtió en padre de la ciencia hermética como se encuentra en los antiguos textos. En este punto Kircher cultivó una medida ambigüedad que oscilaba entre una exaltación desmedida a la aportación cultural de Egipto y la firme anatematización de sus expresiones degeneradas ya que, de acuerdo con sus estudios genealógicos del hermetismo, era evidente que fue en las tierras regadas por el Nilo donde surgieron todas las desviaciones religiosas, como el politeísmo, la doctrina de la reencarnación, el culto a los ídolos y las prácticas de magia negra. Estas herejías se extendieron por aquellas partes del mundo que, en opinión de Kircher, fueron colonizadas por los descendientes de Cam, como la India, China, el Japón y las Américas. Partiendo de este contexto histórico Kircher se lanza a descifrar la escritura china cuya procedencia, al igual que los jeroglíficos egipcios, deriva de pictogramas formados con objetos naturales, ya sean hojas, espigas, peces, gusanos, pájaros, etc. El carácter figurativo de los ideogramas chinos antiguos se transformará, según Kircher, en una organización de líneas que, sin embargo, significan lo mismo que los anteriores ya que, de algún modo, la escritura china (como todas las demás lenguas) contiene los vestigios de sus antiguos caracteres (6).



La relectura en términos bíblicos que Kircher aplica al origen de la escritura china posee un significativo correlato en su postura ante las controversias acerca de las primeras presencias del cristianismo en China. Al respecto de ello, no hay duda de que, las noticias sobre el desenterramiento de una estela (1625) que los nestorianos habían erigido en la capital T’ang: Ch’ang-an, y que, al parecer, probaba que los misioneros llegaron por primera vez a China en el año 781 fue utilizado por Kircher como un fundamento sólido para su discurso apologético del cristianismo. La estela contenía una inscripción (escrita en chino y siriaco) de la que se hace eco Kircher en su
China Illustrata e incluye, información resumida de las creencias nestorianas, una descripción del advenimiento del cristianismo en Ch’ang-an en 636 y un listado de religiosos que habían servido a la iglesia y a los emperadores en Ch’ang-an (7). Con todo, la defensa del contenido de la inscripción por parte de Kircher no se remite a su verdad teológica sino que se dirige a su autenticidad textual. No obstante, el tratamiento de Kircher sobre las actividades de los cristianos en China le permite recoger desde los tradicionales mitos asociados a la empresa de proselitismo cristiano llevada a cabo por el evangelista Tomás en China -muchos misioneros creían todavía en aquel tiempo que Tomás, tras la dispersión de los apóstoles después de Pentecostés, había predicado el cristianismo no sólo en la costa de Malabar sino también en China- (8) hasta los informes de Boym sobre las conversiones en la corte de los Ming y las experiencias de Adam Schall en la era Ch’ing durante el periodo de Kang-hsi.



De esta manera, el cristianismo y, sobre todo, la cosmovisión elaborada por los jesuitas se convierte en un eje vector tanto para exponer incluso las rutas a china, sobre todo la seguida por Johann grueber y Albert d’Orville desde Agra a Peking, la estructura de la religión hindú y las costumbres de las provincia de la India (inspirada por la información de H. Roth, en la que también se incluyen el estudio de las diez transformaciones de Visnú y del sánscrito), una descripción detallada del Tíbet (debida a la contribución de J. Grueber, de la que destacan los primeros dibujos llegado a Occidente del Dalai Lama, del Potala y de Lhasa) e, incluso, el examen de los prodigios de la naturaleza en China. Al hilo de ello, Kircher, pese que habían sido considerados falsos e increíbles, extendió los relatos que, sobre las maravillas de la naturaleza, proporcionaron los jesuitas (9). Desde las barbas venenosas del Tigre indio, las propiedades de la Piedra de la Cobra, las virtudes de la Papaya o de la Hierba
Cia (el Té), el Arbor Paradisi, el Kagin, etc, sus descripciones realistas de la flora y fauna chinas se ven entremezcladas con las fabulaciones más extravagantes. Bien es cierto que su propensión a realizar evaluaciones comparativistas le llevan a establecer analogías entre, por ejemplo, las piedras del monte Queyu y las existentes en Calabria o entre las transformaciones de color de las rosas chinas y los efectos semejantes observados en el jardín del botánico Francisco Corvino con las violetas. Por otra parte, rechaza la existencia de tortugas aladas, gatos voladores (en los bosques Casmir del reino de Mogor), gallinas que producen lana (en el reino de Suchuen), pájaros nacidos de hojas y flores, etc.



En definitiva, la
China Illustrata de Kircher, pese a que hunde sus raíces en cierta herencia literaria europea en la que se incardinan arquetipos fantásticos de reminiscencia clásica y medieval sobre el exotismo oriental, representa, a su vez, la suma quintaesencial de la actividad científica desarrollada por los jesuitas. Enclavado entre un pasado de nebulosas mitologizaciones y un futuro atravesado de profundos desencuentros, la obra de Kircher, además de suponer uno de los tratados más influyentes para la posteridad, debe también ser considerada una de las más audaces tentativas occidentales de la época en el desciframiento de la misteriosa lejanía que alberga China.

Información relacionada con la China Illustrata

El índice general que estructura la
China Illustrata de Athanasius Kircher es el siguiente:

China Monumentis
Athanasius Kircher

1667
China monumentis, qua sacris quà profanis, nec non variis naturae & artis spectaculis, aliarumque rerum memorabilium argumentis illustrata

Dedicatio
Proomium ad Lectorem
Index Capitum
Index Figurarum

Pars Prima . Monumenti Syro-Sinici interpretatio
• Cap. I. Causa & occasio hujus Operis
• Cap. II. Monumenti Sinico-Chaldæi ante mille circiter annos ab Euangelicis Christianæ Legis propagatoribus, in quodam Chinæ Regno, quod Ximsi dicitur, erecti, & anno tandem 1625, primum insigni Christianæ Legis emolumento detecti, fida, sincera, & verbalis Interpretatio
• Cap. III. De triplici Interpretatione Lapidis seu Monumenti Syro-Sinici
• Cap. IV. De Cruce in supremo Lapidis apice incisa
• Cap. V. De Articulis sidei cæterisque cerimoniis & ritibus in monumento contentis

Pars Secunda. de variis Itineribus in Chinam susceptis
• Cap. I. Quâratione, & à quibus, quibusque Itineribus, diversis temporibus, Sacrosanctum Christi Evangelium in ultimas Orientis Regiones, Indiam, Tartariam, Chinam, cæterasque Aliæ Regiones fuerit illatum
• Chap. II. De propagatione Euangelii per S. Thomom Apostolum ejusque successores in universas Afiæ Orientalis Regiones facta
• Cap. III. De Catajo ejusque proproio & genuino situ
• Cap. IV. De vario habitu, moribus & consuetudinibus nominum illorum Regnorum, per quæ cicti Patres Albertus Dorville & P. Gruberus transeuntes observârunt, depinxeruntque
• Cap. V. De Mogorum sive Mogulum Regno, ejusque rebus memoratu dignis, unà cum variis Iteineribus in illudex India & China, velex illo in Europym quâ confectis, quâ conficiendis
• Cap. VI. Iter à Marco Paulo Veneto & Haythone Armeno in Catajam sive Sinas sonfectum
• Cap. VII. De Christianæ fidei in dicta Tartariæ & Catay Regna per jam exposita itinera introductione
• Cap. VIII. Ultima fidei Christianæ in Chinam introductio
• Cap. IX. Ce Correctione Calendarii Sinici, & quanta inde bona emerserint, & de habitu Regum Sinesium, Fæminarum Regiarum, & PP.NN
• Cap. X. De modo, quo in conversione Sinensum N.N.P.P. procedere solent

Pars Tertia. De Idololatria ex Occidente primùm in Persidem, Indiam, ac deinde in ultimas Orientis, Tartariæ, Chinæ, Iaponiæ Regiones succesivâ propagatione introducta.
• Præfatio
• Cap. I. De Sinensium Idololatria
• Cap. II. Japoniorum & Tartarorum Idololatria Sinicæ parallela
• Cap. III . De Indorum Idololatria Sinicæ parallela
• Cap. IV. De Brachmanum institutis, & quomodo per Brachmanes superstitio Ægyptiorum, quave occasione in persiam, Indiam, & ultimum Orientis Sinarum Japoniorum que Regnum, successu temporis propagata fuerit
• Cap. V. De ridicula Brachmanum Religione circa hominum originem
• Cap. VI. de alia fabulosa droctrina Brachmanum, & est, de decem Incarnationibus Dei, quas Gentiles Indiani extra & intra Gengem credunt
• Cap. VII. De Literis Brachmanum

Pars Quarta. China curiosis Naturæ & Artis miraculis illustrata.
• Cap. I. De mirabili situ Chinæ, ejusque Politica vivendi ratione
• Cap. II. De mirabili situ Chinæ, ejusque Politica vivendi ratione
• Cap. III. De Urbibus Chinæ, Incolarumque moribus
• Cap. IV. De Monibus Chinæ, stupendisque Naturæ, quæ in iis observantur, Prodigiis
• Cap. V. De Lacuum, Fluminum, Fontium admirandis
• Cap. VI. De Exoticis Chinæ plantis
• Cap. VII. De Exoticis Chinæ Animalibus
• Cap. VIII. De certis quibusdam Volucribus, extra Chinam invisis
• Cap. IX. De Piscibus maris & fluminum Sinensium
• Cap. X. De Serpentibus Chinæ
• Cap. XI. De Lapidum Mineraliumque in China admirandis

Pars Quinta. De Architactonica eæterisque Mechanicis artibus Sinensium.
• Præfatio
• Cap. I. De Pontibus, reliquesque Sinensium Fabricis

Pars Sexta. De Sinensium Literatura
• Cap.I. Characteres Hieroglyphici Sinensium
• Cap. II. Veterum Sinicoarum Characterum Anatomia
• Cap. III. Characterum antiuissimorum Chinensium explicatio
• Cap. IV. differentia inter Sinenses & Hieroglyphicos Ægyptiorum Characteres.
• Cap. V. Et ultimum

Conclusio operis
Index Rerum et Locorum Memorabilium.

En
Internet existen diversas páginas web que permiten acceder a la práctica totalidad de los escritos de A. Kircher en general y, especialmente, al material relativo al acercamiento de éste al mundo chino. Presentamos las de mayor relevancia.

Proyecto Athanasius Kircher / Athanasius Kircher Project de la Universidad de Stanford (The Athanasius Kircher Project at Stanford University, pagina creada por Michael John Gorman), donde se ha llevado a acabo la digitalización de un facsímil de la China Illustrata de Kircher perteneciente a los fondos bibliográficos de la Universidad de Stanford (se precisa descargar DjVu plugin).
http://kircher.stanford.edu/
En la misma página se incluye el proyecto de digitalización de toda la correspondencia de Athanasius Kircher (
The Correspondence of Athanasius Kircher), en colaboración con el Museo de la Historia de la Ciencia de Florencia, la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma y el Instituto Universitario Europeo de Florencia (se precisa utilizar LunaInsight).
http://archimede.imss.fi.it/kircher/

Kircherianum Virtuale constituye una magnífica página web (creada por Mats Rendel) que, en realidad, constituye un índice o base de datos en el que se muestran las referencias de sitios web más importantes dedicadas a la vida y a la obra de Athanasius Kircher.
http://www.phonurgia.se/rendel/cgi-bin/kircher/kircherianum1.cgi

Kircher Society (The Proceedings of Athanasius Kircher Society) de reciente formación, es una agrupación académica que desarrolla una labor orientada a la profundización en la filosofía de Kircher y que también se caracteriza por mantener en la modernidad el espíritu y los interés del jesuita alemán.
http://www.kirchersociety.org/blog/

ECHO.
European Continental Heritage Online. Página en la que se puede acceder a un facsímil digitalizado de la China Illustrata de A. Kircher.
http://echo.mpiwg-berlin.mpg.de/ECHOdocuView/ECHOzogiLib?url=http://echo.mpiwg-berlin.mpg.de/mpiwg/online/permanent/echo/china/kirch_monumenties_la_1667/index.meta&mode=texttool



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(1) “The variety of protocols for crediting reports of “strange facts” made as vulnerable to challenge as any other early modern natural philosopher, but the bizarre phenomena retailed in Kircher’s work proved to be notably less robust. It was no longer after Kircher’s death that the erudite Jesuit was transformed into the “prototype of the foolish polymath”, a charlatan unable to discern truth from fiction”.
Findlen, P (2004). Athanasius Kircher. The Last Man who knew everything. New York & London: Routledge, p. 384-85.
(2) Gómez de Liaño, I (2001). Athanasius Kircher. Itinerario del éxtasis o las imágenes de un saber universal. Madrid: Siruela, p. 163.
(3) “Kircher advertised the talents of Jesuits as explorers and geographers, showing how Jesuit findings clarified the cartographic contours of Asia that Marco Polo had left vague”.
Findlen, P (2004). Athanasius Kircher. The Last Man who knew everything. New York & London: Routledge, p. 368.
(4) Sobre todo, teniendo en cuenta la labor bibliográfica e Johann Theodore De Bry bajo el reinado de Federico V del Palatinado, la difusión por Alemania de los manifiestos de la Rosa-Cruz o “Christian Rosenkreutz”-publicado inicialmente en Casel (1614 / 1615), y las obras tan significativas dentro del hermetismo como las de Johann Valentin Andreae, Comenius, etc.
Gómez de Liaño, I (2001). Athanasius Kircher. Itinerario del éxtasis o las imágenes de un saber universal. Madrid: Siruela, p. 163.
(5) Gómez de Liaño, I (2001). Athanasius Kircher. Itinerario del éxtasis o las imágenes de un saber universal. Madrid: Siruela, p. 163.
(6) “Kircher lists and sketches sixteen forms of written characters with their modern equivalents, most of them ascribed to one of the ancient sage emperors. Several writers describe and illustrate the evolution of modern characters from their ancient forms. Navarrete observes that the modern forms date from the Han dynasty. Kircher and Magalhães also give clear, illustrated accounts of how complex characters had been developed by adding to a simple root of signific”.
Lach. D. F. & Van Kley (1998). E. J. Asia in the making of Europe. Volume III. A century of advance. Book four: East Asia. Chicago & London: The University of Chicago Press, pp. 1717-18.
(7) “Citing accounts of the Sino-Syrian monument’s rediscovery in 1625 from Semedo’s and Martini’s books on China, Kircher produced a barrage of eye-witness testimony and corroboratory evidence in order to properly interpret the stele’s inscriptions: a letter from Michael Boym (1612-59) describing the events surrounding the monument’s discovery; a transcription of its texts, made by Boym’s Chinese companion; Boym’s transliteration of each character’s pronunciation; and Boym’s word-for-word Latin translation”.
Findlen, P (2004). Athanasius Kircher. The Last Man who knew everything. New York & London: Routledge, p. 386.
(8) “Myths about the travels of Saint Thomas to the Americans began to increase in New Spain during the seventeenth century, but Kircher denied such a possibility, point-blank. He established that the earliest Christians to travel East would not have been Saint Thomas himself, but rather his descendants the Coptic monks”.
Findlen, P (2004). Athanasius Kircher. The Last Man who knew everything. New York & London: Routledge, p. 370.
“La cruz fue grabada milagrosamente con la sangre del Apóstol, en la piedra Calurmine, donde santo Tomás acostumbraba a hacer oración. Los caracteres que la circundan son “místicos”, “misteriosos de los bramanes”. Interpretación según Juan de Lucerna, que recoge Kircher: “Treinta años después de la publicación de la Ley cristiana en todos los confines del Universo, el Apóstol Santo Tomás murió en Meliapor el día 21 de diciembre, después de haber propagado el conocimiento de Dios por todos estos pueblos, después de haberles hecho cambiar de religión, después de haber, por consiguiente, destruido al demonio. Dios ha nacido de la Virgen María y ha vivido treinta años bajo su obediencia, aunque es Dios sin fin. Este Dios enseñaba la Ley a doce de estos Apóstoles, de los que uno ha venido portando un cayado en la mano. El Rey de Meliapor, de Coromandel y de Pandare, como también otros príncipes de diversas naciones y de diferentes sectas abrazaron al mismo tiempo (celosos los unos de los otros, con santa emulación) la doctrina que predicaba nuestro Santo Apóstol, después de que hubieron visto un prodigio asombroso. Por fin, llegó el tiempo en que un Brachmán tiñó sus manos con la sangre de Santo Tomás y por una crueldad absolutamente repugnante derramó la sangre del inocente, la cual sirvió a este Apóstol como materia para formar una cruz con su propia mano, quedando perfectamente grabada en la forma en que todavía se ve””.
Gómez de Liaño, I (2001). Athanasius Kircher. Itinerario del éxtasis o las imágenes de un saber universal. Madrid: Siruela, p. 162.
(9) “But on the whole, Kircher prefered to winnow the accounts that his Jesuit colleagues provided with a comparative sieve. In the section of the China devoted to “physical investigations concerning the rarer spectacles of nature”, Kircher set out to show that these purportedly rare sights were in fact not rare at all, throught a systematic comparison of marvelous asian phenomena with their European analogues”.
Findlen, P (2004). Athanasius Kircher. The Last Man who knew everything. New York & London: Routledge, pp. 390-91.

BIBLIOGRAFÍA
Burke, P (2002).
Historia social del conocimiento. De Gutenberg a Diderot. Barcelona: Paidós.
Findlen, P (2004).
Athanasius Kircher. The Last Man who knew everything. New York & London: Routledge.
Gómez de Liaño, I (2001).
Athanasius Kircher. Itinerario del éxtasis o las imágenes de un saber universal. Madrid: Siruela.
Lach. D. F. & Van Kley (1993). E. J.
Asia in the making of Europe. Volume III. A century of advance. Book one: Trade, Missions, Literature. Chicago & London: The University of Chicago Press.
Lach. D. F. & Van Kley (1998). E. J.
Asia in the making of Europe. Volume III. A century of advance. Book four: East Asia. Chicago & London: The University of Chicago Press.

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